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Estratos sociales

Sabes que eres de clase media-baja en España cuando, si se rompe algo en casa, la primera opción siempre es «a ver si esto se puede arreglar»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Hoy, determinar a qué clase social pertenece alguien ya no depende solo de la nómina, sino de una serie de reflejos que se activan sin pensar. La clase media-baja, la que más ha notado la subida de precios de los últimos años, ha convertido ciertos gestos domésticos en toda una forma de vida, casi un manual no escrito que se transmite de generación en generación.

Uno de esos gestos tiene lugar justo después del chasquido, el corte de luz o el ruido extraño que anuncia que algo acaba de estropearse en casa. Ahí, entre la sorpresa y el enfado, hay un instante muy concreto en el que se decide qué hacer con el objeto averiado antes de plantearse siquiera sustituirlo por uno nuevo.

¿Por qué intentar arreglarlo todo es un clásico de la clase media-baja?

La respuesta tiene poco de misterio y mucho de aritmética doméstica. Decir «a ver si esto se puede arreglar» antes de plantearse comprar algo nuevo es un reflejo típico de la clase media-baja, acostumbrada a vivir con un margen tan ajustado que cualquier gasto no previsto obliga a reorganizar el resto del mes.

Ojo, que no es tacañería, sino la respuesta lógica de quien no puede permitirse decidir sin pensarlo dos veces.

Y desde luego, el contexto económico respalda ese instinto. Según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE de 2025, un 36,4% de los hogares españoles no tiene capacidad para afrontar un gasto imprevisto con recursos propios, sin recurrir a préstamos ni pagos a plazos.

En ese escenario, cambiar una lavadora entera por una avería puntual no es tan sencillo como parece: primero se agota la vía del arreglo, y solo si falla se plantea el gasto grande.

Los datos confirman la tendencia: la reparación crece con fuerza en España

Lo que antes era cosa de unos pocos manitas se ha convertido en un fenómeno generalizado y medible. Según aluden informes citados por medios locales, las peticiones para arreglar electrodomésticos aumentaron un 70% en el primer trimestre de 2026 respecto al mismo periodo del año anterior, y el sector ya mueve más de 350 millones de euros al año en España.

En este marco, los electrodomésticos que más se llevan al técnico son el aire acondicionado, las lavadoras y hasta las consolas de videojuegos, mientras que las reparaciones de muebles se han multiplicado por cuatro en apenas un año.

Al respecto, los propios técnicos señalan tres motivos detrás de este cambio de hábito: la subida de precio de los aparatos nuevos, el encarecimiento de la energía y una conciencia ambiental cada vez mayor entre los consumidores.

La ley que pone de su lado a quien prefiere reparar antes que tirar

Este comportamiento, hasta ahora sostenido solo por la necesidad, empieza a tener respaldo legal.

La Directiva europea 2024/1799, aprobada en junio de 2024 y de aplicación en España desde el 31 de julio de 2026, obliga a los fabricantes de lavadoras, frigoríficos, móviles y otros aparatos a garantizar piezas de repuesto durante diez años tras dejar de fabricar un modelo. La garantía legal ya se sitúa en tres años desde 2022.

En la misma línea, el respaldo del continente a reparar antes que sustituir no es casual. Según datos del Parlamento Europeo, el 77% de los ciudadanos de la Unión Europea preferiría reparar un producto antes que comprar otro nuevo.

Cuando esa opción no existe, los hogares pierden unos 12.000 millones de euros al año en sustituciones que un simple recambio podría haber evitado.

Otras señales de la clase media-baja a la hora de reparar en casa

El tornillo de más o la caja de herramientas heredada del padre o del abuelo no son los únicos indicios. Hay todo un patrón de comportamiento doméstico que se repite en las casas donde cada euro cuenta antes de gastarlo, y que suele incluir las siguientes costumbres:

Ese cálculo constante, según coinciden los propios estudios de consumo, responde a una costumbre aprendida en los años en los que estirar cada euro dejó de ser una opción y pasó a ser la norma en miles de hogares españoles, sin que nadie lo llame ahorro ni sacrificio: simplemente, sentido común.

Lo que cuesta mantener una casa en España, en cifras

El gasto medio anual en mantenimiento del hogar en España ya ronda los 1.573 euros por vivienda, un 15% más que hace cuatro años, según los datos del propio INE sobre presupuestos familiares.

Mientras tanto, el gasto medio total por hogar subió otro 3,1% en 2025, hasta los 35.101 euros, con la partida de vivienda, agua, electricidad y gas como una de las que más creció, un 5,8% respecto al año anterior.

Con esos números en la cabeza, cada vez que algo se rompe en casa, la primera pregunta ya no es qué modelo comprar, sino cuánto cuesta el repuesto. Arreglar una lavadora ronda los 200 euros de media y un aire acondicionado, 190, cifras que casi siempre compensan frente al precio de un aparato nuevo.