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La psicología llega a la conclusión de que las personas que caminan rápido no lo hacen porque tengan prisa, sino por su forma de afrontar la vida

  • Carmen Ruiz
  • Carmen Ruiz Rodríguez (Madrid, 2005) es estudiante de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) desde el año 2023. Es especialista en periodismo de SEO y en información de actualidad. Con experiencia en comunicación empresarial y radio.

Los seres humanos demuestran diariamente, a través de actos sencillos, cómo se encuentran en ese momento. Uno de esos actos cotidianos es caminar siempre con prisa. Las personas que más experimentan este fenómeno son las que viven en las grandes ciudades debido al estrés constante por coger el transporte público a tiempo, llegar a una reunión importante o cuando se llega tarde a un evento. Unas actividades rutinarias que trasladan esta forma de desplazarse a los paseos tranquilos o a las actividades cotidianas. La psicología señala que la forma de caminar se relaciona con algunos rasgos de la personalidad y la manera en la que se afrontan las actividades cotidianas. Además, caminar rápido se asocia a la energía, determinación y orientación.

¿Por qué sucede esto?

La utilización del tiempo es diferente en cada individuo. Por ejemplo, caminar a un ritmo rápido se relaciona con perfiles activos y orientados a metas. Esas personas se caracterizan por buscar avanzar de forma eficiente y aprovechar el tiempo. Además, actúan y toman decisiones de cara a lo que quieren conseguir. Algunos estudios aseguran que aquellas personas que andan más deprisa obtienen puntuaciones más altas en responsabilidad y automotivación. Este comportamiento se relaciona con su forma de desenvolverse tanto en su vida laboral como en su vida cotidiana.

La clave: seguridad

Una conducta que refleja mayor confianza, seguridad y sensación de control. En algunos entornos personales o profesionales aporta sensación de iniciativa o liderazgo. Al mismo tiempo, las personas que andan más rápido se relacionan con perfiles proactivos y extrovertidos. Por lo tanto, la búsqueda de estímulos, la facilidad de tomar decisiones y la predisposición a mantenerse en movimiento son los puntos clave de las personas que optan por un ritmo de vida más acelerado.

Las consecuencias

Caminar de manera rápida se relaciona con la impaciencia y una menor tolerancia a la lentitud. Esto provoca una sensación de frustración en aquellos que lleven un ritmo más apresurado. Además, puede hacer su aparición en las personas que viven con numerosas responsabilidades, una presión elevada y la sensación de que nunca hay suficiente tiempo. Así que, este hábito es una proyección de la energía y seguridad con matices relacionados con la dificultad para bajar el ritmo.

La actividad

Otra explicación por la que las personas caminan deprisa se debe a la forma en la que canalizan su estrés o ansiedad. Por lo tanto, mantener ocupado al cuerpo evita el aburrimiento, pensamientos incómodos o algunas emociones. El problema aparece cuando la necesidad de permanecer activo deja de ser puntual y relajarse pasa a ser sinónimo de dificultad. Así que caminar rápido no tiene un significado propio dentro de la psicología y la importancia no se centra en fijarse en los pasos acelerados. La clave se encuentra en cómo utilizan las personas esa velocidad en los diversos aspectos de su vida.