Trump acuerda con Putin el envío de 1,8 millones de toneladas de diésel ruso a las puertas de las elecciones
La cantidad acordada no cubre ni el 12% del consumo de un mes pero la Casa Blanca espera beneficiarse electoralmente
El escenario geopolítico mundial está alterado desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara ayer un acuerdo con Rusia en virtud del cual ese país suministrará a los EE.UU. 300.000 toneladas de combustible diésel. A ese envío, que será «inmediato» -según explicó el magnate a través de un mensaje en sus redes sociales-, seguirán el despacho de otras 500.000 toneladas durante el mes de noviembre, un millón «inmediatamente después» y otros tres millones «en un corto período de tiempo».
Hay un matiz, y es que esta última remesa queda supeditada a «las condiciones de sus refinerías», dijo Trump, en lo que supone un reconocimiento velado de la fragilidad de la infraestructura energética rusa debido a los ataques de Ucrania.
Si se toman únicamente las cantidades comprometidas hasta noviembre e inmediatamente después, suman 1,8 millones de toneladas, cifra que no alcanza siquiera para cubrir el 12% del consumo de un mes en los EE.UU. pero que al inquilino de la Casa Blanca quizá le sirva para tratar de asustar los malos presagios que le esperan de cara a las elecciones legislativas del tres de noviembre.
Y si las refinerías rusas están a la altura, el magnate aspira a recibir un total de 4,8 millones de toneladas como máximo -a no ser que a este acuerdo sigan otros-, una cantidad que satisfaría el equivalente a un 30% de la demanda mensual, aunque llegaría una vez concluidos los comicios.
A tenor del mensaje publicado por Trump, el interés de la decisión es electoral: «Gracias al control del Estrecho de Ormuz y a este gran anuncio sobre la energía rusa, los precios del diésel para nuestros agricultores, ganaderos, camioneros y para todo el mundo van a bajar drásticamente y rápido. Precios más bajos para los americanos, especialmente para nuestros grandes granjeros, rancheros y camioneros, es mi principal prioridad».
La parte rusa ha confirmado el acuerdo y su disposición «a suministrar petróleo y productos petrolíferos a los mercados estadounidense y mundial», según ha informado el Kremlin en un comunicado en el que augura que la decisión tendrá «un impacto positivo en toda la economía mundial», añade.
Evidentemente, este movimiento por parte de la Casa Blanca ha sido terreno abonado para la polémica, no solo porque supone levantar las sanciones que pesan sobre Rusia -el Departamento del Tesoro ha confirmado una tregua temporal que permitirá el comercio energético bilateral-, también por el espaldarazo que supone para las ambiciones del Kremlin.
La reacción del presidente ucranio, Volodimir Zelenski, no se ha hecho esperar. En un extenso comunicado, ha calificado el acuerdo de «regalo» y muestra de una «debilidad evidente» ante Moscú. «Cualquier flexibilización de las sanciones contra Rusia sin un acuerdo claro y duradero de desescalada con este país constituye una debilidad evidente. Esto le hace el juego a Rusia, ya que le permite matar a más personas, prolongar la guerra, tener aún menos respeto por Estados Unidos e infligir pérdidas y daños aún mayores al mundo», ha señalado en sus redes sociales.