ERC exalta a los etarras como «presos políticos» 48 horas después del pacto Sánchez-Junqueras en Moncloa
El partido de Junqueras dedica un recuerdo "especial" a la catalana condenada a más de 100 años por su actividad criminal
Los etarras que siguen cumpliendo condena en prisión por su participación en la sanguinaria actividad criminal con la que ETA quiso acabar con la democracia en España son, para los socios de Sánchez, «presos políticos», no criminales. No sólo lo son para Bildu, heredera de la ideología etarra, sino también para ERC, a quienes Sánchez debe tanto su estancia en La Moncloa como el gobierno de la Generalitat catalana presidida por el socialista Salvador Illa. Esa referencia a los asesinos etarras como «presos políticos», que acaba de proclamar la Esquerra, se ha saldado sin reproche alguno por parte de Sánchez, ni desde el Gobierno ni desde el PSOE. Y eso que la exaltación de los presos etarras por parte de ERC ha sido de órdago. Ha llegado al punto de incluir un cariñoso «recuerdo» a una etarra de raíces catalanas que en su día llegó a acumular condenas por 200 años de prisión, 102 de ellos por el asesinato de tres personas en un atentado en Santander.
El desafío dialéctico lo ha lanzado abiertamente la Esquerra este fin de semana, en Bilbao, abrazada a activistas proetarras que se han manifestado para exigir la liberación de los presos de ETA que quedan en las cárceles en estricto cumplimiento de la legislación penal. Los presentan como víctimas de una democracia imperfecta y discriminatoria para estos que consideran sus gudaris, los de una banda que en sus décadas de existencia asesinó en toda España a más de 800 personas, dejó una lista más larga aún de heridos y provocó el éxodo forzado de vascos que fueron señalados por ETA al considerarlos desafectos a su causa, enemigos de la dictadura del terror que aspiraba imponer en su soñado País Vasco independiente.
El jueves por la mañana, el líder de ERC, Oriol Junqueras –condenado por sedición–, y el presidente Pedro Sánchez posaban con sonrisa complaciente en el Palacio de La Moncloa. Sellaban así el pacto con el que el Gobierno promete a Cataluña 4.700 millones de euros extra sacados de las arcas de todos los españoles. Una «financiación singular» que el sanchismo considera de justicia y con la que, en realidad, en la práctica, trata de comprar una prórroga para la debilitada estancia de Sánchez en el poder y salvar a Illa de un desencuentro con sus imprescindibles socios paralmentarios de ERC, sin los que su gobierno autonómico estaría abocado al precipicio.
Sánchez y su corte gubernamental llevan todos estos días aplaudiendo ese pacto. Lo venden como un ejercicio democrático por el bien no sólo de Cataluña sino de toda España. Elogian a ERC. Y la Esquerra agasajada en Moncloa se unió 48 horas después en Bilbao a etarras convictos, familiares de etarras aún presos y representantes de la larga lista de asociaciones de la órbita abertzale para gritar a favor de quienes formaron parte de esa banda criminal y aún están entre rejas.
El colmo fueron las palabras de la representante enviada por Junqueras a Bilbao para ese aquelarre que secundaron miles de personas por el centro de esa capital vasca. La delegada de ERC para la ocasión, Kènia Domenech. Con su presencia, la Esquerra de Junqueras ha hecho suyos los postulados de los proetarras, que exigen la liberación de los terroristas de su órbita que siguen cumpliendo condena. En palabras de Arnaldo Otegi, líder de Bildu y otro socio preferente de Sánchez, la excarcelación de todos los etarras que quedan en las cárceles y la inmunidad para los que están prófugos de la Justicia fuera de España es necesaria para «la paz, la resolución y la convivencia».
ERC coincide en esa tesis, que victimiza a los verdugos y olvida a quienes fueron asesinados, heridos o extorsionados. Y lo ha proclamado, a viva voz y a pie de calle en Bilbao, este fin de semana, 48 horas después del entusiasta abrazo de Sánchez a Junqueras en La Moncloa.
La delegada de Esquerra en ese akelarre proetarra de Bilbao ha ido más allá. Como portavoz de ERC en esa manifestación, Kènia Domenech lanzó un sentido recuerdo, «especial», para la etarra Dolores López Resina, apodada Lola la sanguinaria y conocida también como La catalana por sus raíces barcelonesas. En realidad nació en un pueblo de Almería pero, de niña, acabó afincándose con sus padres en Granollers, donde creció.
Dolores López Resina entró en ETA y, fruto de esa actividad criminal, colaboró muy activamente en un sanguinario atentado en Santander, en 1992. Murieron tres personas y otras 20 resultaron heridas. Por este atentado fue condenada a 102 años de cárcel. Pero su historial criminal es más extenso. Así, por ejemplo, en 2010 fue condenada a 19 años de cárcel por su participación en un atentado con coche-bomba en la estación de Sants de Barcelona en 1993, en el que ETA no logró sumar muertos porque el lugar fue desalojado con rapidez. En otra causa judicial también fue condenada a 22 años de cárcel por los delitos de depósito de armas y tenencia de explosivos para cometer atentados.
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