La RAE lanza un importante comunicado sobre la expresión que usamos en España cuando compramos pan
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En nuestro día a día, usamos multitud de expresiones sin pensarlo dos veces. Frases que hemos escuchado toda la vida, que decimos casi de forma automática y que, de pronto, alguien cuestiona. ¿Está bien dicho? ¿Es correcto? ¿Lo acepta la Real Academia Española (RAE)? Una de esas frases es la entrañable y cotidiana «voy a por el pan», tan común en los hogares españoles como el propio pan recién hecho. Sin embargo, esta forma de hablar ha generado, más de una vez, cierta polémica.
La lengua española, rica y variada como pocas, no sólo se habla en España. Millones de personas la usan a diario en América Latina, en Estados Unidos, en Guinea Ecuatorial… y cada región tiene su forma particular de moldear el idioma. Eso, a veces, provoca cierta confusión sobre lo que está bien o mal dicho. En este contexto, es natural que surjan dudas lingüísticas. Y cuando eso ocurre, miramos hacia la RAE, que vela por la corrección del idioma y entiende su evolución. ¿Qué dice entonces sobre este famoso «a por»?
¿’Voy a por el pan’ está bien dicho? La RAE lo aclara
«Voy a por el pan» es una construcción tan arraigada en nuestra habla cotidiana que muchas veces ni la cuestionamos. Pero el hecho de que algo se diga con frecuencia no implica necesariamente que esté bien dicho, al menos desde el punto de vista gramatical. Por eso, no es raro que haya personas que se pregunten si esa combinación de preposiciones («a» y «por») realmente tiene cabida en un español normativo.
La expresión «a por» no es una invención moderna. De hecho, su uso está documentado desde los siglos XVI y XVII, lo cual significa que forma parte del castellano desde hace siglos. No es una moda lingüística ni una deformación reciente, sino una construcción perfectamente integrada en la historia del idioma.
Gramaticalmente, «a por» aparece tras verbos que implican movimiento o desplazamiento, como ir, salir, volver o venir, y sirve para indicar que ese movimiento tiene como objetivo conseguir algo. Así, frases como «salgo a por agua» o «voy a por el coche» son completamente válidas. La secuencia combina el destino del movimiento (indicado por «a») con el propósito o el objeto del mismo (indicado por «por»).
Lo que ocurre es que esta estructura resulta más común en España, mientras que en muchos países de América Latina se dice simplemente «voy por el pan», sin la preposición «a». Ambas formas, como aclara la RAE, son correctas, solo que su uso varía según la región.
El español, como cualquier lengua viva, se adapta al contexto geográfico, social y cultural de sus hablantes. Y eso está bien. Lo que sí es importante, y en esto la RAE es clara, es saber que ambas formas son gramaticalmente correctas.
¿Por qué genera polémica?
Una de las razones por las que «a por» despierta tanto debate tiene que ver con la lógica gramatical. Hay quienes consideran que dos preposiciones juntas no deberían coexistir, o que su combinación resulta redundante.
Sin embargo, la lengua no siempre obedece a la lógica formal. Muchas construcciones que usamos habitualmente no son «lógicas», pero sí expresivas, naturales y comprensibles. «A por» tiene una función semántica específica: subraya la intención de conseguir algo, el propósito del movimiento. Esa pequeña diferencia es la que justifica su uso.
Uno de los aspectos más fascinantes del español es su diversidad. No existe un único «español correcto», sino muchas formas legítimas de hablarlo. Lo que en una región es coloquial, en otra puede sonar formal; lo que para unos es un error, para otros es lo más natural del mundo.
La función de la RAE, en este sentido, no es unificar el lenguaje hasta hacerlo completamente uniforme, sino recoger esa variedad, comprenderla y normativizarla en la medida de lo posible. Por eso, expresiones como «a por» conviven con otras estructuras sin que haya un conflicto real. La clave está en entender el contexto y en valorar la diversidad como una riqueza, no como un problema.
Después de todo este recorrido lingüístico y cultural, queda claro que el idioma español, tan extenso y variado como los países donde se habla, permite estas diferencias sin que eso suponga un error. «A por» y «por» son formas distintas de decir lo mismo, cada una con su propio matiz, historia y uso regional. La Real Academia Española lo ha dejado claro: ambas son legítimas, y ninguna se debe considerar superior o incorrecta.
Lo verdaderamente importante es comprender que la lengua no es un conjunto rígido de reglas, sino una herramienta viva que evoluciona con sus hablantes. Si una expresión forma parte de tu forma de hablar, si tu comunidad la entiende y la usa cotidianamente, entonces tiene un lugar válido en el idioma. Las normas están para orientar, no para limitar.
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