Los zapatos del Mediterráneo que quieren cruzar océanos
Fernando Arellano ‘nació’ prácticamente en una caja de zapatos. Sus abuelos se dedicaban a fabricar y vender calzado y su hermana y su padre a diseñarlo. Aprendió el oficio desde bien pequeño: a los 14 años trabajaba de aprendiz los veranos en la fábrica de su tío. Comenzó a estudiar la carrera de Empresariales, pero nunca la terminó. Su andadura comenzó lejos de su ciudad natal, Elda (Alicante): se marchó de casa y puso rumbo a Alemania cuando cumplió la mayoría de edad. Allí vivió más de cinco años vendiendo calzado de empresas de Elda a cadenas de tiendas por toda Alemania.
No fue la nostalgia lo que le hizo volver a casa. En 2012, su vida dio un giro de 180 grados: sufrió un ictus hace cinco años que le afectó al habla y toda su movilidad. Regresó a su ciudad para que le cuidase su madre y tras años de rehabilitación, consiguió recuperar una gran parte de lo que había perdido. Aunque aún tiene secuelas, sólo le bastó un poco de fuerza para poner en marcha su sueño: crear su propia empresa y una marca de zapatos de referencia. “No quería trabajar más para otras marcas, que es lo que hice los últimos 25 años”.
Tras una segunda oportunidad de la vida e impulsado por el espíritu de superación que le caracteriza, fundó la marca Fernando Mittelmeer. “Decidí crearla después de superar el ictus. El nombre es dedicado al Mar Mediterráneo, al que amo y por el que siento devoción absoluta. Mittelmer es Mediterráneo en alemán. Cuando viví en Alemania la familia y el Mediterráneo eran lo que más echaba de menos”, cuenta Arellano a OKDIARIO.
“Nací en el Mediterráneo”
El Mediterráneo no solo da nombre a su marca, sino que también es la razón de ser de sus zapatos: “los modelos que diseño están inspirados en una ciudad costera del Mediterráneo y además, el logo de la marca son cuatro olas”, para homenajear el mar. Cada uno de sus zapatos lleva un nombre de un pueblo o ciudad diferente de la costa mediterránea: Altea, Denia, Jávea, San Juan… Hasta sumar quince.
No se define como un emprendedor, sino como un luchador y amante de los zapatos. La empresa, eso sí, necesitó un pequeño préstamo bancario para comenzar a funcionar.
La principal diferencia de muchos de sus competidores es que están fabricados de forma artesanal y son un claro ejemplo de un producto ‘made in Elda’. Aunque las únicas personas que pueden disfrutarlos son las mujeres: fabrica exclusivamente calzado femenino. “Son elegantes a la par que cómodos. Los precios están aproximadamente por los 200 euros”.
Lejos de lo que se pueda pensar, no tiene tienda física en España. Por el momento, sus zapatos solo pueden encontrarse en boutiques de Holanda y Alemania. En nuestro país, se compra a través de su tienda online. Su sueño llegará mucho más lejos cuando sus zapatos del Mediterráneo crucen charcos, puentes y océanos.
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