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Adiós a pagar como hasta ahora: el cambio que llega a la UE a partir de este día y ya es oficial

En los últimos años hemos ido cambiando la forma de pagar casi sin darnos cuenta. Y no sólo porque parece que ahora todo lo pagamos con tarjeta. También hacemos mucho uso del móvil, los smartwatches y como no, aplicaciones de pago que permiten enviar dinero en segundos. De este modo, hoy es perfectamente posible pasar semanas sin sacar efectivo, y esa manera nueva de mover el dinero ha obligado a la Unión Europea a plantearse algo que parecía muy lejano: cómo asegurarse de que, en un mundo tan digital, el dinero público siga siendo realmente accesible para todo el mundo.

Porque este giro no sólo tiene que ver con la comodidad a la hora de hacer pagos o transacciones de dinero, sino que cada paso que se da hacia los pagos digitales, provoca que el sistema dependa un poco más de bancos privados, de grandes plataformas tecnológicas y de redes que no siempre están bajo control europeo. Y esa dependencia preocupa en Bruselas, sobre todo pensando en quienes todavía necesitan efectivo, en quienes no manejan bien la tecnología o en la posibilidad de que un fallo deje a media Europa sin poder pagar una simple compra. Por eso, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo llevan tiempo trabajando en un movimiento que, según reconocen, puede convertirse en uno de los grandes cambios desde la llegada del euro. No buscan eliminar nada de lo que existe, sino sumar una nueva pieza que encaje en un escenario que ya no se parece al de hace dos décadas.

Adiós a pagar como hasta ahora: el cambio que llega a la UE a partir de este día

Ese cambio que ya prepara la UE y que nos hará decir adiós al modo en el que hemos pagado hasta ahora, no es otro que el euro digital. Y, pese a lo que mucha gente piensa, no se trata de un nuevo euro que venga a sustituir los billetes ni las monedas. De hecho, el efectivo seguirá existiendo, seguirá circulando y seguirá siendo válido. La idea es más sencilla y más ambiciosa a la vez ya que consiste crear una versión digital del dinero público que no dependa de intermediarios privados.

Esto significa que cualquier ciudadano podría usarlo sin necesidad de tener cuenta bancaria, sin comisiones y sin tener que pasar por plataformas que hoy controlan buena parte de las transacciones. Una especie de monedero digital respaldado directamente por el BCE, tan oficial como el dinero físico que podemos tener pero pensado para un mundo donde casi todo pasa por el móvil.

Además, la UE quiere que este euro digital pueda funcionar incluso sin conexión a internet en determinados casos. No se trata de ciencia ficción, sino que buscan garantizar que, si alguna vez falla la red o se produce un apagón, la gente pueda seguir pagando lo básico. Es una manera de proteger a los ciudadanos ante situaciones que ahora mismo dejarían a media población sin herramientas, teniendo en cuenta que cada vez más se dan situaciones en las que no llevamos efectivo y lo hacemos todo con la tarjeta.

Qué pretende Bruselas con este movimiento

Los objetivos son dos y están muy marcados. Por un lado, que el dinero público siga siendo accesible en una sociedad donde los pagos electrónicos han pasado a ser lo habitual. Por otro, reducir la dependencia de sistemas extranjeros o privados que, en casos extremos, podrían dejar sin margen de maniobra a Europa.

No es solo una cuestión técnica, también es una cuestión de soberanía. Si la vida entera pasa por plataformas de pago que no controla la UE, el margen de actuación ante un problema es menor. Con el euro digital, Bruselas quiere tener alternativas propias, seguras y estables.

Cuándo llegará este cambio y cómo afectará al ciudadano

Aunque el proyecto ya está muy avanzado, no habrá cambios inmediatos. La normativa aún está en debate y su aplicación será progresiva. Si todo sigue el calendario previsto, las primeras pruebas reales del euro digital se verán en 2027, con implantación gradual hacia 2029. Hasta entonces, nada cambia para el consumidor:

La transición será lenta, casi silenciosa, y convivirá con los métodos actuales sin imponer nada. La UE insiste en que este sistema no llega para obligar a cambiar hábitos, sino para ofrecer una alternativa pública en un entorno donde lo digital ya manda.

Los expertos hablan de un cambio histórico con respecto al euro digital. Puede que no se note de golpe, como tampoco se notó el impacto real del euro hasta que ya estaba en los bolsillos, pero la creación del euro digital será un punto de inflexión, marcando cómo se moverá el dinero en las próximas décadas y, sobre todo, quién lo controla.