Los expertos en herencias avisan: el testamento puede parecer suficiente pero designar a los herederos no soluciona nada
Al hacer testamento es importante dejar claro qué se le deja a cada persona
El importante aviso de un notario sobre los testamentos: «Es mejor heredar…»
Esto es lo que cuesta en España hacer un testamento en 2025: lo que pasa si no lo haces

Hacer testamento parece, para muchos, la forma definitiva de dejar todo resuelto. Nombras a los hijos, repartes «a partes iguales» y no tienes que darle más vueltas, pero lo cierto es que no siempre funciona así. De hecho, cada vez más expertos en herencias advierten de que ese planteamiento, aunque suene lógico, puede quedarse muy corto.
El problema no suele estar en quién hereda, sino en qué hereda cada uno. Porque una cosa es decir quién tiene derecho a la herencia y otra muy distinta decidir cómo se reparten los bienes. Y ahí es donde empiezan los líos, sobre todo cuando la herencia consta de pisos, locales o patrimonio que no se puede dividir fácilmente. Por este motivo, y en muchos casos, lo que parecía un testamento claro acaba obligando a los herederos a sentarse, discutir y negociar algo que podría haberse dejado resuelto desde el principio. Y no siempre es sencillo.
Los expertos en herencias avisan sobre el testamento «a partes iguales»
Es una de las frases más repetidas en los testamentos. También una de las más engañosas, porque repartir a partes iguales no significa que cada heredero vaya a recibir exactamente lo mismo en forma de bienes. Imaginemos una herencia con un piso, un garaje y dinero en el banco. Sobre el papel, todo se puede dividir. Pero en la práctica, alguien tendrá que quedarse con el piso, otro con el parking y otro con el dinero pero se deberán ajustar cuentas para que realmente sea «a partes iguales» y es ahí cuando surgen las disputas.
Los expertos lo explican dejando claro que no se reparten objetos, se reparte valor. Y eso obliga a tomar decisiones concretas que, si no están previstas, pasan directamente a los herederos. El problema es que no todos ven las cosas igual.
Compartir un bien suele ser sólo aplazar el conflicto
Cuando no hay un reparto claro, muchas herencias acaban en lo que se conoce como proindiviso y que consiste en que varios herederos comparten un mismo bien. Es una solución rápida, pero rara vez definitiva. Y el ejemplo más típico es el de la vivienda familiar. Dos hermanos heredan el piso. Uno quiere vender, otro prefiere alquilar o incluso quedárselo. ¿Qué se hace entonces? Si no hay acuerdo, el conflicto está servido.
A veces se intenta mantener esa situación durante años para no tomar una decisión incómoda. Pero lo habitual es que el problema no desaparezca, sino que crezca. Basta con que cambien las circunstancias de uno de los herederos para que todo salte por los aires. Y por eso, muchos especialistas insisten en evitar este tipo de situaciones. Porque lo que parece una salida fácil suele acabar generando más problemas con el tiempo. Y no solo económicos, también personales.
Anticipar el reparto es lo que realmente marca la diferencia
Aquí está la clave ya que no basta con decir quién hereda. Lo importante es dejar lo más claro posible quién se queda con cada cosa algo que realmente puede cambiar el escenario. Lo más habitual es hacerlo por lotes, es decir, que un heredero se quede con un inmueble, otro con otro bien y, si hace falta, compensar con dinero para equilibrar. No es perfecto, pero evita muchas discusiones. Además, esto permite tener en cuenta otro factor que a menudo se pasa por alto y que son los impuestos por heredar.
Los tres momentos en los que suelen aparecer los conflictos
Aunque muchas familias creen que el problema surge sólo al final, lo cierto es que los desacuerdos pueden aparecer en varias fases del proceso. Y cada una tiene su propia dificultad. El primero suele ser el inventario. Es decir, decidir qué bienes forman parte realmente de la herencia. A veces no está tan claro como parece, y ahí empiezan las primeras discusiones.
El segundo momento llega con la valoración. No todos los herederos ven igual cuánto vale un inmueble, un terreno o incluso un negocio. Y esa diferencia de percepción puede complicar mucho el reparto. Por último, está la adjudicación. Es decir, quién se queda con cada cosa. Aquí es donde todo se concreta y donde, si no hay un plan previo, las posturas pueden volverse más rígidas.
Cuando no hay acuerdo, la solución pasa por el juzgado
Si el testamento no deja claro el reparto y los herederos no consiguen entenderse, la situación puede terminar en manos de un juez. Es el escenario que casi todos quieren evitar, pero ocurre más de lo que parece. El problema es que ese camino implica tiempo, dinero y desgaste, y muchas veces el resultado final no es muy distinto del que se podría haber alcanzado con un acuerdo previo. Por eso, los expertos insisten tanto en planificar bien. No se trata sólo de cumplir con el trámite de hacer testamento, sino de pensar en lo que pasará después.
Pensar en el día después cambia el testamento
Una de las recomendaciones más repetidas es ponerse en la piel de los herederos antes de redactar el testamento. Ver qué bienes hay, cómo podrían repartirse y qué problemas pueden surgir. También conviene revisarlo con el tiempo ya que las circunstancias cambian y tal vez se tengan que hacer cambios. Al final, la idea es bastante sencilla. Nombrar herederos es necesario, pero mucho más es saber qué se le deja a cada uno de ellos.