Historia
Edad Media

Hallazgo histórico: así es como sobrevivían al invierno en la Edad Media sin utilizar calefacción

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Cuando pensamos en el invierno medieval, nos vienen a la mente imágenes que todos hemos visto en películas: castillos entre la bruma, nobles vestidos con pesadas capas… Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre lo que realmente significaba sobrevivir al frío entre los siglos V y XV. Sin chimeneas como las actuales, sin calefacción y, en muchos casos, sin ventanas, el frío era un enemigo que no entendía de clases sociales.  La historiadora Nuisia Raridi, experta en este periodo, explica que, durante la Edad Media, la mayoría de casas estaban construidas en madera, aunque también había algunas de piedra.

Las ventanas solían ser pequeñas y, en la mayoría de los hogares, carecían de cristales; el vidrio era un material caro, reservado principalmente para catedrales y palacios. En su lugar se utilizaban contraventanas de madera, telas gruesas o pergaminos tensados. Eso obligaba a «elegir entre dejar pasar algo de luz o protegerse del frío». La situación se complicaba aún más por la ausencia de chimeneas; el fuego se encendía directamente sobre el suelo, en el centro de la estancia principal.

¿Cómo sobrevivían al invierno en la Edad Media?

@nupost_ Alzi la mano chi a scuola stava così 🙋‍♀️ 📍 Fonti: A. e C. Frugoni, Storia di un giorno in una città medievale. C. Frugoni, A letto nel medioevo. A. Sarti, Vita in casa. Abitare, mangiare, vestire nell’epoca moderna. #medioevo #storiamedievale #storiamoderna #medievale #curiositachenonsapevi #impararecontiktok #cosechenonsai ♬ suono originale – Nuisia Raridi 🪶 Nu Post

«En la Edad Media hacía un frío terrible. No había cristales en las ventanas, ni radiadores, y las corrientes de aire se colaban por todas partes, a veces peor que en un edificio antiguo sin calefacción.

Las ventanas eran pequeñas y estaban cubiertas con telas, pergaminos o celosías, de modo que había que elegir entre dejar entrar la luz y el frío… o no dejar entrar ninguno de los dos. El vidrio era muy caro. Comenzó a utilizarse primero en las catedrales alrededor del siglo X y no llegó a las viviendas hasta el siglo XIII o XIV, y aun así solo estaba al alcance de los más ricos.

Hasta la Edad Moderna, las ventanas siguieron siendo diminutas y el vidrio, cuando lo había, era opaco y estaba formado por pequeñas piezas unidas con varillas de plomo. No se hacía por estética, sino porque fabricar una única placa grande de vidrio era extremadamente difícil.

Con las chimeneas ocurría algo parecido. No se generalizaron hasta los siglos XII o XIII. Probablemente fueron una invención italiana, ya que las primeras referencias aparecen en Venecia. Antes de eso, y durante buena parte de la Alta Edad Media, el fuego se encendía en el centro de la estancia y el humo salía por un agujero en el techo, por lo que las habitaciones estaban casi siempre llenas de humo.

Las chimeneas no existían en muchas casas, en parte porque las estructuras eran de madera y el riesgo de incendio era muy alto. Además, las viviendas estaban mal aisladas y llenas de corrientes de aire, especialmente por la noche, cuando no se podía mantener el fuego encendido por miedo a las chispas. Por eso se dormía con gorro.

Los más acomodados utilizaban camas con dosel, no por estética, sino por necesidad: las cortinas se cerraban para conservar el calor. También se colocaban alfombras en suelos y paredes, además de tapices y cortinas, que no solo decoraban las estancias de los aristócratas, sino que ayudaban a mantener el calor dentro».

En este contexto, uno de los principales refugios contra el frío era la cama. Durante la noche, muchas personas dormían con gorros de lana, ya que cubrir la cabeza ayudaba a mantener el color corporal, además de varias capas de ropa, pieles y mantas. En los palacios y los hogares más acomodados, las camas con dosel eran muy populares; las cortinas que rodeaban el lecho creaban una pequeña cámara de aire que retenía el calor y aislaba de las corrientes.

Más allá de la cama, las paredes también cumplían un papel funcional muy importante. Los tapices gruesos reducían la humedad que traspasaba la piedra y mitigaban el frío. En las casas más humildes, donde los tapices eran un lujo, se recurría a pieles de animales y cortinas pesadas colocadas estratégicamente en puertas y ventanas. En cuanto al suelo, que normalmente era de piedra o tierra apisonada, se cubría con juncos, paja o alfombras rudimentarias.

La alimentación también influía. Durante los meses más fríos del año, se tomaban guisos y sopas calientes que, además de aportar calor, también proporcionaban la energía necesaria para resistir las duras condiciones climáticas. Sin embargo, a pesar de todas estas estrategias, el invierno era uno de los mayores desafíos en la Edad Media. Hoy, desde la comodidad de nuestros hogares, resulta difícil imaginar aquellas noches de invierno en casas llenas de humo, con corrientes de aire y suelos helados.