Aída Nízar retrata al ex alcalde de Mijas por su «corrupta» gestión de una urbanización en Marbella
Nízar asegura en el vídeo que el ex alcalde del PP, fuera de sí y con muy malas formas, le dijo que le iba "a dar una hostia"
La reportera Aída Nízar ha vuelto a plantar cara a su enemigo público número uno, el ex alcalde de Mijas Ángel Nozal y su pareja, la holandesa Michelle van Gaalen, dueña de la empresa de administración de fincas Servicios Alcántara. En las imágenes de este vídeo, al que ha tenido acceso OKDIARIO, Nízar, que lleva un año denunciado la «corrupta» gestión del ex alcalde y su pareja en la gestión de una urbanización en Marbella, llega al despacho de Michelle van Gaalen para exigir unos documentos que probarían su acusación y entabla una agria discusión con la administradora y su marido.
Nízar, que hoy vive en Italia triunfando en la televisión, asegura en el vídeo que el ex alcalde del PP, fuera de sí y con muy malas formas, le dijo que le iba «a dar una hostia», algo que Nozal niega entre amenazas y manotazos aunque al final admite que ganas de hacerlo no le «faltan» pero que no es «tonto».
Éste es un nuevo capítulo de la cruzada que la familia de Nízar, propietaria de propiedades en una urbanización junto a la playa de Cabopino (Marbella), ha emprendido contra Nozal y su pareja por haber, dicen, encontrado múltiples irregularidades contables y contractuales. «Usted está jubilado y está defraudando a Hacienda, señor Nozal. Venimos por la documentación fiscal de la comunidad», dice alzando la voz Nízar mientras forcejea con Nozal, que la echa a empujones del despacho: «Salga usted de aquí, cosa».
Nízar es la mayor pesadilla del ex regidor, al que ha, no sólo conseguido desterrar de la política, sino que le ha sentado en el banquillo en relación con la denuncia que presentaron hace un año Nízar y otros vecinos, en la que acusan a Nozal de haber firmado un contrato de instalación de un cajero automático en la urbanización, cuando él no era administrador ni tenía potestad para ello y que en la localidad se conoció como caso Cajero. Nozal alegó en el juicio que la firma que aparece en el contrato no es la suya, aunque el documento sí está a su nombre.
«Mi firme objetivo es remover conciencias, porque todos los lectores son comuneros. A todos los que tengan una propiedad, o incluso la alquilen, les están afectando las irregularidades que cometen administradores y presidentes, porque actúan en connivencia. Es decir, el presidente recibe unos favores o un trato de favor por parte del administrador para que esté calladito y él obra con sus intereses, inflando facturas y contratando amiguitos que les ponen el precio que ellos quieren. Y de ahí se llevan el dinero», ha advertido Nízar.
«No hay derecho a que utilicen la confianza y el buen hacer de los comuneros para atracarles, porque tenemos nuestras comunidades secuestradas en manos de gentuza que se está lucrando de esta confianza, y en Cabopino vamos a lograr terminar con ellos, como estamos lográndolo en tantas comunidades», sentencia.
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