El día que Churchill se escapó de una prisión enemiga como un espía de película
La escapada de Winston Churchill de una prisión enemiga es un relato que combina audacia, ingenio y una profunda convicción por la libertad.
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En 1899, muchos años antes de que se convirtiera en Primer Ministro de Inglaterra, el joven corresponsal Winston Churchill protagonizó una escena de película memorable: la fuga de un campo de prisioneros en Pretoria, en plena Guerra de los Bóers, que llegaría a ser legendaria.
Como si se tratase de un espía, Churchill logró huir caminando del campo de prisioneros, hasta abordar un tren cuyo destino ignoraba. Después varios días y sin apenas alimentarse, se baja en medio de la nada. Entre tanto, el enemigo estaba en su búsqueda. Si lo atrapaban, lo encerrarían de nuevo y quienes lo habían ayudado serían fusilados.
Winston Churchill y su participación en la Guerra de los Bóers
Las ansias bélicas del hijo de lord Randolph Churchill y sus habilidades periodísticas para escribir, llevaron a Winston Churchill a participar en diferentes campañas militares, incluyendo la guerra anglo-bóer. En este conflicto, las fuerzas británicas luchaban por someter a los estados del sur de África, dominados por los holandeses, para obtener sus riquezas.
Churchill llegó a la ciudad del Cabo en octubre de 1899, con una ayuda de cámara, un suministro de vinos finos y un contrato con el Morning Post por 250 libras al mes. Como no podía ser de otra manera, el joven periodista se lanzó directo a la acción, corriendo hacia Estcourt, un pequeño pueblo cerca del frente, vía Durban, que corría el peligro de ser aislado por los bóers.
Cuando Churchill iba en camino a impulsar el avance británico en Estcourt, junto a la expedición de Aylmer Haldane, el tren en el que se encontraba fue atacado por los bóers y acabó descarrilando. En medio de las balas y el fuego intenso, Churchill reunió los esfuerzos para tratar de despejar las vías y reparar la mitad de los vagones.
Pese a que el chofer estaba herido, el periodista británico logró convérselo para que partieran hacia Frere y así poner la locomotora con hombres heridos a bordo a salvo. Una vez allí, Churchill tomó el fusil de un soldado herido y corrió de vuelta a la batalla, pero fue capturado por los bóers.
La épica huida del campo de prisioneros en Pretoria
En lugar de ponerlo en un frente a un pelotón de fusilamiento, sus captores deciden trasladarlo a Pretoria, la capital de Transvaal, como prisionero de guerra. Se trataba de una escuela acondicionada como prisión, en la que también estaban recluidos 60 oficiales británicos, incluyendo al chofer del tren emboscado.
Churchill exigió su liberación alegando su condición de periodista, pero su identidad ya había quedado al descubierto. Ante la negativa de los bóers, Churchill decide fugarse junto con el capitán del tren y otro sargento. El plan era bastante sencillo: a través del techo de la letrina, saltarían el muro que da al exterior, luego recorrerían 450 kilómetros de territorio hostil hasta la frontera del África Oriental portuguesa.
Aprovechando el descuido de algunos centinelas, la noche del 12 de diciembre de 1899 Churchill saltó por las vallas de la prisión, ocultándose en unos arbustos. Mientras esperaba a sus compañeros, uno de ellos le advierte, desde el otro lado del muro, que la estricta vigilancia haría imposible la huida. Sin embargo, Churchill decide seguir adelante, dando inicio a una huida épica.
Sin conocer la lengua local y con sólo 75 libras esterlinas en el bolsillo, el joven corresponsal caminó hasta encontrar una línea ferroviaria, donde abordó clandestinamente un tren de carga. Al amanecer, saltó del tren, cerca de un pueblo minero, para luego emprender un largo viaje a pie en medio de bosques y caseríos, tratando de burlar a los gendarmes y la vigilancia de las estaciones.
Muerto de sed Churchill, toca la puerta de John Howard, un administrador británico de una mina de carbón de la zona. Con su ayuda, el joven periodista se sube nuevamente a un tren de carga con destino al puerto Lorenzo Marques, a casi 500 kilómetros de distancia.
Finalmente, al llegar al África Oriental Portuguesa, Churchill entró en el consulado británico cubierto de hollín y se presentó al cónsul, quien quedó atónito por su escape. Una vez libre de todo peligro, tomó un barco de regreso a Sudáfrica para reincorporarse a la lucha. Esta increíble hazaña le ayudó a catapultar su carrera política, al convertirse parlamentario con solo 25 años.
Conclusión
Aunque no se trató de una misión de espionaje en el sentido clásico, su valentía y determinación se asemejan a las hazañas de los espías más célebres de la ficción. Este episodio no solo nos ofrece un vistazo a la vida de uno de los líderes más influyentes del siglo XX, sino que también nos recuerda que la lucha por la libertad a menudo implica sacrificios extraordinarios y decisiones audaces.
Como vemos, la historia de Churchill sigue siendo una fuente de inspiración y un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la determinación y el ingenio pueden abrir caminos hacia la libertad.
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- Winston Churchill
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