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Julio César, militar y dictador romano hace 21 siglos: «Nada es más fácil que censurar a los muertos»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Tras la muerte de su rival Catón en Útica, Julio César respondió con un escrito cargado de acusaciones contra él. Poco después, el propio dictador romano pasó a ser objeto de juicio tras su asesinato, en los idus de marzo del año 44 a. C. Desde entonces han pasado unos 21 siglos.

Esas dos caras del juicio sobre los muertos (la de quien critica y la de quien recibe la crítica sin poder responder) atraviesan la reflexión «Nada es más fácil que censurar a los muertos», una de las frases célebres asociadas al militar romano.

Lo que plantea la frase de Julio César sobre censurar a los muertos

Según El gran libro de las frases célebres, de Arturo Ortega Blake (Grijalbo, 2013), la sentencia pertenece a Julio César. Su sentido apunta a la ventaja de quien juzga a alguien que ya no puede defenderse.

El muerto no replica ni corrige la versión que otros dan de sus actos. La reflexión coloca la dificultad del lado opuesto, ya que criticar a un rival vivo, con capacidad de respuesta, exige más valor que censurar a los muertos.

El Anticatón, el escrito de Julio César contra un rival ya muerto

El historiador griego Plutarco relata en sus Vidas paralelas que Julio César se dirigió a Útica con la intención de encontrar a Catón con vida. Sin embargo, al llegar supo que su adversario ya había muerto.

«Catón, te envidio tu muerte, porque tú me envidiaste la salvación de tu vida», dijo entonces Julio César.

Más tarde, Cicerón escribió un elogio del fallecido titulado Catón. A Julio César le molestó, puesto que entendía que alabar al Catón muerto equivalía a denunciarlo a él.

Su respuesta fue el Anticatón, un texto en el que reunió innumerables cargos contra su antiguo enemigo político. Plutarco atribuye ese escrito a la ambición política más que al odio personal, ya que César mostró clemencia con otros rivales, como el propio Cicerón y Bruto.

Julio César, juzgado tras su asesinato en Roma

El 15 de marzo del año 44 a. C., un grupo de conspiradores encabezado por Bruto asesinó a Julio César. Según National Geographic, el dictador recibió 23 puñaladas. El crimen ocurrió en la sala del Senado donde se alzaba la estatua de Pompeyo.

«La muerte de César», de Jean-Léon Gérôme, recrea los instantes posteriores al asesinato de Julio César en los idus de marzo del año 44 a. C. Foto: Museo de Arte Walters vía Wikimedia Commons – Dominio público

Tras su muerte llegó también la censura. De acuerdo con el biógrafo Suetonio en sus Vidas de los doce césares, sus otros actos y palabras inclinaron la balanza hasta el punto de que muchos pensaron que había abusado de su poder y que su muerte había sido justa. Además, una votación decidió llamar a los idus de marzo el Día del Parricidio.

No obstante, el juicio sobre Julio César no fue unánime. El Senado le concedió a título póstumo el nombre de Divino Julio, y fue así el primer romano histórico divinizado.

¿Quién fue Julio César?

Julio César vivió aproximadamente entre el año 100 y el 44 a. C. Alrededor de los 40 años entró en la primera línea de la política romana con la formación del Primer Triunvirato, y en el 59 a. C. llegó al consulado.

Su campaña de siete años en la Galia terminó en el 51 a. C. con más de un millón de galos muertos o esclavizados. En enero del 49 a. C. cruzó con su ejército el río Rubicón hacia Italia. Ese gesto equivalía a declarar la guerra civil contra Pompeyo y el Senado. Cerca del 45 a. C. se declaró dictador vitalicio.

Julio César también escribió memorias sobre la guerra de las Galias y la guerra civil, que Cicerón elogió por su elegancia sencilla. Por otro lado, con Cleopatra tuvo un hijo, Cesarión. Sin embargo, su heredero fue su sobrino nieto Octavio, a quien adoptó en su testamento y se convirtió en el primer emperador romano.