España
VIOLENCIA CONTRA POLICÍAS

Las asociaciones policiales se personan en las agresiones a policías ante la falta de apoyo de Interior

En las últimas horas cuatro policías nacionales han sido violentamente agredidos en Aragón y un policía local de Asturias fue apuñalado

Los policías y guardias civiles exigen un endurecimiento de las penas por delitos contra la autoridad que en lo que va de año cuentan ya con 6.000 casos

La Policía busca por toda España al magrebí irregular que agredió a un agente en un autobús de Zaragoza

Un violento magrebí propina una brutal paliza a un policía por pedirle que se ponga la mascarilla

  • Alfonso Egea
  • Jefe de Investigación en OKDIARIO. Anteriormente fui responsable de la sección de Actualidad y Sucesos en Espejo Público, en Atresmedia. He publicado cuatro libros y actualmente colaboro en programas de televisión en Mediaset y en Telemadrid. Agradecido por tener el reconocimiento de la Policía Nacional de Madrid y la medalla al mérito de la Guardia Civil.

Las últimas horas han resultado nefastas en lo que agresiones a agentes de la autoridad se refiere. Se han registrado gravísimas agresiones a agentes de Policía, uniformados y fuera de servicio que advirtieron de su condición de agentes, que han acabado con varios de los agentes hospitalizados y algunos de los agresores en busca y captura. Una discusión de tráfico, otra por el uso de la mascarilla, una fuga de unos calabozos y un apuñalamiento han colmado la paciencia de las asociaciones policiales. Cansados de la impunidad que implica agredir a un agente si no hay graves lesiones y de que el Ministerio del Interior no se implique en los procesos judiciales posteriores, las asociaciones policiales avisan que a partir de ahora se personarán como acusación en las agresiones contra policías.

La imagen ha dado la vuelta al país en cuestión de horas y a uno de sus protagonistas se le busca por parte de la Policía por agredir brutalmente a uno de sus agentes cuando estaba fuera de servicio. La madrugada del 17 al 18 de octubre ambos protagonistas coincidieron en un autobús y uno de ellos, el que está actualmente fugado, fue apercibido por el inspector de policía para que se colocara la mascarilla.

Si tienes cojones pégame ahora”, le dice al agente vestido de paisano el joven con la mascarilla mal colocada que le grita mientras graba con su teléfono móvil. “Pégame anda, que la juez mañana te folla”. Está claro que el infractor sabía lo que hacía, o al menos sabía la corriente de pérdida del respeto al principio de autoridad que se ha instalado en nuestro país. “Que yo no te he pegado”, responde paciente el inspector de policía para evitar pasar a mayores. Pero no había nada que hacer. El joven vuelve a dirigirse a él cuando el autobús se detiene: “Baja conmigo si tienes cojones”, y a partir de ahí lo que se ve en el vídeo es una patada y una lluvia de puñetazos.

Temor a ser denunciados

La pregunta es obvia: ¿por qué no repele la agresión el agente? Lamentablemente, todas las fuentes consultadas por este periódico llegan a la misma conclusión y no es otra que el temor que se ha instalado en los policías de toda España a que cualquier gesto se convierta en una acusación de brutalidad policial aunque sea en respuesta a agresiones a policías. “El agente fue hospitalizado por la contusión en un ojo, pero de haber sido al contrario, en caso de haber sido el policía quien redujera a golpes a su agresor, éste lo habría denunciado (de hecho lo anuncia en el vídeo) porque al fin y al cabo el agresor ni siquiera estaba cometiendo un delito al no llevar la mascarilla. Si el agente es denunciado se juega una suspensión, aunque sea cautelar, así que entre ojo morado y riesgo de suspensión el inspector eligió por recibir y no devolver.

Un subinspector de Policía de 62 años fue brutalmente agredido también en Zaragoza.

Pero es que el del autobús no ha sido el único incidente reciente en el que los policías ha resultado ser víctimas de atentados contra la autoridad. El pasado día 12 de octubre un subinspector de 62 años se identificó como agente cuando un hombre golpeó el retrovisor de su coche tras preguntarle el agente si podía apartarse un momento del hueco donde él quería aparcar. También estaban en Zaragoza, como en el episodio del autobús. El interpelado reventó literalmente a golpes al policía, y es que las fuentes consultadas explican que las cosas suelen complicarse más cuando los agentes que no van uniformados se identifican como policías. Aunque la cosa tampoco es que mejore por el hecho de vestir uniforme.

Así quedó el chaleco de un policía local de Langreo que acabó siendo apuñalado en la cara.

Y si no que se lo digan a los policías agredidos por varios detenidos tras haber logrado estos fugarse de los calabozos de la comisaría, ojo, también de Zaragoza. Se trataba de un trío de delincuentes habituales de entre 25 y 35 años y con numerosos antecedentes, que fueron detenidos prácticamente al salir a la calle, pero que en el camino noquearon a dos policías dentro de la comisaría. Tampoco son buenos tiempos para las policías locales. En Langreo, Asturias, un chaleco anti-navajazos ha salvado literalmente la vida de un agente de la policía local de esa población. El atacante ha sido un delincuente habitual que tras intentar apuñalar tres veces al policía en el torso acabó rajándole la cara.

Situaciones como las descritas anteriormente alimentan una de las estadísticas más preocupantes del país: en 2020 hubo más de 8.000 agresiones a policías. En lo que llevamos de 2021 ya son más de 6.000. El problema es que el agente que acaba siendo acusado por presunta brutalidad policial se acaba enfrentando en solitario al trance de una investigación judicial y de un expediente interno. Por eso las principales asociaciones policiales han dicho basta y anuncian que comenzaran a personarse en las causas de agresiones o atentados contra policías. Creen que el Código Penal ya se queda corto para contener el creciente número de ataques contra policías en nuestro país y afean que el Gobierno, a través del Ministerio del Interior, no respalde sin fisuras a estos profesionales al menos condenando con mayor vehemencia este tipo de hechos.