Como sostenía Darwin, los seres vivos se adaptan al medio para sobrevivir

Las partes del cuerpo humano que ya no necesitamos: ¿acabarán desapareciendo?

¿Conoces la teoría de la evolución impulsada por Darwin en su obra «El origen de las especies»?  Básicamente, sostenía que el cuerpo humano y el de todo ser vivo que habita sobre la tierra evoluciona, de tal forma que se adapta al medio y a su entorno con el único objetivo de garantizar su supervivencia.

De esta forma, el cuerpo de los humanos es resultados de la evolución de la especie durante millones de años. No obstante, existen partes que ya no las necesitamos para nada pero que algunas personas todavía conservan. ¿Te imaginas cuáles son?

El apéndice

Este pequeño sector de nuestro sistema digestivo que se encuentra en la parte inferior derecha de nuestra tripa fue útil en el proceso de digestión en el pasado. Su función es todavía un misterio para los científicos, aunque se especula con que tuviera que ver con ayudarnos a digerir alimentos crudos sin cocinar y hojas o para recomponernos al sufrir algún tipo de infección.

El coxis

Se encuentra al final de la médula espinal y no es otra cosa que los restos de la cola que tenían nuestros ancestros y que les permitía mantener el equilibrio con mayor facilidad. Ahora que somos capaces de andar erguidos ya no la necesitamos, pero el coxis cumple la función de ayudarnos a estar cómodos cuando nos sentamos.

Los músculos de las orejas

Hay personas que son más capaces de mover sus orejas que otras. Esto se debe a los músculos que tienen tras ellas. Actualmente, éstos estaban muy desarrollados y servían para agudizar el oído y dirigirlo hacia una zona determinada cuando nos llamaba la atención. Se sostiene que esta función ha ido perdiéndose, debido a que los humanos ya no necesitamos estar pendientes del acecho de depredadores.

La piel de gallina

Cuando sentimos frío, nuestro cuerpo reacciona erizando la piel y tensando los músculos. Esto es debido a una reacción por no tener nuestra piel cubierta con pelo grueso como lo tenían nuestros antepasados. Y es que ahora, nuestro vello es más fino y el aire se queda atrapado entre los pelos, provocando este efecto.