Psicología

Según la psicología, las personas que no saludan a sus conocidos por la calle no son antipáticas, en realidad sufren fatiga mental y ansiedad social

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Persona ignora el saludo de otra. (Foto generada con IA)
Blanca Espada

Cruzar la mirada con alguien que conocemos y que pase de largo sin decir ni hola es una situación bastante habitual. Nos puede pasar con un compañero de trabajo, un vecino y a veces incluso con un amigo, y puede que lo primero que pensemos es que nos está ignorando, aunque no siempre tiene porque ser así. De hecho, la psicología ofrece varias explicaciones para este comportamiento, y entre las que están el cansancio mental, o también la inseguridad que sienten algunas personas cuando tienen que relacionarse con los demás. Sólo hay que pensar que tras una jornada complicada, una conversación inesperada puede ser lo último que quiera tener esa persona. Y luego están también quienes evitan determinados encuentros por miedo a quedarse sin palabras o sentirse juzgados, mientras que otras veces no existe ningún motivo especial: simplemente estamos distraídos y no nos damos cuenta de quién acaba de pasar por nuestro lado.

Por este motivo, juzgar el comportamiento de alguien, como el hecho de que no salude cuando nos ve, puede llevarnos a conclusiones equivocadas. La persona que hoy parece esquivarnos quizá mañana se acerque a conversar con total normalidad. Los especialistas recuerdan que nuestras ganas de relacionarnos no son siempre las mismas y pueden cambiar dependiendo del momento personal que atravesamos. Además, conviene distinguir entre alguien que evita deliberadamente un encuentro y quien apenas presta atención a lo que sucede a su alrededor. Aunque desde fuera ambas situaciones parezcan idénticas, sus motivos pueden ser completamente diferentes.

Por qué hay personas que no saludan por la calle, según la psicología

Terminar una jornada de trabajo agotadora y encontrarse con alguien que quiere ponerse al día no siempre resulta agradable. Quizá nos caiga estupendamente, pero llevamos tantas horas pendientes de otras personas que sólo queremos llegar a casa. En estas situaciones puede intervenir la fatiga mental, un estado de agotamiento que dificulta mantener la atención y reduce las ganas de afrontar nuevas exigencias.

Cuando acumulamos demasiadas preocupaciones, hasta una charla de cinco minutos puede parecernos excesiva. Hay que escuchar, contestar preguntas y mostrar interés, algo que normalmente hacemos sin esfuerzo, pero que resulta más complicado cuando estamos cansados. Por eso, algunas personas prefieren evitar conversaciones inesperadas. No necesariamente sienten rechazo hacia sus conocidos sino que en realidad es más fácil y tiene que ver, con que ese día no están para hablar con nadie.

Sin embargo, el agotamiento no explica todos los casos. El psicólogo Marcelo Ceberio, en unas declaraciones recogidas por HuffPost, ha abordado cómo una imagen negativa de uno mismo puede influir en las relaciones sociales. Algunas personas llegan a pensar que molestan o que los demás no tienen interés en conversar con ellas. Esa inseguridad puede hacer que un encuentro aparentemente inofensivo termine convirtiéndose en una situación incómoda.

Por otro lado, el psiquiatra francés Christophe André también ha estudiado el miedo al juicio ajeno. En las personas que experimentan ansiedad social, la posibilidad de hacer el ridículo o causar una mala impresión puede favorecer la evitación de ciertos encuentros. Ahora bien, sentirse incómodo ante una conversación no significa sufrir un trastorno psicológico. La timidez, el cansancio y la ansiedad social son cuestiones diferentes que no deben confundirse con la salud mental.

Qué significa que un conocido te vea y no te salude

A veces estamos convencidos de que alguien nos ha visto porque ha mirado directamente hacia nosotros. Sin embargo, una cosa es mirar y otra prestar atención. Cuando caminamos pensando en una discusión, una reunión pendiente o los problemas de casa, podemos dejar de fijarnos en detalles que normalmente reconoceríamos enseguida. También influye la prisa. Una persona que intenta llegar a tiempo a una cita puede reconocer a un conocido y decidir que no tiene ocasión de detenerse.

No tener ganas de conversar tampoco convierte automáticamente a alguien en una persona antipática. Cada uno gestiona de manera diferente sus relaciones y sus momentos de descanso. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) explica que quienes padecen un trastorno de ansiedad social pueden tener dificultades para mantener el contacto visual y evitar situaciones en las que sienten que serán evaluados. No obstante, el organismo aclara que este trastorno implica un miedo persistente que interfiere en la vida cotidiana. Por tanto, no se puede atribuir ansiedad social a alguien únicamente porque no haya devuelto un saludo.

¿Y cómo deberíamos actuar cuando ocurre? Lo más razonable es no dar por hecho que existe un problema personal. Si tenemos confianza con esa persona, siempre podemos preguntarle otro día si llegó a vernos. Puede que estuviera preocupada, que tuviera prisa o que ni siquiera se diera cuenta de nuestra presencia. Eso sí, tampoco hay que descartar que alguien decida ignorarnos voluntariamente. No todos los saludos que faltan esconden cansancio o inseguridad sino que en ocasiones, simplemente no existe interés en mantener el contacto.

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