Los secretos de la autocartera: razones por las que una empresa compra sus propias acciones
Un inversor puede adquirir al mercado bursátil acciones de una empresa. Mediante esta operación, espera obtener unos beneficios a partir del incremento de la cotización y de los dividendos que reparte la empresa entre los accionistas. Ahora bien, no solamente una persona física puede adquirir acciones de una compañía, sino que la misma empresa puede adquirir acciones propias. Esta operación recibe el nombre de autocartera.
Los motivos que llevan a una compañía realizar una acción de este tipo son, normalmente, los siguientes:
Evitar un descenso de la cotización
Puede que, en un momento determinado, la acción de la empresa empiece un cierto descenso. Esta disminución en el valor puede deberse a un factor puntual que sufre la empresa o por una crisis general en el sector. Ante este contexto, existe el riesgo que los inversores den la espalda a la compañía y no apuesten por ella. Para evitarlo, la compañía puede optar por adquirir ella misma las acciones. De esta forma, se frena el descenso en el valor y, a la vez, la cantidad de acciones disponibles en el mercado. Lo pueden hacer aquellas empresas que presentan un historial de solvencia y beneficios contrastados y creíbles para el mercado.
Impedir la entrada de accionistas
En caso que se estime que hay una serie de accionistas con voluntad de adquirir un paquete importante de acciones, se corre el riesgo de perder control sobre la empresa. Si las formas de encarar el negocio son distintas, entonces se añade un problema de gestión. Si se bloquea un grupo de acciones, se asegura el mantenimiento de la misma gestión.
Retribuir al equipo directivo
Puede ser una forma de intentar motivar a los directivos porque la evolución de la cotización y, por lo tanto, su sueldo, dependerá de su buen desempeño.
Demostrar que se dispone de liquidez
Si la empresa es capaz de adquirir acciones propias, implica que ha dispuesto de un líquido para hacerlo. Por lo tanto, se transmite un mensaje de confiabilidad y seguridad a los distintos agentes del entorno, especialmente a los acreedores.
Vender los títulos con posterioridad
Otro aspecto que puede estar buscando la empresa es la venta de las acciones en un futuro más o menos próximo. Al reducir el número de acciones en circulación, éstas incrementan su valor. Por lo tanto, a la hora de venderlas, se conseguirá un mejor precio.
Una medida más temporal que estructural
No es habitual que la empresa mantenga durante un largo plazo acciones propias. Si dispone de recursos, más que en mantener el valor de la acción, estará interesada en invertirlos para ganar competitividad en el mercado.
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