Alcaraz tira de épica: salva dos bolas de partido y remonta a Fritz para avanzar a semifinales en París
El murciano realizó un ejercicio impecable de gestión emocional para revertir un partido que parecía imposible
De su triunfo se beneficia un Rafa Jódar que se clasifica a las ATP Finals
Apenas diez kilómetros separan el Plenitude Arena de la Philippe Chatrier, lo que tarde uno en cruzar el Sena y el Bois de Boulogne. Menos de veinte minutos en coche. París siempre será un lugar especial para Alcaraz, la Torre Eiffel, tatuada en su tobillo, no deja dudas. Se deslizó sobre la tierra batida con una remontada imposible ante Sinner en 2025 y ahora baila en la pista cubierta ante Fritz. Distinta tarima, coreografía similar. Ante el italiano fueron tres, este viernes levantó dos bolas de partido contra el estadounidense y set en contra (6-7, 7-5, 6-3) para clasificarse a semifinales y de paso meter a Jódar en las ATP Finals.
París vuelve a redescubrir una mente prodigiosa. Se decidió el partido con una foto-finish tras un ejercicio solemne. De plenitud tenística particular por parte de Fritz; de gestión emocional por el lado de Alcaraz. Lo acarició el estadounidense, pero impuso el murciano su fe tras casi tres horas de batalla. Y eso que el partido vino de nalgas a Alcaraz. Comenzó con break a favor, pero se desconectó y cedió su saque y el primer set en el tie break tras un parcial de 12 puntos en contra consecutivos.
Fritz volaba como una mariposa y picaba como una abeja, siempre emergía en el momento justo y con los golpes exactos para cada situación. Le salían todos, incluso aquellos que no suelen figurar en su nómina habitual. Apretaba los dientes Alcaraz, que sufría, pero no perdía las maneras partido. Tampoco su banquillo. «Cree», le decía Samu López. Y creyó tanto que la balanza se fue nivelando poco a poco. Golpe a golpe.
Entendió que, al no tener red, debía optar por el todo o nada. Rock and roll. Necesitaba soltarse la melena, nunca mejor dicho. De perdidos al río. Sacó entonces toda la potencia que le quedaba en su derecha para cortar la hemorragia y salvar la primera bola de partido en contra. Dedo a la oreja y grada encendida. Se había liberado. «Carlos, Carlos», se escuchaba en el encapsulado recinto de París.
Francia coreando el nombre de un tenista español… ¿Les suena la secuencia? Pues eso. Alcaraz crecía tenísticamente desde su madura gestión de las emociones. Ni una sola mueca, ni una sola queja cuando todo le salía cruz. No estaba poniendo excusas, aceptaba la posible derrota y solo desde la aceptación más pura se puede crecer. A Fritz se le empezó a nublar la vista con Alcaraz cada vez más agigantado en el horizonte, pero tenía los argumentos de su lado.
Nueva bola de partido y con saque a favor, el que tanto rédito le había dado a lo largo del partido. Sin embargo, chocó contra la rocosidad de Alcaraz al resto. ‘No tan rápido’. La salvó Alcaraz y logró el ansiado break. De nuevo el dedo a la oreja y la grada más encendida. «Carlos, Carlos». Ahora sí que Fritz tenía un problema, propio y ajeno. Alcaraz ya no paró. Abrochó su servicio y se apuntó el set con otro break. ¿Quién dijo miedo?
Lo sintió Fritz. Siempre es difícil cerrar un partido, más cuando es ante Alcaraz y más con una semifinal en juego. El ejercicio de gestión emocional había sido un éxito y después, toque de corneta. Derechas ganadoras, mejores servicios y buena lectura del juego. Alcaraz había teñido de color todo lo que antes pintaba negro y Fritz solo pudo esbozar una sonrisa irónica. De tenerlo en la mano a quedarse de vacío. De la Philippe Chatrier al Plenitude Arena. De Sinner a Fritz. A Alcaraz siempre le quedará París.
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