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REPORTAJE

El negocio redondo de la megadiscoteca okupa: sin licencias ni controles, pero con cartelería ‘antifascista’

El edificio desalojado en Carabanchel funcionaba como discoteca ilegal con equipamiento profesional

Lo que se vendía como un espacio de resistencia antifascista escondía una realidad muy diferente. Tras el desalojo del edificio de la madrileña calle Antonita Jiménez 60, OKDIARIO ha podido acceder al interior del que fuera el mayor centro okupa de Madrid, documentando las contradicciones, la propaganda y el negocio ilegal que se desarrollaba entre sus muros.

Lejos de la imagen de espacio cultural autogestionado, el edificio funcionaba como una auténtica discoteca profesional. Barras de bar equipadas, sistemas de sonido industrial, iluminación profesional y capacidad para cientos de personas cada fin de semana. Todo ello sin licencias, sin controles sanitarios, sin medidas de seguridad y, por supuesto, sin pagar un euro en impuestos.

Los fines de semana, entre 300 y 400 personas se congregaban en este local para asistir a fiestas que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada, generando molestias constantes al vecindario y convirtiendo la zona en un punto negro de conflictividad.

El negocio textil: hasta bragas usadas a la venta

Además del negocio de las fiestas, los okupas habían montado una tienda de ropa en el interior. Bañadores, sujetadores, bufandas y, según se ha podido comprobar, incluso «bragas usadas» formaban parte del catálogo de venta. Un negocio comercial en toda regla, funcionando sin ningún tipo de regulación ni control sanitario.

Pero quizás lo más inquietante del hallazgo ha sido la contradicción ideológica encontrada en el interior. Mientras el espacio se autodefinía como «antifascista» y exhibía consignas de «Madrid antifascista», los agentes han encontrado abundante cartelería de contenido claramente neonazi.

Esvásticas, propaganda de grupos de extrema derecha, carteles con mensajes como «Es muy jodido vivir bajo el judío» o material de organizaciones neofascistas convivían con la propaganda izquierdista. Material que incluía referencias a «Catalunya Joven Unida» y «Catalunya Blanca», propias de grupos de ultraderecha catalana.

«Ya que en este local antifascista tienen mucha cartelería nazi», constata la grabación del operativo, evidenciando una esquizofrenia ideológica difícil de explicar.

«Okupar para atacar»

En las paredes del local se podían leer proclamas contra el sistema democrático: «La democracia es una forma de gobierno y, por tanto, de dominación. La democracia es ley. La democracia es trabajo asalariado. La democracia es cárcel. La democracia es propiedad privada. La democracia es policía».

El texto continuaba describiendo al sistema democrático como responsable de «tortura, asesinato, represión y guerra en el orden del capitalismo y de los Estados». Todo ello en un país democrático que, paradójicamente, les había permitido okupar durante una década un edificio ajeno sin consecuencias inmediatas.

También exhibían el lema «Destruir para crear. Okupar para atacar», dejando claro que su objetivo no era simplemente disponer de un espacio para vivir, sino atacar el sistema desde dentro.

Material para la confrontación

Los manuales encontrados en el interior contenían instrucciones específicas sobre cómo okupar viviendas y cómo enfrentarse físicamente a la policía durante los desalojos. Material que evidencia que el espacio no era solo un lugar de «resistencia pacífica», sino un centro de formación para la acción directa y la confrontación violenta.

También se han encontrado vallas metálicas del tipo usado en manifestaciones, aparentemente sustraídas de actos públicos y almacenadas para su uso posterior. El estado del inmueble era ruinoso. Techos agrietados que amenazaban con derrumbarse, estructuras comprometidas, camas instaladas sobre suelos tan inestables que podían ceder en cualquier momento precipitando a sus ocupantes al piso inferior.

«Este edificio está en peligro, se puede caer en cualquier momento», advertían durante la inspección. Sin embargo, durante diez años nadie de los que frecuentaban el espacio pareció preocuparse por las condiciones de seguridad, poniendo en riesgo la vida de los cientos de personas que acudían cada fin de semana.

El final de un símbolo

Con el desalojo se pone fin no solo a una ocupación ilegal, sino a un símbolo de la okupación en Madrid. El edificio de Antonita Jiménez era conocido en los círculos radicales de toda España como referente de la «resistencia» urbana.

Ahora, el inmueble será demolido completamente. Las autoridades han confirmado que el edificio representa un peligro estructural inminente y que no puede permanecer en pie. El solar vacío será lo único que quede de diez años de ocupación, fiestas ilegales, propaganda contradictoria y desafío al Estado de derecho.