Curiosidades
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Poca gente lo sabe pero España tiene 6 islas prohibidas y nadie puede llegar a ellas

En un país tan visitado como España cuesta imaginar que existan rincones donde el acceso esté totalmente vetado. Sin embargo, lejos de las playas turísticas y de los faros convertidos en miradores, hay pequeñas islas cuya entrada está prohibida por razones que tienen más que ver con la protección ambiental, la soberanía o la seguridad que con el turismo. Son espacios donde la vida humana no tiene cabida, aunque estén muy cerca del continente y algunos incluso se vean desde la orilla y estas seis que ahora te enumeramos, son las que más destacan.

La existencia de estas islas despierta curiosidad porque, pese a pertenecer al territorio español, no pueden recorrerse ni con permiso, ni pagando, ni contratando excursiones. Ni siquiera por trabajo, salvo casos muy concretos. Se mantienen deliberadamente al margen del tránsito habitual y sólo admiten presencia militar o investigadores autorizados,  pero generalmente nadie puede pisarlas.  Por eso, cuando se habla de islas prohibidas, no es una exageración. Lo que ocurre es que cada una tiene su propia historia para haber llegado a ese estatus, ya que algunas forman parte de reservas ecológicas tan frágiles que cualquier pisada puede alterar su equilibrio, otras continúan bajo vigilancia militar y algunas son piezas claves en acuerdos internacionales que impiden el acceso de civiles. Toma nota porque estas son, las seis islas de España donde nunca podrás poner un pie.

Isla de Alegranza (Canarias)

A simple vista, Alegranza parece un paraíso remoto: un cono volcánico perfecto, aguas limpias y una sensación de aislamiento absoluto. En la práctica, esa belleza es lo que la mantiene cerrada. Aunque es de propiedad privada, está completamente integrada en el Parque Natural de los Islotes del Norte de Lanzarote, un espacio donde se protege con extremo cuidado la nidificación de aves rapaces. El desembarco está prohibido, incluso para senderistas experimentados o visitas guiadas. No puedes hacer ni rutas, ni ascensiones al faro, ni paseos por la costa. Para la mayoría de mortales, Alegranza solo puede admirarse desde el barco.

Isla de Alborán (Almería)

En medio del Mediterráneo, justo entre España y África, se levanta esta isla plana y ventosa que es, en realidad, un volcán extinguido. Su situación la convierte en un punto clave de vigilancia militar. Por eso, la única vida estable que hay allí es la del destacamento de la Armada que controla el tráfico marítimo del entorno. No hay árboles, apenas hay estructuras y no existe visita turística posible. Poner pie en Alborán sin autorización militar no es solo difícil, sino que es ilegal.

Islas Chafarinas (frente a Marruecos)

Este pequeño archipiélago constituye uno de los enclaves más protegidos de todo el país. Las Chafarinas combinan dos funciones: por un lado, son territorio militar; por otro, forman una reserva natural de enorme valor ecológico donde se protege a la foca monje y a numerosas especies de aves marinas. El acceso está blindado: solo pueden entrar los miembros de la guarnición y los investigadores que cuentan con permiso expreso. Ni excursiones, ni visitas privadas, ni embarcaciones recreativas. La conservación manda.

Isla de los Faisanes (Guipúzcoa)

Es uno de los casos más peculiares del mundo. La Isla de los Faisanes se encuentra en mitad del río Bidasoa, frente a Irún, y su soberanía se alterna cada seis meses entre España y Francia. Pese a estar a pocos metros de tierra firme, el acceso es estrictamente prohibido. No tiene senderos, ni embarcaderos, ni permisos especiales para civiles. Lo único que rompe el silencio de la isla son los actos oficiales de traspaso de poderes entre ambos países.

Isla Perejil

Pequeña, rocosa y conocida por el conflicto diplomático de 2002, Perejil permanece en un limbo donde ni España ni Marruecos mantienen presencia humana permanente. Es un peñón deshabitado en el que no está permitido realizar ninguna actividad: ni desembarcar, ni pescar desde sus rocas, ni permanecer en él por motivos recreativos. De todas las islas prohibidas, quizá sea la más simbólica, precisamente porque su estatus es fruto de un acuerdo tácito: que allí no haya nadie.

Isla Grosa (Murcia)

Frente a la Manga del Mar Menor se alza esta isla de origen volcánico que durante años fue zona de prácticas de buceadores de combate de la Armada. Hoy, libre de restos militares, está declarada Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y forma parte del catálogo de Espacios Naturales Protegidos de Murcia. Las embarcaciones pueden bordearla, pero no está permitido el desembarco. Cualquier persona que ponga pie en Grosa se expone a sanción.

Como podemos ver, cada una de estas islas tiene su propia historia, pero todas comparten el mismo destino: seguir siendo territorios vetados. En unas pesa la protección ecológica, porque basta una pisada para alterar colonias de aves o ciclos de reproducción delicadísimos; en otras manda el interés estratégico, ya sea por su papel en la vigilancia del Estrecho o en fronteras marítimas que requieren presencia militar; y, en casos excepcionales como la Isla de los Faisanes, es la diplomacia la que dicta las normas, con un sistema de soberanía compartida que impide cualquier desembarco. Por motivos distintos, todas permanecen fuera del mapa turístico y sólo pueden contemplarse desde la distancia, recordando que no todo en España está pensado para ser visitado.