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Ni pintura ni masilla: el sencillo truco que todos olvidamos para evitar la humedad en casa, según la OCU

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), conocida por sus análisis y recomendaciones en materia de consumo, ha abordado en varias ocasiones cómo evitar la humedad en el hogar. El problema no es menor: según señalan en uno de sus artículos web, el 38% de los siniestros domésticos están vinculados con el agua.

Aunque muchas personas recurren a soluciones superficiales cuando aparecen las primeras manchas, la clave para evitar la humedad no siempre está en cubrir el síntoma. La prevención y el mantenimiento periódico del edificio desempeñan un papel determinante para impedir que el agua penetre en la estructura y genere daños que obliguen a realizar obras mayores.

¿Cuál es el truco que recuerda la OCU para evitar la humedad en casa?

Cuando se habla de evitar la humedad, la atención suele centrarse en el interior de la vivienda. Sin embargo, uno de los factores más determinantes se encuentra en el exterior: la fachada, la cubierta y los elementos de evacuación de agua.

La fachada actúa como envolvente protectora del inmueble. Su función principal es garantizar la estanqueidad, es decir, impedir que el agua de lluvia atraviese los materiales porosos como ladrillos, mortero u hormigón. Con el paso del tiempo, los revestimientos pierden capacidad hidrófuga debido a:

Dicho esto, el truco que recuerda la OCU es revisar el estado del revestimiento al menos cada tres años. Esto permite detectar si ha comenzado a absorber agua en lugar de repelerla.

Grietas y fisuras: pequeñas señales que anticipan filtraciones

Uno de los errores más habituales consiste en ignorar pequeñas grietas en la fachada. A simple vista pueden parecer insignificantes, pero constituyen auténticas vías de entrada para el agua.

Cuando llueve, el agua se desliza por la superficie del edificio. Si encuentra una fisura, la combinación de viento y tensión superficial facilita su penetración hacia el interior del muro.

Este fenómeno provoca que la humedad quede atrapada en cámaras de aire o en el aislamiento, generando manchas y deterioro progresivo.

Y aquí viene otro truco de la OCU: detectar y sellar estas grietas en una fase temprana es fundamental para evitar la humedad estructural. El coste de una intervención preventiva es considerablemente inferior al de sanear muros dañados o sustituir aislamiento afectado por filtraciones prolongadas.

Deformaciones y desprendimientos: señales de alerta estructural

Más allá de las fisuras, existen otros indicios que conviene vigilar. Abombamientos en el mortero, desprendimientos de azulejos o curvaturas en determinadas zonas pueden anticipar problemas mayores.

Cuando el agua logra atravesar el revestimiento y alcanza la estructura de hormigón armado, puede producirse la oxidación de las armaduras metálicas.

Al oxidarse, el hierro aumenta de volumen, ejerce presión sobre el material que lo recubre y provoca deformaciones visibles. Estas alteraciones no solo afectan a la estética del edificio, sino que comprometen su integridad.

Los puntos más vulnerables suelen localizarse en los siguientes puntos:

Una inspección periódica de estas áreas contribuye a evitar la humedad masiva y a reducir el riesgo de intervenciones de mayor complejidad.

Respetar el intervalo de tres años, clave para evitar la humedad en casa

El mantenimiento preventivo cada tres años responde a criterios técnicos. En ese periodo, las microfisuras generadas por ciclos estacionales pueden evolucionar hasta convertirse en grietas abiertas si no se actúa a tiempo.

Además, intervenir cuando el revestimiento empieza a fallar supone un ahorro considerable frente a la reparación de daños estructurales. Sanear muros afectados por humedad persistente o sustituir materiales deteriorados implica un desembolso muy superior al de una revisión y sellado preventivo.

Por último, la supervisión periódica también facilita el cumplimiento de las obligaciones recogidas en el Libro del Edificio y ayuda a conservar las garantías de los materiales empleados en la construcción.