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Historia

El baño en la Edad Media

El baño en la Edad Media era una rara avis

El baño en la Edad Media era prácticamente inexistente, lo que para la época actual nos parece algo casi imposible.

Sin embargo, en la antigüedad las personas no tenían esa costumbre higiénica, algunas temían enfermar e incluso quedar embarazadas por compartir los baños públicos.

Cómo era el baño en la Edad Media

De la época romana, cuando los baños y la higiene personal eran algo esencial, no quedó ningún recuerdo y para la Edad Media la higiene no se contemplaba en absoluto.

Los baños estaban reservados a unos pocos. Tan solo la nobleza y la gente adinerada podía darse el lujo de gozar de ese privilegio.

Para el resto de las personas existían los baños públicos, pero estos eran mal vistos, sobre todo por la Iglesia, ya que se relacionaban con la prostitución. Allí se juntaban hombres y mujeres desnudos para bañarse en tinas de madera y algunos de estos locales se convertían, más tarde, en burdeles.

En aquellos tiempos, Francia era una de las capitales que contaba con más cantidad de baños, a pesar de la fama que más adelante adquirieron por el olor que presuntamente tenían los franceses del Medievo.

Los abanicos que se utilizaban en aquella época no eran tan solo para darse aire por el calor, sino también para mitigar el olor que desprendían sus propios cuerpos.

Los primeros baños comenzaban alrededor del mes de mayo y era frecuente que en esas fechas se realizaran los casamientos. La tradición de que la novia lleve un ramo de flores a la boda deriva de esto. Las flores disimulaban el hedor de los cuerpos.

Para poder tomar un baño en la Edad Media había que esperar que el dueño del establecimiento lo anunciara con una trompeta. Allí entonces, la gente acudía semidesnuda y se acomodaba en los diferentes bancos. Había masajistas que aplicaban ungüentos y barberos que arreglaban la barba y el pelo.

Algunos médicos de la época eran partidarios de los baños regulares, ya que eso mantenía a las infecciones alejadas, pero muchos otros eran verdaderos detractores.

Un insigne médico de esos años, Averroes, llegó a afirmar que, en los baños públicos, una señorita había quedado embarazada sin haber tenido relación sexual ninguna, tan solo por haber compartido el agua del baño con otros hombres.

Durante la peste, por el año 1450, los médicos reclamaron que se prohibieran todos los baños, ya que la peste se propagaría a través de las aguas. Llegaron a afirmar que la capa de suciedad protegería a las personas.