Calviño presume de que España es el país más atractivo para los inversores tras masacrarlos a impuestos
España es uno de los mejores países del mundo, según la vicepresidenta Nadia Calviño. Está entre los principales destinos de la inversión extranjera y somos uno de los más competitivos del planeta. Este es el mensaje principal que lanzó este jueves durante la celebración del Spain Investor Day, una iniciativa de la empresa Estudio de Comunicación que ya va por su tercera edición y cuyo objetivo es relanzar al país como destino de los capitales exteriores. Pero la realidad desmiente el optimismo desplegado por Calviño, al que seguramente estaba obligada dada la concurrencia en el acto de importantes empresarios y ejecutivos del país.
Un día antes, el pasado miércoles, se conoció que los españoles realizan un esfuerzo fiscal -relación entre los impuestos que se pagan y la renta per cápita- muy superior al del resto de la Unión Europea. Según el Índice de Competitividad Fiscal 2022, elaborado por el Instituto de Estudios Económicos y Tax Foundation, los contribuyentes en España soportan una carga impositiva en función de su renta un 52,8% superior a la de la UE. Este indicador tiene en cuenta las rentas obtenidas por los ciudadanos porque no es lo mismo pagar una determinada cantidad de impuestos con un nivel de ingresos que con otro, suponiendo un sacrificio mayor -a igualdad de tributos pagados- para aquellos estados que presentan menores niveles de riqueza personal. Entre las grandes economías avanzadas, ninguna exhibe un esfuerzo fiscal superior al español. O dicho de otra manera, y desde el punto de vista de los impuestos, todas ellas son mucho más atractivas para la inversión, tanto doméstica como internacional.
La vicepresidenta quiso aprovechar su presencia en el foro de inversores para lanzar un mensaje de confianza. Para ello esgrimió que el PIB habrá crecido -todavía no se conocen los datos oficiales definitivos- por encima del 5%, que la inflación ha acabado el año como la más baja de la zona euro -en el 5,6%- y que el mercado laboral se está comportando de manera robusta, habiéndose batido la cifra de veinte millones de empleos. Pero todos estos supuestos son engañosos.
En términos anualizados, y descontando el efecto de comparación estadística, lo cierto es que la actividad económica ofrece un ritmo de crecimiento inferior al 3% -en el tercer trimestre de 2022, el aumento fue sólo del 0,1% y en el cuarto se espera una cifra similar-. Por otra parte, es muy probable que la inflación repunte el año próximo si se tiene en cuenta que el índice subyacente -sin tener en cuenta los alimentos ni la energía- está en el 6,9%, muy por encima de la media de la UE. Finalmente, las cifras de empleo están distorsionadas por la explosión de los contratos de fijos discontinuos, que no contabilizan como parados aunque estén inactivos durante un periodo de tiempo.
La responsable de Economía está convencida de que las presuntas fortalezas del país se reforzarán gracias a los fondos europeos. En su opinión, la aplicación de dichos fondos, para los que se ha previsto un programa de ayuda a las autonomías y municipios a fin de que puedan ejecutarlos en tiempo y forma, podría «impulsar el PIB de España en torno a tres puntos en los próximos años y servirá para atraer inversión y talento a nuestro país». Pero igual que ocurre con todas sus afirmaciones anteriores, estas declaraciones también son poco fidedignas, así como controvertidas. Las instituciones europeas llevan tiempo desconfiando de la capacidad del Gobierno para ejecutar las ayudas solicitadas a la UE.
De hecho, la Comisión ha solicitado reunirse con cuatro ministros para averiguar en qué se ha gastado el Ejecutivo de Pedro Sánchez los 40.000 millones que ya ha entregado la UE a nuestro país de los fondos Next Generation. Se trata de la propia Nadia Calviño (Economía), María Jesús Montero (Hacienda), José Luis Escrivá (Seguridad Social) y Reyes Maroto (Industria y candidata socialista a la Alcaldía de Madrid). Adicionalmente, la vicepresidenta Calviño ha solicitado otros 84.000 millones en préstamos a Bruselas para completar el plan de inversiones que se pretende poner en marcha en el país, y que en su opinión va a ser el más ambicioso de la historia.
De momento, sólo podemos constatar lo que hace unos meses dijo la eurodiputada alemana Monika Hohlmeier, presidenta de la Comisión de Control Presupuestario del Parlamento Europeo: «No tenemos ni idea en qué se ha gastado el Gobierno español los millones de euros que Europa ha remitido a Madrid. Ni idea. Y aquí tenemos una responsabilidad y no le puedo decir a nadie en qué se está gastando el dinero en España. No se lo puedo explicar a nadie. Ni idea de cómo lo gasta. Esto no es presentable. Esto no es aceptable», añadió. Las reticencias en Europa coinciden con las reiteradas quejas de los municipios y de las autonomías españolas de todo signo político sobre el ritmo de recepción de los fondos y las dificultades para aplicarlos.
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