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Hallazgo inaudito que reescribe la historia: el deshielo en Siberia saca a la luz un objeto con 2.300 años que lo cambia todo

Siberia
Siberia.
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El deshielo del permafrost en Siberia ha dejado al descubierto una bota de cuero de hace 2.300 años perfectamente conservada, la cual pertenecería a la cultura saka. Según Arkeonews, la bota procede de los kurganes de Pazyryk, antiguos túmulos funerarios situados en las montañas de Altái, donde, durante décadas, los investigadores han hallado rituales y objetos cotidianos de gran valor histórico. En este caso, más allá del elaborado diseño de la bota, la comunidad científica se muestra especialmente sorprendida por su estado de conservación.

Tras el enterramiento, las cámaras funerarias quedaron selladas bajo capas de piedra y tierra. Con el paso del tiempo, la filtración de agua y su posterior congelación crearon una «cápsula del tiempo» que protegió la bota de cuero y permitió que llegara hasta nuestros días en un estado «excepcional». De no encontrarse en un entorno tan inhóspito como Siberia, habría desaparecido en un periodo de tiempo relativamente corto.

La bota de cuero roja hallada en Siberia

Los historiadores datan la bota de hace 2.300 años, y todo apunta a que pertenecería a una mujer de alto estatus en una antigua sociedad nómada. El hallazgo tuvo lugar a mediados del siglo X durante excavaciones arqueológicas en los túmulos funerarios situados en las montañas del Altái; la bota se encontraba en el interior de una cámara funeraria de madera junto a otros objetos como armas, alimentos, joyas y prendas de vestir. En muchas culturas antiguas, los difuntos se enterraban con sus bienes más preciados para que les acompañaran en el viaje al más allá.

«Las tumbas era estructuras similares a pequeñas cabañas subterráneas donde el cuerpo se depositaba dentro de un ataúd de troncos junto con sus objetos personales. Tras el ritual funerario, la cámara se sellaba con varias capas de piedra y tierra. Con el paso del tiempo, el agua penetró en estos túmulos y se congeló debido al clima de la región. Este fenómeno creó una cámara de hielo natural que preservó materiales orgánicos durante siglos», explica National Geographic.

La pedrería en la suela del zapato de cuero ha despertado mucha curiosidad. Según los historiadores, los escitas solían socializar frente al fuego sentados de rodillas, lo que hacía que los detalles en la suela de sus zapatos fueran visibles y, por tanto, un elemento significativo del atuendo. Algunos expertos sugieren que la bota fue fabricada exclusivamente para el entierro.

Ahora, el calzado forma parte de la colección de antigüedades del Museo Hermitage en San Petersburgo, Rusia. Fundado en 1764, es el museo más grande del mundo por número de objetos expuestos y alberga la mayor colección de pintura del mundo, con más de 16.000 lienzos. Entre las obras expuestas se encuentran pinturas de maestros holandeses y franceses como Rembrandt, Rubens, Henri Matisse y Paul Gauguin. Asimismo, los edificios del Museo del Hermitage son uno de los principales conjuntos arquitectónicos del centro de San Petersburgo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Permafrost

Una de las principales razones por las que la bota se conservó en tan excepcional estado es el permafrost de las montañas Altai. En la mayoría de los climas, el cuero, los textiles y la madera se descomponen en cuestión de décadas. Sin embargo, en condiciones de congelación pueden permanecer intactos durante milenios.

La cámara funeraria congelada actuó como un congelador natural, protegiendo la forma, el color y los elementos decorativos de la bota. Dado que los objetos de épocas antiguas rara vez se conservan tan bien, el hallazgo se considera de gran valor para los arqueólogos que estudian las antiguas culturas euroasiáticas.

«El permafrost abarca 11 millones de kilómetros cuadrados de territorio ruso. Son suelos muy ricos, que contienen mucha materia orgánica y bacterias en estado vegetativo. Cuando el suelo se deshiela, estos microorganismos antiguos se despiertan y atacan a todo lo que no habían podido consumir antes, con lo cual liberan dióxido de carbono, si el suelo está seco, o metano, cuando está saturado de agua.

Nuestro permafrost contiene el doble de materia orgánica que el conjunto de la flora del planeta. La mayor parte, que equivale a mil gigatoneladas, se concentra en los tres primeros metros. Y tres metros se derriten muy pronto, entre tres y cinco años. Por eso el deshielo amenaza directamente el clima mundial. Genera gases de efecto invernadero, y el calentamiento climático resultante acelera a su vez el deshielo del permafrost. Es un ciclo muy difícil de frenar», alerta el científico ruso Sergey Zimov, según recoge la UNESCO.

Y añade: «Si el deshielo solo liberase dióxido de carbono, las emisiones del permafrost serían equivalentes a las generadas por el hombre. Pero una parte del gas enviado a la atmósfera, entre el 10 y el 20 %, es metano. Y como a corto plazo el efecto invernadero del metano es 80 veces más poderoso que el del CO2, en periodos cortos las consecuencias climáticas de la liberación de este gas pueden ser hasta cuatro veces más importantes que las causadas por las emisiones de dióxido de carbono».

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