Feminismo a golpe de Ley o cómo convertir al Ibex en un experimento social
¿Qué tipo de paridad alcanzará la mujer con una meritocracia adulterada? ¿Paridad real o sólo salarial?
La última ocurrencia de Sánchez es delirante: la nueva Ley de Paridad obligará a que haya, al menos, un 40% de mujeres en los consejos de administración de las grandes empresas. Y el que incumpla, perderá el 2% de sus recursos, operará de forma limitada o, incluso, dejará de cotizar en el Ibex durante un año. Intervencionismo comunista en estado puro.
La Ley aprobada en segunda vuelta y remitida al Congreso en la pasada legislatura, pero que decayó por la convocatoria de elecciones generales, vuelve a la carga. Toda una declaración de intenciones que la primera de muchas iniciativas sin sentido de este nuevo Gobierno sea feminista. O, al menos, que lo intente. Pues, una vez más, esta Ley no servirá para acabar con los techos de cristal. Quizás, tan sólo, para intentar frenar la pérdida de votantes socialistas.
El absurdo de la meritocracia obligada
Reflexionemos. Así como la caridad no puede ser obligada, la meritocracia, tampoco. De la definición sellada por la Real Academia Española emana la verdadera causalidad del término: «Meritocracia: sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales». Si es una discriminación legal la que posiciona a la mujer en el punto de partida, ¿dónde queda el mérito personal?
La nueva ministra de Igualdad, la socialista Ana Redondo, vuelca al diferencial cuando mezcla sendos vocablos: «La meritocracia sin paridad no es posible». Cómo que no es posible. Entonces, ¿qué tipo de paridad alcanzará la mujer con una meritocracia adulterada? ¿Paridad real o sólo salarial? ¿Será decisorio su voto en los consejos donde sólo represente el 40%? ¿Por qué es paridad 40% y no 50% si quien decide en una sociedad es el que ostenta el 51%? Los políticos que obligan al feminismo a golpe de Ley desconocen de forma profunda el funcionamiento del mundo empresarial. Quizás, porque la mayoría de ellos jamás trabajó ni gestionó una.
La verdadera desigualdad no yace del sexo que hagan figurar sus candidatos en los procesos de selección. Según la legislación vigente, el sexo biológico ya no tiene por qué coincidir con el del DNI. Bastaría con que los consejeros del Ibex fueran al Registro Civil al día siguiente de la aprobación de la Ley de Paridad, para cambiarse de sexo y cumplir así la Ley. El experimento social de los socialistas en el selectivo español está servido.
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