Los podemitas también insultan a tu madre
Leo, señorías: “Los putos viejos que no salen de casa”, “cuándo se mueren los viejos que votan al PP”, “putos viejos, votan al PP”, “podemos echar al PP cuando todos los putos viejos fachas se mueran”, “me cago en la puta vida de todas las putas viejas y viejos que votan al PP”. Respiro, exhalo y cuando estoy algo más templado intento escribir.
No me gusta citar a los clásicos, entre otras muchas cosas, porque no tengo el verbo de Raúl del Pozo. Sin embargo, en esta ocasión —y no por pereza intelectual— me tengo que plegar ante el maestro Joyce y su Ulises, cuando en medio de una inabarcable conversación noctámbula y con querencia a la barra de un bar, hace que el veterano Bloom inquiera al joven Dedalus para que trabaje, haciéndole saber que valora su inteligencia irlandesa. Y ahí es cuando el joven Stephen arremete con su lapidaria frase: «Ya que no podemos cambiar el país, cambiemos de conversación».
En el reino del anonimato es tan fácil insultar, vejar y golpear verbalmente que los cobardes no cejan en su intento de justificar su derrota. Lo podríamos llamar “jóvenes contra viejos”, “estultos contra sabios” o, simplemente, “podemitas contra ciudadanos”. El Alcalde de Bolaños de Calaltrava lo tiene claro: “¡Deleznable! Estos insultos no son más que una intolerancia fascista”.
Y no solo tiene razón si no que con ganas instaría a que la Fiscalía actuase contra estos energúmenos, carentes de todo intelecto, y, sin embargo, me imagino que acabarían absueltos, Guillermo Zapata, el concejal de Manuela Carmena, que tras insultar a las víctimas del terrorismo, la justicia consideró que «en modo alguno —podía— lesionar la dignidad de las víctimas y no podía imaginar que pudiera humillar».
¿Y a nuestros mayores? ¿Quién los defiende? Son las personas que han mantenido este país, que han luchado contra el franquismo, que han llenado las arcas de las pensiones y que tantas otras cosas, han hecho por nosotros. ¿Tienen que soportar que unos de energúmenos morados les insulten? Yo a mi madre no la considero vieja. Mi venerable y anciana madre es sabia —vote lo que vote—, es leal —siempre está ahí—, es cordial —siempre intenta mediar— e, incluso, algo cursi cuando me quiere demostrar su amor. ¿Por qué cojones tengo que soportar que alguien la insulte? La verdad es que nunca le he preguntado lo que vota. ¿Pero y si vota al PP? Si de algo estoy seguro es que después de ver cómo tratan los cachorros de PODEMOS a las madres y los padres del resto del arco parlamentario, tampoco los votará a ellos.
Ya no podemos cambiar a algunos españoles, cambiemos de políticos y eduquemos a la siguiente generación para que, dentro de unos años, nos respeten y dejen de considerarnos putos viejos.
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