Muy pocos lo saben, pero la vajilla de toda la vida que tenemos en casa puede costar mucho dinero
Muy pocas personas son conscientes de ello, pero la vajilla de toda la vida que muchas familias tienen en casa (esa que suele guardarse en alacenas y que sólo se saca en ocasiones especiales) puede llegar a tener un valor económico sorprendente. Lo que durante años se ha considerado un recuerdo heredado de generaciones anteriores, hoy puede convertirse en una pieza codiciada dentro del mercado del coleccionismo.
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Muy pocas personas son conscientes de ello, pero la vajilla de toda la vida que muchas familias tienen en casa (esa que suele guardarse en alacenas y que sólo se saca en ocasiones especiales) puede llegar a tener un valor económico sorprendente. Lo que durante años se ha considerado un recuerdo heredado de generaciones anteriores, hoy puede convertirse en una pieza codiciada dentro del mercado del coleccionismo.
El valor de estas vajillas no depende únicamente de su antigüedad, sino también de otros factores como la marca, la calidad de la porcelana, el estado de conservación o la presencia de detalles artesanales como dorados a mano o motivos decorativos únicos. Incluso pequeños elementos como el sello en la base de los platos pueden marcar la diferencia.
¿Cuánto vale la vajilla que tienes en casa?
El valor de una vajilla depende de tres factores clave: la marca, la antigüedad y el estado de conservación. Las piezas europeas de firmas reconocidas, porcelanas de exportación y servicios fabricados entre finales del siglo XIX y mediados del XX son especialmente apreciados en subastas y tiendas especializadas.
Los expertos recomiendan fijarse en los sellos de la base, los acabados dorados realizados a mano o los motivos florales, ya que estos detalles ayudan a diferenciar piezas de alta calidad de producciones más recientes con menor valor en el mercado del coleccionismo.
Los coleccionistas prestan especial atención a que el servicio incluya todas sus piezas originales. Un ejemplo frecuente son las vajillas con bordes dorados y sello identificable, que pueden cotizar muy por encima de lo esperado en el mercado adecuado.
Las vajillas más caras del mundo
Un ejemplo emblemático es Flora Danica de Royal Copenhagen, considerada una de las vajillas más caras del mundo. Creada originalmente a finales del siglo XVIII como obsequio para la emperatriz Catalina la Grande de Rusia, se distingue por sus decoraciones botánicas pintadas a mano basadas en el atlas Flora Danica y sus delicados acabados en oro. Hoy en día, puede verse en ocasiones especiales de la realeza danesa y alcanzar valores superiores a los 100.000 euros.
Otra colección de vajilla destacada es Herend – Rothschild Bird, de origen húngaro, reconocida por sus escenas de aves pintadas a mano y su gran valor artesanal, con precios en torno a los 25.000 euros por juego completo. Desde Francia, Bernardaud Louvre rinde homenaje al arte clásico con relieves inspirados en el museo del Louvre y puede alcanzar los 30.000 euros.
La colección Queen’s Ware de Wedgwood cuenta con una larga historia que se remonta a 1765, cuando fue encargada por la reina Carlota de Inglaterra. Con el paso del tiempo ha evolucionado, pero mantiene su esencia como un referente de la tradición cerámica británica y de la vinculación con la realeza. Hoy en día sigue siendo muy apreciada tanto por familias aristocráticas como por coleccionistas de todo el mundo.
En España destaca La Cartuja de Sevilla, una fábrica de cerámica fundada en 1841 que se ha consolidado como referente de la producción artesanal de alta calidad. Algunas de sus piezas han sido incluso declaradas Bien de Interés Cultural por su valor artístico y su relevancia en la tradición cerámica española. La marca fue proveedora de la Casa Real en 1871 y, aunque actualmente ofrece colecciones más accesibles, también mantiene reediciones de sus diseños más exclusivos. Estas piezas pueden alcanzar precios cercanos a los 1.000 euros.
La Cartuja de Sevilla
Las vajillas de La Cartuja de Sevilla son probablemente algunas de las más emblemáticas en las mesas españolas, con un estilo claramente influenciado por la tradición inglesa que marcó sus primeros diseños. Fundada en 1841 por el británico Charles Pickman, esta histórica fábrica de loza fina ha anunciado el cese de su actividad, poniendo fin a más de 180 años de producción artesanal vinculada al arte de la mesa.
El cierre se enmarca en una larga crisis económica. La sociedad propietaria, Ultralta, no ha podido cumplir el convenio con sus acreedores y ha solicitado la reapertura del concurso de acreedores con entrada en fase de liquidación. Las deudas acumuladas superan los dos millones de euros, lo que ha hecho inviable la continuidad del negocio.
A lo largo de su historia, La Cartuja de Sevilla ha sido un símbolo de la cerámica española, con piezas icónicas como el modelo 202 Rosa, que ha perdurado desde el siglo XIX. La fábrica sobrevivió a guerras, cambios de propiedad y crisis económicas, e incluso trasladó su producción a Salteras en 1979 tras la protección del antiguo monasterio
«El Monasterio de la Cartuja, conocido también como la Cartuja de Santa María de las Cuevas, combina el pasado conventual, la tradición cerámica y el arte contemporáneo. Desde el siglo XII albergó hornos almohades, y en 1248 los franciscanos construyeron una ermita tras la leyenda de la Virgen en las cuevas. En 1400, el Arzobispo Gonzalo de Mena impulsó el monasterio, consolidado posteriormente por Per Afán de Ribera y la familia Colón».
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