Reflexión

Immanuel Kant, filósofo alemán, sobre el arte: «El artista no necesita modelos bellos; la belleza la pone él en todo lo que hace»

Pintor con delantal manchado de pintura y varios pinceles en el bolsillo. Foto: Magnific
Pintor con delantal manchado de pintura y varios pinceles en el bolsillo. Foto: Magnific
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La relación entre el artista y la belleza ocupa una parte central de la Crítica del juicio (Kritik der Urteilskraft, en el original en alemán), la obra que Immanuel Kant publicó en 1790. En ella, el filósofo alemán separa la belleza que se encuentra en la naturaleza de la que produce el arte.

Esa distinción le permitió explicar por qué una pintura puede resultar bella aunque retrate algo desagradable. También le sirvió para definir el genio, la capacidad que, a su juicio, distingue al creador de quien solo copia lo que ve.

¿Por qué la belleza la pone el artista, según Kant?

La frase «El artista no necesita modelos bellos; la belleza la pone él en todo lo que hace» traslada la belleza del objeto retratado a la mirada y el oficio de quien lo representa.

La idea coincide con una distinción que Kant planteó en el parágrafo 48 de la Crítica del juicio. Según la traducción inglesa de la obra que conserva el Proyecto Gutenberg, el filósofo escribió que «una belleza natural es una cosa bella; la belleza artística es una bella representación de una cosa».

Para juzgar la primera basta con el gusto, mientras que la segunda exige genio. De esa diferencia nace la ventaja que Kant reconocía en el arte bello, ya que puede describir como bellas cosas que en la naturaleza serían feas o desagradables.

Kant puso como ejemplo a las furias, las enfermedades y las devastaciones de la guerra, que pueden aparecer «muy bellas» en una descripción o en un cuadro. Solo exceptuó un tipo de fealdad, la que provoca asco, porque esa reacción anula la satisfacción estética. Por ese motivo, según el filósofo, la escultura evita representar esa clase de objetos.

La reflexión atribuida a Immanuel Kant aparece recogida en El gran libro de las frases célebres, de Arturo Ortega Blake (Grijalbo, 2013).

El genio artístico frente a la imitación, según Kant

En el parágrafo 46 de la misma obra, Kant también definió el genio como «la disposición mental innata a través de la cual la naturaleza da la regla al arte». De esa definición derivó dos rasgos. La originalidad debía ser su primera propiedad, y sus productos tenían que funcionar como modelos para otros.

Así, en el parágrafo siguiente, el filósofo afirmó que «todo el mundo está de acuerdo en que el genio se opone por completo al espíritu de imitación». Según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford, esa capacidad natural produce objetos bellos sin que el artista siga reglas de forma consciente, aunque todo arte presupone reglas.

¿Quién fue Immanuel Kant?

Immanuel Kant nació el 22 de abril de 1724 en Königsberg, entonces capital de Prusia Oriental. Creció en una familia de artesanos modesta, ya que su padre era maestro guarnicionero. Sus padres eran pietistas, y Kant estudió entre los ocho y los quince años en una escuela de esa corriente religiosa.

Más tarde, ingresó en la Universidad de Königsberg. Tras sus estudios, trabajó seis años como tutor privado de niños fuera de la ciudad. En 1755 empezó a dar clases en esa universidad sin salario fijo, puesto que eran los estudiantes quienes le pagaban directamente.

En 1770, con 46 años, obtuvo la cátedra de Lógica y Metafísica. Según la entrada biográfica de la Enciclopedia de Stanford, publicó la Crítica de la razón pura en 1781 y la Crítica de la razón práctica en 1788. Con la Crítica del juicio, Kant dio por cerrado su proyecto crítico. La obra aborda la estética y la teleología (es decir, el estudio de los fines en la naturaleza).

El filósofo alemán murió el 12 de febrero de 1804, poco antes de cumplir 80 años.

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