Curiosidades
Reflexión

Lao Tsé, filósofo chino, sobre la educación: «El buen hombre es el maestro del malo, y el mal hombre es la lección del bueno»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Lao Tsé, el filósofo chino considerado el padre del taoísmo, dejó en sus escritos una reflexión sobre la educación que sigue citándose más de dos milenios después. La frase en cuestión enfrenta directamente la idea de que el mundo se divide entre personas ejemplares y personas equivocadas, y propone en cambio una relación de dependencia mutua entre ambas.

Esta cita procede de uno de los textos más influyentes de la filosofía oriental y ha sido interpretada de formas muy distintas a lo largo de los siglos. Algunos la leen como una lección moral; otros, como una crítica al hábito de juzgar rápido sin detenerse a entender de dónde viene el error del otro.

Así resolvió Lao Tsé la relación entre el maestro y el alumno que falla

La frase completa de Lao Tsé dice así: «El buen hombre es el maestro del malo, y el mal hombre es la lección del bueno».

Pertenece al capítulo 27 del Tao Te Ching, el texto fundacional del taoísmo, y plantea una idea que rompe con la moral tradicional: nadie enseña ni aprende en soledad, sino en relación constante con quienes se equivocan.

En este sentido, los estudiosos del taoísmo señalan que los términos originales, shan y pu shan, no equivalen exactamente a ‘bueno’ y ‘malo’ en sentido moral.

Estos se acercan más a las ideas de habilidad y torpeza. Quien domina algo se convierte en referencia, y quien todavía no lo domina ofrece a ese primero la oportunidad de poner a prueba lo que sabe.

Así, podríamos afirmar que la lectura conecta con la idea taoísta de complementariedad, la misma que aparece en el símbolo del yin y el yang: dos fuerzas opuestas que solo tienen sentido cuando se piensan juntas.

Aplicada a la educación, la enseñanza de Lao Tsé plantea que separar tajantemente a buenos y malos empobrece la comprensión del proceso de aprendizaje.

¿Qué nos enseña realmente el error de los demás?

La lectura contemporánea de esta frase suele centrarse en la paciencia. Lao Tsé no plantea que el mal hombre deba ser corregido de inmediato ni señalado con desprecio, sino comprendido como parte del mismo proceso de aprendizaje que atraviesa el bueno.

Por eso, quien enseña con el ejemplo también necesita a quien se equivoca para reconocer sus propios límites y evitar la soberbia.

A su vez, esta idea conecta con otro principio central del taoísmo: la no acción o wu wei, que no significa pasividad, sino evitar forzar lo que no está maduro.

Aplicado a la educación, sugiere que corregir a otra persona sirve de poco si antes no se entiende qué la llevó a equivocarse; de hecho, ese ejercicio de comprensión termina revelando algo sobre quien juzga.

En el aula o en casa, esta idea se traduce en algo muy concreto: el alumno que se distrae o el hijo que se equivoca no son un obstáculo para quien enseña, sino la prueba de que ese aprendizaje todavía está en marcha. Sin ese contraste, el buen ejemplo no tendría sobre qué apoyarse ni a quién dirigirse.

Lao Tsé y la enseñanza que no se impone

El especialista sueco Stefan Stenudd, uno de los traductores más citados del Tao Te Ching, subraya que esta enseñanza no defiende la imposición.

Y es que para Lao Tsé, enseñar consistía en ayudar a la otra persona a completar lo que le faltaba, nunca en imponer una verdad cerrada. La transmisión del conocimiento se producía mediante preguntas y pensamiento activo, no mediante órdenes.

Por otro lado, cabe señalar que sobre la propia figura de Lao Tsé se sabe poco con certeza. La tradición lo sitúa como guardián de los archivos imperiales en la corte china, un cargo que le habría dado acceso a los textos y registros de generaciones anteriores antes de retirarse y dejar por escrito su pensamiento.

Esa trayectoria, dedicada a preservar y transmitir conocimiento ajeno, explica por qué la enseñanza ocupa un lugar tan central en su obra.

¿Por qué nadie ocupa un lugar fijo entre el que enseña y el que aprende?

El taoísmo insiste en que enseñar y aprender son roles que cualquier persona puede intercambiar según el momento. Nadie ocupa un lugar fijo: quien hoy corrige, mañana necesita ser corregido.

Desde luego, esa visión choca con la tentación moderna de etiquetar a la gente de forma permanente, como si el error definiera a alguien para siempre en lugar de ser solo una etapa.

Para concluir, recordemos que «la leyenda» cuenta que Lao Tsé escribió estas enseñanzas de un tirón, antes de cruzar el paso de Hangu rumbo al oeste, a petición del guardia de la frontera, Yin Xi, que no quiso dejarlo partir sin dejar constancia de su sabiduría.

¿Y cuál fue el resultado? 81 capítulos breves que, 25 siglos después, siguen citándose para hablar de educación, paciencia y del vínculo entre quien enseña y quien todavía se equivoca.