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Ahorro

Los expertos en climatización coinciden al 100%: una manta eléctrica puede consumir hasta un 90% menos que un radiador, y permite ahorrar en calefacción

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La manta eléctrica se ha convertido en una de las estrellas de la temporada de frío en España, sobre todo entre quienes buscan calentarse sin disparar el gasto en calefacción. Se trata de un dispositivo textil con cables integrados que genera calor directamente sobre el cuerpo, algo muy distinto a como funciona un radiador tradicional, que calienta el aire de toda una habitación.

Esa diferencia de funcionamiento es precisamente la clave de todo lo que se dice sobre su ahorro. Por esto mismo, antes de repetir titulares llamativos, conviene separar dos cosas que suelen mezclarse sin querer: cuánta electricidad consume el propio aparato frente a un radiador, y cuánto puede bajar realmente el recibo de la calefacción de toda la casa.

¿Cuánto consume realmente una manta eléctrica frente a un radiador?

Una manta eléctrica normal consume entre 60 y 150 vatios, según el tamaño y el modelo, mientras que un radiador eléctrico convencional se mueve entre los 1.500 y los 2.500 vatios.

Esa diferencia explica por qué buena parte de las comparativas de ahorro hablan de hasta un 90% menos de consumo por parte del aparato frente a un radiador tradicional, ya que este último puede llegar a gastar entre quince y veinte veces más energía.

Ese 90% menos, sin embargo, se refiere solo al consumo del aparato en sí mismo, no al gasto total de calefacción de la vivienda.

Y es que, claro, una manta eléctrica calienta a la persona, no la casa, así que sustituirla por el radiador no implica automáticamente que la factura completa baje en esa misma proporción. Depende de si se sigue usando calefacción central, aunque sea a menor temperatura.

El truco del «termostato inverso» para que la manta eléctrica sí ahorre en la factura

La forma en la que una manta eléctrica sí puede reducir el gasto real de calefacción de una casa tiene un nombre concreto: el ‘termostato inverso’.

Consiste en bajar la calefacción central a entre dieciséis y diecisiete grados (una temperatura razonable para no pasar frío por la casa) y complementar el calor que falta usando la manta directamente sobre el cuerpo.

Esa estrategia funciona porque cada grado que se reduce el termostato general de la casa supone, de media, un ahorro aproximado del 7% en la factura de calefacción, según recogen distintas guías de eficiencia energética.

Entonces, bajar dos o tres grados y usar la manta eléctrica para el frío puntual permitiría notar el ahorro en el recibo sin renunciar a estar calentito en el sofá o en la cama.

¿Cuánto cuesta al mes tener encendida una manta eléctrica?

Llevado a números concretos, una manta eléctrica de 150 vatios encendida seis horas cada noche durante cuatro meses al año consume unos 108 kWh.

Según los cálculos publicados por Endesa, ese uso suponía un gasto aproximado de 15,44 euros anuales, tomando como referencia un precio medio de la electricidad de 0,143 €/kWh. Ojo, que la cifra puede variar en función de la tarifa contratada y del consumo real del aparato.

Eso equivale a apenas un 1,37% del consumo eléctrico total de un hogar medio, una cifra que queda muy lejos de lo que cuesta mantener un radiador funcionando ese mismo tiempo.

Además del bajo consumo en la factura de la luz, la inversión inicial también es reducida. Hoy, en el mercado hay modelos desde unos 17 a 20 euros hasta modelos más grandes, tipo colcha, que rondan los 60 euros.

La mayoría incorpora varios niveles de temperatura, que suelen ir de los 30 a los 70 grados, y un apagado automático que corta la corriente pasados entre 30 y 120 minutos, según el modelo.

Para aprovechar mejor ese consumo tan bajo, conviene tener en cuenta algunos trucos sencillos: taparse con un edredón por encima de la manta para retener el calor (el llamado ‘efecto sándwich’), usarla siempre estirada y sin arrugas, y evitar el contacto directo con la piel.

Además, por seguridad, hay que colocarla siempre sobre las sábanas, nunca debajo, y desenchufarla cuando no se esté usando.