Vive y Disfruta: Sobre la vida, el amor y el trabajo en la era digital
¿Cómo podemos vivir una vida plena y generosa en un mundo que está cada vez más diseñado para fragmentar la atención?
Recientemente he leído dos libros extraordinarios: Hooked de Nir Eyal y Flow de Mihaly Csikszentmihalyi. Aunque Eyal y Csikszentmihalyi analizan el comportamiento humano desde perspectivas diferentes, convergen en una pregunta central y fundamental:
¿Cómo podemos vivir una vida plena y generosa en un mundo que está cada vez más diseñado para fragmentar nuestra atención?
He reflexionado sobre esta pregunta durante mucho tiempo. Hoy vivimos en un mundo en el que las redes sociales dominan y están diseñadas para capturar nuestra atención, actuando como una distracción constante y persistente en nuestra vida cotidiana. Estas distracciones, ofrecen sólo un placer fugaz o transitorio. En cambio, la verdadera satisfacción sólo puede surgir de experiencias más profundas y nutritivas: el acto de leer y quedar absorto en un buen libro, el escuchar una gran pieza musical, participar en conversaciones significativas y auténticas con las personas que merecen la pena, y comprometernos con procesos continuos de aprendizaje y crecimiento personal. Creo que estas experiencias y, de manera especial, aquellas que tienen lugar lejos de una pantalla proporcionan formas de nutrición que los estímulos digitales rápidos nunca pueden alcanzar. Además, estas experiencias pueden brindarnos un equilibrio interior que, en muchos sentidos, representa nuestro mayor y más frágil activo.
La investigación científica confirma de manera consistente que las conexiones sociales y físicas son saludables para el cuerpo y la mente. En todo el mundo, aumentan los informes y la preocupación por el impacto del aislamiento social y la soledad en la salud mental y física. Esto es particularmente crítico para las poblaciones vulnerables, incluidas las personas jóvenes. Informes recientes señalan que los jóvenes experimentan cada vez más dificultades asociadas con el uso excesivo de las redes sociales, y reclaman hábitos digitales más saludables y una mejor educación en alfabetización digital. También conocemos que muchas personas jóvenes, consideradas nativas digitales y profundamente inmersas en entornos digitales, sienten un deseo creciente de interacciones y experiencias presenciales, reconociendo el enriquecimiento y los beneficios que estas aportan. En pocas palabras, la presencia significativa, el contacto y el silencio compartido no pueden ser reemplazados por pantallas.
En Hooked, Eyal explica cómo las aplicaciones modernas y las plataformas de redes sociales están diseñadas deliberadamente para capturar y retener nuestra atención a través de un ciclo que explota nuestras vulnerabilidades psicológicas. A menudo, no sólo perdemos tiempo en este ciclo, sino también la atención a lo que realmente importa como son nuestras emociones, nuestras señales internas y nuestro sentido intuitivo de dirección. Estas señales, proporcionadas por nuestra mente, pueden guiarnos si simplemente aprendemos a escucharlas. Sin embargo, en el clima actual, parece que prestamos cada vez menos atención a este sentido interior del yo.
Consideremos, por ejemplo, el siguiente escenario. Estás disfrutando de una tarde de aprendizaje profundo o de una conversación auténtica con un ser querido, actividades que nutren tu propósito y te mantienen en un estado de flow. De repente, recibes una notificación: un disparador o señal externa. Despierta una ansiedad por perderte algo desconocido. Desbloqueas tu teléfono (una acción simple) y te encuentras con un «me gusta» o un mensaje inesperado (la recompensa variable). Este estímulo libera una descarga de dopamina y te ofrece un alivio inmediato de esa pequeña sensación de inquietud. Decides responder o compartir algo propio (una inversión), asegurando que el ciclo se repita al generar nuevos y continuos disparadores.
Este bucle interrumpe violentamente tu sentido interno de equilibrio y es donde la trampa de la economía de la atención se vuelve evidente. La distracción no sólo entretiene, sino que también nos ayuda a evitar emociones incómodas al enmascararlas. Las redes sociales se convierten en un refugio conveniente donde los sentimientos desagradables se adormecen en lugar de comprenderse. En vez de procesar las emociones o profundizar la atención para trabajar con amor y cuidado, nuestra atención es secuestrada por un estímulo digital rápido, reemplazando las experiencias genuinas por un escondite que nos distancia de nosotros mismos. Cada vez que potencialmente enfrentamos una emoción difícil o negativa, se nos ofrece el lugar perfecto para escondernos, limitando nuestra oportunidad de crecer a través de la experiencia.
Aquí, el concepto de flow de Csikszentmihalyi ofrece un marco poderoso. En el contexto del trabajo, Csikszentmihalyi explica que la esencia de la experiencia óptima reside en un estado de conciencia (flow). El flow es un estado mental en el que la concentración fluye sin esfuerzo, la sensación de control surge de manera natural y el disfrute es intrínseco. El tiempo parece ralentizarse o incluso desaparecer por completo. Es en esos momentos cuando el trabajo deja de ser una carga y se convierte en una fuente de significado. El flow proporciona un estado de experiencia óptima en el que sentimos una profunda alegría creativa, una concentración total y una implicación activa. En esos momentos, estamos completamente absorbidos por lo que hacemos.
Encontrar y mantener la felicidad requiere un camino intencional que permita el flow. Comienza por sentirnos satisfechos con quienes somos y realizados tanto en el amor como en el propósito de nuestra vida, con un disfrute genuino del trabajo que hacemos. Primero debemos empezar por el amor propio, seguido de una práctica constante de la generosidad. Amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos y no renunciar al amor como un camino compartido y de apoyo mutuo sigue siendo esencial para una vida significativa. En conjunto, Hooked y Flow revelan una verdad silenciosa: vivir con propósito tiene menos que ver con consumir cada vez más y mucho más con prestar atención: a nuestras emociones, a nuestras relaciones y al trabajo que nos permite perdernos de la mejor manera posible.
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