Internacional
GEOPOLÍTICA

¿Se está consolidando el eje Irán–Rusia–China?

Rusia busca aliviar su aislamiento; Irán aspira a reforzar su posición regional y China prioriza la estabilidad

La guerra en Ucrania y el endurecimiento de sanciones occidentales contra Moscú han acelerado la aproximación entre Rusia e Irán. Ambos países, sometidos a presión económica, han intensificado su cooperación en materia energética y de defensa. El suministro de drones iraníes a Rusia y los acuerdos para intercambios tecnológicos y militares evidencian una relación que va más allá de la retórica diplomática.

China ocupa una posición diferente, pero complementaria. Pekín mantiene una relación estratégica con Moscú, basada en la coordinación política frente a Washington y en la cooperación energética a gran escala. Al mismo tiempo, ha profundizado sus lazos económicos con Irán, incluyendo acuerdos de inversión a largo plazo en infraestructuras y energía. Para China, Teherán representa un socio clave en su proyección hacia Oriente Medio y en la diversificación de suministros energéticos.

Sin embargo, hablar de un eje plenamente consolidado exige matices. No existe un tratado de defensa mutua ni una estructura institucional común. Cada actor persigue intereses propios: Rusia busca aliviar su aislamiento internacional; Irán aspira a reforzar su posición regional y reducir el impacto de las sanciones; China prioriza estabilidad y acceso a recursos sin comprometerse en conflictos abiertos.

El denominador común es la voluntad de contrarrestar la influencia occidental y promover un orden internacional más multipolar. Las maniobras militares conjuntas, la coordinación en foros internacionales y el comercio energético en monedas alternativas al dólar apuntan hacia una cooperación pragmática y creciente.

La consolidación de este eje dependerá de su capacidad para sostener intereses alineados a largo plazo. Las asimetrías económicas y las diferencias estratégicas podrían limitar su cohesión. No obstante, la presión externa y la competencia sistémica con Occidente actúan como elemento aglutinador.

Más que una alianza formal, lo que emerge es una convergencia estratégica flexible. Si esta coordinación se profundiza, podría redefinir equilibrios regionales y reforzar la fragmentación del sistema internacional en bloques con agendas propias.