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El Chelsea deja a Guardiola sin Champions

El Chelsea se proclama campeón de la Champions League por segunda vez en su historia tras vencer al Manchester City (0-1) en la final. Un gol de Havertz deja a Guardiola sin un título que se le sigue resistiendo diez años después. Tuchel ganó el duelo táctico al entrenador español en un partido en el que Thiago Silva y De Bruyne se tuvieron que marchar por lesión

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Han pasado diez años y Guardiola sigue sin levantar la Champions League. 3.654 días desde que el Barcelona ganara en Wembley al Manchester United. Desde ese momento, el técnico de Sampedor ha intentado una y otra vez dominar Europa… sin éxito. Ni con el Barça, ni con el Bayern, ni con el Manchester City. Ni con miles de millones gastados ni con decenas de jugadores fichados. Esta vez fue el Chelsea quien le dejaba con las ganas. Los de Tuchel se impusieron 0-1 en la gran final de Oporto gracias a un gol de Havertz que da a los londinenses la segunda Orejona de su historia.

Guardiola fue protagonista desde antes del inicio por apostar por una alineación ultraofensiva que se podría catalogar casi de suicida. Guardiolada, que dirían algunos. El técnico se olvidó de los centrocampistas de perfil defensivo y colocó en la manija a Gündogan, Foden y Bernardo Silva, liberando a un De Bruyne que hacía de falso 9. Los cuatro españoles convocados por Luis Enrique se quedaban en el banquillo. El transcurso del partido dijo que se equivocó. Sobre todo cuando tuvo que corregir en la segunda mitad dando entrada a Fernandinho para equilibrar lo que no se sostenía.

Tras los primeros típicos minutos de transición en un partido de estas características, la primera ocasión del partido llegaba a los 7 minutos en las botas de Sterling, la gran novedad en el once de Pep, tras un pase espectacular del portero Ederson desde 80 metros.

Los nervios de Pep

A partir de ahí comenzó un toma y daca de ocasiones que hacían levantarse del asiento cada poco a los más de 14.000 espectadores que poblaban las gradas del estadio de Do Dragao. El partido se puso divertido. Werner rozaba el gol con un disparo que acababa en las manos de Ederson y el Chelsea parecía estar más cerca de su objetivo. Eso no gustaba a un Guardiola que se ponía nervioso en el banquillo.

Sin embargo, su equipo no se contagiaba de los aspavientos desde la banda de su técnico. Poco a poco comenzaban a poseer el balón e iban dominando el juego como acostumbran. La salida de la pelota era, cuanto menos, sorprendente pero efectiva. Zinchenko, el teórico lateral izquierdo se colocaba en posición de 10. Y así comenzaban a incomodar a un Chelsea que se llevaba algún que otro susto. Foden iba a avisar, pero Rudiger medía el timing perfecto para evitar el gol en el minuto 27.

El partido se paró cuando Thiago Silva se lesionaba en una acción en la que Gündogan sólo vio una tarjeta amarilla que era muy anaranjada. Mateu Lahoz, árbitro del partido, tiró de su particular permisividad para no expulsar al alemán. Unos minutos de pausa que beneficiaron más a los azules oscuros. El frenazo despistó al City que se iba a poner por debajo en el marcador.

Havertz, decisivo

Corría el minuto 42 cuando Mount, el mejor jugador del Chelsea en el tramo final de la temporada, iba a ser decisivo con una asistencia genial que dejaba sólo en el mano a mano a Havertz contra Ederson. El alemán se llevó al portero en el regate y materializó a puerta vacía. El movimiento en el desmarque de Werner también tuvo mucho que ver para que todo acabase como deseaba Tuchel para adelantarse en el marcador.

La segunda parte comenzó con un brutal choque entre De Bruyne y Rudiger que dejaba KO y fuera del partido al jugador belga que se marchaba llorando. Más problemas para Guardiola, que se desesperaba en busca de una solución que le permitiese engancharse a una final que se le escapaba.

Acertó Mateu

Mateu Lahoz también iba a ser protagonista… para bien. El colegiado valenciano acertó en el minuto 59 cuando los jugadores del City reclamaban un penalti por mano de James. El español decía que no y explicaba que el balón pegaba en el pecho del defensor del Chelsea antes de llegar al brazo. El VAR refrendaba su decisión. Acierto.

El City iba a la desesperada en los últimos minutos con la entrada del Kun Agüero, que disputaba su último partido antes de su llegada (presumiblemente) al Barça. Pero ni aún así. El Chelsea aguantaba y el City no era capaz de encerrarles atrás. Los cambios de Tuchel fortalecían a un equipo hecho a gusto del entrenador.

Porque el triunfo del Chelsea es el triunfo de Tuchel. El entrenador alemán era despedido en diciembre del PSG de manera inexplicable. En ese momento, Abramovich veía como el equipo en el que había invertido muchos millones comprando a jugadores como Werner, Ziyech, Havertz o Chilwell deambulaba por mitad de la tabla en la Premier y muchos le consideraban muy inferior al Atlético de Madrid en el duelo de octavos de Champions. Pero todo cambió con su llegada. Lavó la cara al equipo, le dotó de un sistema defensivo casi inexpugnable y tras cargarse al equipo rojiblanco, al Oporto y al Real Madrid se plantó en una final en la que ganó al más favorito de todo. En París aún se lamentan por la decisión tomada.