Los fontaneros profesionales avisan: para desatascar el fregadero o el váter lo recomendable es usar una ventosa; la sosa cáustica puede dañar las tuberías de PVC
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Un fregadero que no traga o un váter que devuelve el agua en lugar de tirarla provocan un primer impulso casi universal: echar algo potente y esperar el milagro. Los profesionales en fontanería recomiendan justo lo contrario, empezar por lo más sencillo y dejar la química para el final.
Lo explican Mora Group, una empresa de fontanería técnica para comunidades y edificios en Madrid, y la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Ambas coinciden en que el primer recurso es la ventosa, siempre que se use con cabeza.
Primera solución para desatascar un desagüe: la ventosa bien usada
En el váter, lo primero es no volver a tirar de la cadena, porque solo se consigue que se desborde. Mora Group aconseja levantar la tapa de la cisterna y subir la boya para cortar la entrada de agua. Después se puede probar con un cubo de agua caliente, nunca hirviendo porque la porcelana puede agrietarse, y esperar diez o quince minutos.
Si no basta, entra en juego la ventosa. Debe haber agua suficiente para cubrir la goma, o no hace vacío. Se sella bien la salida y se bombea con fuerza, tirando hacia arriba al final de cada empujón, porque lo que desatasca es la succión, no el empuje. Si a la tercera o cuarta vez no cede, conviene parar: seguir a lo bruto puede llevar el problema más abajo.
En el fregadero o el lavabo, la OCU indica que el agua estancada no importa: se llena hasta cubrir la ventosa, en la cocina mejor con agua muy caliente, y se tapa el rebosadero con un paño mojado. Luego se coloca la ventosa apretada al fondo, creando el vacío, y se presiona arriba y abajo.
Sifón, muelle y desatascadores químicos
Si la ventosa falla, el siguiente paso es el sifón. Se pone un cubo debajo, se abre el tapón y se limpian los restos; también se puede desmontar soltando la rosca superior e inferior. Con las tuberías en buen estado, un muelle de fontanero, que se encuentra en ferreterías, permite llegar desde el desagüe hasta el bote sifónico, o al revés.
Solo después llegan los productos químicos, siguiendo las instrucciones y aclarando con abundante agua. Hace años se vertía sosa cáustica en perlitas, pero a veces se echaba demasiada y se formaba un tapón duro, peor que el original. Por eso, y por el riesgo de accidente, se impusieron los geles con la sosa diluida, que evitan salpicaduras.
Aun así, los fontaneros piden no echar sosa cáustica ni productos agresivos a lo loco: quien abra después puede quemarse y muchas veces ni siquiera deshacen el tapón. La OCU añade que nunca se debe recurrir al ácido sulfúrico ni al salfumán, ni mezclar productos. Sobre los de efecto turbo, que prometen cinco minutos, su prueba concluye que funcionan mejor si se dejan quince.
Cuándo parar y qué evitar
Hay un indicio que lo cambia todo: si, al atascarse el váter, sale también agua sucia por la ducha o el fregadero, el tapón no está en el inodoro, sino en la bajante común del edificio. Ahí la ventosa no sirve y hace falta una máquina. Si el atasco vuelve a los pocos días, la señal es la misma, y la reparación corresponde a la comunidad.
También conviene no tirar por el váter toallitas, bastoncillos, compresas, restos de obra ni aceite de cocina, que se solidifica al enfriarse. Y no hay que meter alambres ni perchas por la taza, porque rayan la porcelana y pueden empujar el tapón a un sitio peor.