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Economía
Tarjetas bancarias

La OCU insta a los españoles a no usar este tipo de tarjeta bancaria porque «favorece el sobreendeudamiento»

Pagar con tarjeta se ha vuelto un gesto automático para casi todo el mundo. Tan sólo tenemos que acercarla al datáfono y la operación queda resuelta en cuestión segundos. Una comodidad que muchos aplauden, pero lo cierto es que debemos tener claro antes que nada, que existen distintos tipos de tarjetas y cuáles son las consecuencias de elegir una u otra. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha querido avisar ahora de ello, e insistir que la elección importa ya que si elegimos una que se adapte a cada situación podemos ahorrar comisiones y evitar deudas; pero en cambio una mala elección puede alargar pequeños pagos durante años y disparar los intereses sin que el titular llegue a percibirlo.

El organismo agrupa las tarjetas en cuatro grandes familias: débito, crédito clásico, prepago y la modalidad que más preocupa a los expertos, la revolving. Todas comparten el mismo formato físico, pero su mecánica financiera es muy distinta. Para la OCU, disponer de más de una tarjeta y usarlas con criterio es la forma más sencilla de proteger el bolsillo y ganar seguridad, sobre todo en compras online y viajes, donde el fraude y las comisiones en divisa son más habituales. Pero el mayor riesgo surge cuando el consumidor confunde flexibilidad con facilidad para aplazar pagos. Ahí es donde encajan las revolving, un producto popular en los últimos años que combina cuotas mensuales bajas con tipos de interés elevados. El resultado, advierte la organización, es una deuda que se prolonga casi sin que la persona se de cuenta.

Los tipo de tarjetas bancarias que existen

Entre los distintos tipos de tarjetas bancarias existentes, la de débito es quizás la más sencilla y más recomendada cuando sólo queremos gastar el dinero que tenemos en cuenta ya que al usarla el dinero se descuenta al momento de nuestro saldo. Es decir, no podemos gastar de más porque no tenemos crédito lo que provoca que podamos controlar el presupuesto diario. Además, tampoco suelen tener comisiones.

Luego tenemos las tarjetas prepago que funcionan de manera parecida en cuanto al control del saldo: sólo permiten gastar el dinero cargado previamente. Su fortaleza es la seguridad ya que al no estar vinculadas a la cuenta corriente, limitan el impacto de una posible clonación o compra fraudulenta. Por eso la OCU las considera la mejor opción para compras online, para dar a menores un medio de pago bajo supervisión y para limitar riesgos en el extranjero.

Las tarjetas de crédito tradicionales ofrecen un pequeño margen de maniobra sin coste, siempre que se pague la totalidad del gasto a fin de mes. Mientras el titular liquide el extracto completo, la entidad no aplica intereses y la tarjeta actúa como un anticipo gratuito de algo más de treinta días. Esa opción resulta práctica ante imprevistos, como una reserva de última hora, una avería, pero deja de serlo si se decide fraccionar el pago. Ya que cuandoentra en juego el aplazamiento, los tipos de interés superan con facilidad el 20 % TAE. La OCU no recomienda utilizar esta fórmula de forma habitual, porque puede ser el primer paso para que pequeños cargos se acumulen. Su sugerencia: concentrar la deuda en un sólo mes o escoger el plazo más corto posible y, sobre todo, no confundir la facilidad de pago con precio cero.

La OCU insta a los españoles a no usar este tipo de tarjeta bancaria

Por último, tenemos las revolving que parecen la solución perfecta para quien desea pagar poco cada mes. El banco concede un límite de crédito y el cliente lo devuelve en cuotas fijas, a menudo de 30 o 40 euros. El problema es que esa cifra resulta tan baja que apenas amortiza capital: la mayor parte se destina a intereses y comisiones. Si mientras tanto el usuario sigue comprando, la deuda se renueva de forma automática y el plazo se alarga casi sin límite.

La OCU señala dos riesgos: el endeudamiento permanente, porque la cuota nunca llega a cubrir el principal, y el sobreendeudamiento, ya que es fácil combinar varias líneas de crédito sin ser plenamente consciente del coste total. La organización recuerda que muchas sentencias han declarado usurarios los intereses aplicados por algunas tarjetas de este tipo, pero subraya que la mejor salida sigue siendo no contratarlas. Si aun así se decide firmar, conviene leer con lupa el TAE, la cuota mínima y el plazo estimado para saldar la deuda en caso de dejar de usar la tarjeta.

Escoger la tarjeta según la necesidad real

No existe una tarjeta ideal para todo. El débito y el prepago ganan cuando la prioridad es controlar el gasto o evitar fraudes. El crédito clásico funciona si se emplea como colchón puntual y se liquida al mes siguiente. Las revolving, en cambio, concentran todas las alertas: intereses muy altos, sensación de cuota cómoda y coste final difícil de calcular sin una hoja de Excel. En definitiva, la OCU insiste en que la decisión debería tomarse con un repaso a las condiciones (tipo, comisiones, plazo y cómo se carga cada compra) ya que puede marcar la diferencia entre pagar el precio real de un producto o multiplicarlo sin darse cuenta.