Juegos Olímpicos

Nadia Comaneci, 50 años después de su ejercicio perfecto: «Al competir sentí pánico, pero cambió mi vida»

La rumana logró a los 14 años el primer diez de la historia en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976

Conversa con OKDIARIO sobre una de las mayores hazañas de la historia del deporte

Nadia Comaneci

Los presentes en el Forum de Montreal, allá por el verano de 1976, se miraban unos a otros con gesto contrariado. Nadia Comaneci había clavado su recepción sobre el tapiz, pero relacionaban lo visto con la puntuación obtenida. El marcador lucía un 1,00, lejos de lo que sus ojos habían presenciado. El murmullo corrió como la pólvora por la grada hasta que la incógnita quedó resuelta en el imaginario popular. Era un 10, no un 1,00.

Al marcador Omega le ocurrió lo mismo que a los espectadores, no estaba preparado para reflejar una calificación de 10 porque nadie imaginaba que pudiera conseguirse. No podía reproducir cuatro dígitos, únicamente tres. «Llevo tatuado el 1,00», dice Nadia Comaneci a OKDIARIO mientras enseña la zona interior de su tobillo. «Cuando hice el ejercicio no pensé que era perfecto, de hecho, estaba pensando en el siguiente. Pero escuché un estruendo y vi mi dorsal en el marcador. Miré a mis compañeras de equipo y me hicieron un gesto de no entender lo que pasaba hasta que nos dimos cuenta. Todo fue muy rápido», añade.

Una pequeña niña de 14 años había llevado el deporte a otra dimensión, una cuyo descubrimiento ni siquiera figuraba como posibilidad. «Me emociono cuando lo veo porque me doy cuenta de que tenía 14 años, y era tan valiente y estaba tan segura de mí misma. Me pregunto cómo pude hacerlo. Cuando entras a una competición con 12.000 personas, sientes algo en el estómago que no puedes explicar. Hay un poco de ansiedad, un poco de pánico y te preguntas si estás lo suficientemente preparada para afrontar esto. Recuerdo que esos 17 segundos de historia cambiaron la vida que tengo hoy», rememora durante su entrevista con OKDIARIO.

Ni la propia Comaneci se lo esperaba. «Durante los entrenamientos previos no pensé que podía alcanzar un diez. Si pensé que el ejercicio era bueno. De hecho, creía que podía hacer 9,95 de puntuación. Los jueces creyeron que merecía más», asegura. Nadiesco se convirtió en un neologismo para definir lo bello y perfecto. Este año se cumplen cinco décadas de cuando Comaneci alcanzó la perfección. Se sigue hablando de aquello medio siglo después. «Tú ni habías nacido cuándo lo hice», espeta Comaneci entre risas a quien escribe estas líneas.

«Eso es el legado, que gente como tú, que ni había nacido, hable de ello hoy en día. En el deporte se dice que los récords están para romperse, pero me he dado cuenta de que hay dos cosas que nunca se romperán. Fue el primer perfecto y el más joven», detalla. La niña que nunca sonreía se fue de Montreal con siete dieces (tres en las asimétricas y cuatro en la barra de equilibrios), cinco medallas olímpicas y redefinió los límites del deporte.

Su figura trascendió fronteras ideológicas en plena Guerra Fría. Ahora es embajadora de los Laureus, los Oscar del deporte. «Tienes que contar a tus descendientes lo que hice, no puede olvidarse», dice una vez finalizada la conversación con este periódico. Medio siglo después, el eco de su ejercicio perfecto no ha perdido fuerza.

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