Economía
Los mercados descuentan una ligera relajación de la política monetaria

El BCE seguirá la estela de la Fed y optará por subir tipos un 0,5% aunque la inflación está en el 10%

Los mercados descuentan que la Reserva Federal de Estados Unidos subirá hoy los tipos de interés un 0,5%, aflojando la mano en su política de normalización monetaria, y que lo mismo hará mañana el Banco Central Europeo, suavizando su escalada de los últimos meses a pesar de que la inflación media en la zona euro sigue en el entorno del 10% mientras el último dato americano de noviembre, conocido el pasado martes, la sitúa en el 7,1%. Medios del BCE consultados por OKDIARIO restan importancia al hecho de si la subida será del 0,5% o del 0,75% -como ha ocurrido en las dos últimas sesiones-. «Lo importante es que seguiremos reafirmando nuestra política de hacer todo lo posible hasta que la desaceleración de la inflación sea consistente y se acerque el objetivo final del 2%, que es nuestro mandato fundacional», aseguran.

Pero aún queda mucho para eso. La institución de Fráncfort prevé que la inflación media de la UE sólo se instale en el 7% pasado el primer trimestre de 2023, lo que exigirá proseguir con las subidas continuadas de los tipos de interés. Los mercados, sin embargo, insisten en señalar las diferencias en el comportamiento de los órganos reguladores de los dos continentes. Uno de los inversores consultados señala que en Estados Unidos «se han hecho los deberes y que después de cuatro subidas consecutivas de 75 puntos básicos se empieza a percibir un control claro sobre la demanda sin haber incurrido en la recesión, de manera que los tipos pueden acabar en un techo del 5% o del 5,5% como máximo».

De acuerdo con estas fuentes, la situación es completamente diferente en Europa, donde se han disipado algunos riesgos como la falta de suministro de gas en Alemania y se ha desacelerado la subida de las materias primas, pero donde la demanda sigue fuerte, debido a las políticas presupuestarias generalmente expansivas de los gobiernos -de algunos en especial como el español-, más la suma de los paquetes de compensación decididos para aliviar a los ciudadanos de los efectos de la crisis y a los fondos de ayuda europeos de nueva generación. «La combinación de todos estos factores es una suerte de conjura contra el debilitamiento de la demanda y por tanto de la inflación, por lo que el BCE quizá debería hacer más lo que ha demostrado hasta la fecha», apuntan.

Tanto la FED como el BCE minusvaloraron al principio la explosión del crecimiento de los precios al interpretar que era básicamente atribuible a un choque de oferta y que tendría efectos transitorios. Pero esta idea se desechó al poco tiempo al comprobar que la inflación se había incrustado en el sistema y que tenía más que ver con las políticas monetarias expansivas puestas en marcha durante los últimos años, que habían impulsado sostenidamente -y todavía siguen manteniendo- la demanda. «La FED reaccionó rápidamente al cambio de percepción y ha hecho los deberes, incluso ha sido determinante para que la política fiscal del Gobierno de Biden esté más controlada, pero en Europa esto no ha sucedido hasta la fecha,  lo que constituye un elemento de presión más a futuro sobre el BCE», afirman las fuentes consultadas. De hecho, en su última reunión del mes pasado, el banco se negó a establecer el techo máximo que considera el óptimo para controlar los precios.

Como informó ayer OKDIARIO, en Europa hay una guerra soterrada entre la Comisión de Bruselas y el BCE, como demuestran las estrategias dispares de cada institución. Tanto la presidenta Lagarde como el vicepresidente Luis de Guindos han recordado con insistencia en que las políticas fiscales de los Gobiernos sean solidarias y no contraríen la lucha contra la inflación aprobando más gasto público del debido e incluyendo en sus planes presupuestarios costes de carácter estructural, pero el Ejecutivo de Bruselas ha optado hasta la fecha por mirar hacia otro lado sobre los presupuestos presentados por los países miembros -el caso del español es emblemático- y por transmitir la idea que la situación económica no es demasiado preocupante. Esta disputa acabará teniendo consecuencias sobre las primas de riesgo, que a medio plazo sólo pueden subir, encareciendo la financiación de los estados, una tendencia que aún se agravará cuando el BCE comience a reducir su balance y deje de atender los vencimientos de la abultada cartera de bonos públicos que tiene en su poder.