Esta expresión es más madrileña que las porras, pero se utiliza en toda España casi a diario
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El español está repleto de expresiones y refranes populares cuyo origen ha quedado olvidado con el paso del tiempo. Por increíble que parezca, se da la casualidad de que muchas de ellas tienen cuña madrileña.
De entre todos los casos, hay una expresión muy madrileña que prácticamente todos los españoles utilizamos con relativa frecuencia: Hacer el primo.
Ahora su uso ha traspasado las fronteras de la capital de España, pero lo que casi nadie sabe es cuál es su curioso origen. Sorprendentemente, tiene que ver con la Guerra de Independencia contra los franceses.
¿Qué significa la expresión madrileña ‘Hacer el primo’?
Cuando alguien Hace el primo, significa que ha caído en una trampa, ha sido demasiado crédulo o ha actuado de manera tonta.
Por ello, se emplea para describir a una persona que ha sido engañada con facilidad, ya sea en una compra, en una apuesta o en una situación cotidiana donde otro se ha aprovechado de su buena voluntad o falta de picardía.
De todas maneras, da igual que la usemos frecuentemente con naturalidad. La realidad es que muy pocas personas saben cuál es su origen.
El curioso origen de la expresión ‘Hacer el primo’: la culpa es de los franceses
El 2 de mayo de 1808, en plena Guerra de la Independencia, el mariscal Joaquín Murat, líder del ejército napoleónico en España, envió un mensaje al infante y a la Junta de Gobierno.
En su escrito, advertía que cualquier español que fuera encontrado con armas sería ejecutado y que, si un soldado francés moría en un pueblo, toda la localidad sería incendiada como represalia.
La carta terminaba con una frase muy peculiar:
Mi primo; señores de la Junta; pido a Dios que os tenga en santa y digna gracia.
En aquella época, el protocolo de la Casa Real española establecía que el rey utilizara el término primo para referirse a los grandes de España en documentos oficiales.
Murat, desconociendo esta tradición, empleó la misma expresión en su carta con la intención de burlarse de los destinatarios. Sin embargo, la ironía le salió cara.
Cuando la carta fue descubierta, Murat pasó a ser el primer primo de la historia, ya que sin darse cuenta se había ridiculizado a sí mismo.
A partir de ese momento, la palabra primo dejó de ser un título de respeto para convertirse en sinónimo de alguien que cae en un engaño o se expone al ridículo sin darse cuenta.
Otros refranes madrileños muy utilizados en toda España
Hacer el primo no es ni mucho menos la única expresión con origen madrileño, que ha acabado extendiéndose por todo el país e incluso en otros continentes. Un ejemplo claro es Tirar la casa por la ventana.
Para conocer el legendario origen del refrán tirar la casa por la ventana, hay que viajar hasta el año 1763, cuando se estableció por primera vez la Lotería Nacional en España.
Aquel primer sorteo marcó un antes y un después, no sólo porque introdujo un nuevo juego de azar que se convertiría en una tradición nacional, sino también porque dio pie a una anécdota tan impactante que originó la expresión.
En ese primer sorteo, el ganador, embriagado por la emoción de haber recibido una fortuna inesperada, decidió celebrar su buena suerte de una forma poco habitual.
Según cuentan, lanzó los objetos que había en su casa por la ventana. Es decir, literalmente, tiró la casa por la ventana.
Este gesto llamó tanto la atención de los madrileños, que desde entonces es un símbolo del inicio de una nueva vida y de dejar atrás lo antiguo.
Otra muestra es Se armó la marimorena, cuyo origen está en una taberna de la Cava Baja, una de las calles más emblemáticas del Madrid de los Austrias; en un establecimiento regentado por el matrimonio de Alonso de Zayas y María Morena.
Según cuentan los escritos, todo comenzó cuando un grupo de soldados entró en la taberna y pidió el mejor vino de la casa. Sin embargo, María Morena, al parecer, se negó a servirlo, reservándolo para clientes más distinguidos o habituales.
Esta negativa fue el origen de un gran enfrentamiento entre los soldados y los dueños del local madrileño.
La situación se salió de control y acabó en una pelea en la que la tabernera no dudó en plantar cara al regimiento.
Tal fue el alboroto que el caso acabó en los tribunales, y quedó registrado en documentos judiciales de la época.
Desde entonces, el episodio se convirtió en leyenda y la expresión armar la marimorena pasó a utilizarse para referirse a cualquier situación conflictiva o pelea.
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