Iberdrola, el arma secreta de Feijóo (y Calviño la refuerza)
El posible cambio de sede de la eléctrica alarma al PNV, y Sánchez pretende prolongar el impuesto especial
El temor a la salida de Iberdrola y BBVA de España moviliza al sector del PNV que apoya a Feijóo
Grandes empresas piden informes para irse de España en caso de que Sánchez continúe en Moncloa
Casi todo el mundo da por hecho que Feijóo va a protagonizar una investidura fallida y que al final tendremos que comernos otro mandato de Sánchez con más o menos cesiones al independentismo. Pero el líder del PP cuenta con una bala en la recámara: la posibilidad de que grandes empresas se lleven su sede fuera de España con otro Gobierno socialcomunista. En especial, Iberdrola, que haría un agujero enorme al País Vasco. Lo cual provoca un conflicto en el seno del PNV, como ha informado esta semana OKDIARIO.
¿Es factible que Iberdrola se vaya de Bilbao? Por falta de ganas no será, desde luego. Ignacio Sánchez Galán ha sido casi el único empresario, junto con Juan Roig y Dolores Dancausa, que se ha atrevido a denunciar en voz alta las tropelías del Gobierno de Sánchez. Y todo apunta a que, en un nuevo mandato, los empresarios van a seguir siendo el chivo expiatorio y que les va a seguir machacando a base de impuestos, cotizaciones, intervenciones de los precios, etc.
De hecho, Nadia Calviño ya ha asomado la patita esta semana con el impuesto a la banca: no ha descartado (o sea, ha confirmado) que vaya a prolongar el impuesto a la banca más allá de su vigencia «extraordinaria y temporal» establecida hasta 2024. Da igual que los tipos de interés estén a punto de tocar techo y, por tanto, que los márgenes del sector vayan a empezar a bajar a partir de ahora. La banca es mala por definición, gana mucho dinero y tiene que pagar más impuestos.
Las eléctricas, detrás
Y si se prolonga el tributo de la banca, lo mismo ocurrirá con el de las energéticas pese a que el precio del gas se haya moderado y la «excepción ibérica» haya quedado superada. Pero pasa igual: si la luz es cara, la culpa es de las malvadas eléctricas que se forran a costa del pueblo y deben devolver parte de lo que ganan al pueblo… como si los impuestos se repartieran entre el pueblo.
A eso se suma un intento de reforma del mercado eléctrico muy perjudicial para las empresas, que ha parado Bruselas por saltarse las normas europeas, pero parte de la cual tratará de mantener la indocumentada Teresa Ribera por todos los medios. Por tanto, motivos no faltan a Iberdrola para irse. Además de conseguir las ventajas de que va a disfrutar Ferrovial en Países Bajos, como un mejor acceso a la financiación (tiene mejor rating que España), menos burocracia, mayor seguridad jurídica, etc.
No hay que olvidar tampoco que, como les hemos contado aquí, Iberdrola va a participar en la carrera por comprar la alemana RWE en la que están interesados todos los gigantes energéticos europeos. Si Galán consigue ese broche de oro a su presidencia y convierte a Iberdrola en la segunda mayor eléctrica del mundo, tendrá un argumento muy importante para buscar una sede más acorde con ese estatus. Y, aunque no lo logre, los fondos presentes en su capital (Iberdrola no tiene núcleo duro) van a presionar al presidente para buscar aires más business friendly que la España de Sánchez.
Riesgo de boicot
Pero claro, también hay contras. España sigue siendo, con diferencia, el mayor mercado de Iberdrola. Y aunque el Gobierno no puede aprobar leyes que le perjudiquen a ella sola, sino al conjunto del sector, sí tiene que concederle licencias para construir o renovar instalaciones renovables, por ejemplo. También está la cuestión de si el equipo directivo está dispuesto a irse a vivir fuera de España al menos medio año.
Pero quizá el mayor riesgo es el de un boicot de la izquierda. A diferencia de Ferrovial, Iberdrola sí depende del cliente minorista, y se arriesga a perder mucho negocio si las redes sociales de Podemos se lanzan -que se lanzarán- a pedir que la gente se cambie de compañía porque Iberdrola es insolidaria, antiespañola (eso lo dirán menos, claro) y evade impuestos.
Esa razón también frena la salida del otro gran contribuyente a las Haciendas forales vascas, el BBVA, además de que el banco está mucho menos significado contra Sánchez. Sobre todo, porque está en manos de la Fiscalía ahora que el caso Villarejo se le ha puesto de color hormiga.
El dilema del PNV
En todo caso, la mera posibilidad de estas fugas de compañías vascas pone los pelos de punta a la burguesía empresarial de la comunidad, la base social histórica del PNV; las «señoras de Neguri» como dice el redactor jefe de OKDIARIO. Y eso está fortaleciendo a la facción partidaria de permitir la investidura de Feijóo, algo que éste recordó a Urkullu en la reunión que ambos han mantenido esta semana.
Ahora bien, sigue siendo muy poco probable que este sector se imponga a Andoni Ortuzar, el presidente del partido, que mantiene una férrea postura de apoyar a Sánchez. Eso, a pesar de que esta estrategia le ha salido bastante mal, puesto que Bildu ha superado al PNV en las municipales y las generales, y amenaza con echarle de Ajuria Enea. Por cierto, si eso ocurre, los argumentos para emigrar de Iberdrola y otras muchas empresas vascas serán mucho mayores.
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