Adiós a freír el bacon en la sartén: este método es mucho más efectivo y lo deja mucho más sabroso y crujiente
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El bacon es uno de los alimentos más consumidos en el mundo y, aunque su presencia es más fuerte en la gastronomía estadounidense, en España también forma parte de bocadillos, pastas, pizzas y platos cotidianos. Sin embargo, una mala elección en el método de cocción puede reducir sustancialmente su textura crujiente.
La mayoría de las personas sigue recurriendo a la sartén o la plancha para prepararlo. Sin embargo, este método tradicional tiene más desventajas de las que parece y puede arruinar el resultado final. Por eso, cada vez más cocineros y aficionados coinciden en que hay una alternativa mucho más efectiva que mejora tanto la textura como el sabor.
Qué pasa cuando fríes el bacon
El principal problema de la sartén es la forma en la que se comporta la grasa del bacon al entrar en contacto directo con una superficie muy caliente. Al freírlo, esa grasa se derrite rápidamente y empieza a quemarse antes de que la carne se cocine de manera uniforme.
El resultado suele ser un bacon con zonas carbonizadas, un color oscuro poco apetecible y un sabor amargo que tapa sus matices naturales.
Además, la cocción es irregular: algunas partes quedan excesivamente crujientes mientras otras permanecen gomosas o incluso crudas. A esto se suman las salpicaduras constantes de grasa, que obligan a vigilar el proceso sin descanso y convierten la preparación en algo incómodo y poco seguro.
Aunque muchas personas asocian el bacon muy frito con un mejor crujiente, lo cierto es que ese exceso de calor directo termina degradando el producto. El bacon pierde su jugosidad, su aroma original y buena parte de su sabor característico.
Cómo cocinar el bacon para que quede más crujiente
La solución está en el horno. En Estados Unidos, este método es cada vez más habitual porque permite una cocción mucho más controlada y homogénea. Colocar las lonchas de bacon en una bandeja y hornearlas consigue que el calor las envuelva por completo, cocinándolas por ambos lados al mismo tiempo.

De este modo, la grasa se va derritiendo de forma gradual y se separa de la carne sin llegar a quemarse. El bacon mantiene su color, desarrolla un crujiente uniforme y adquiere un ligero aroma ahumado sin perder su sabor original. Además, no es necesario darle la vuelta ni estar pendiente constantemente del proceso.
Cómo lograr el punto perfecto en el horno
El tiempo y la temperatura no son aleatorios. Cocinar el bacon entre 15 y 20 minutos a 200 °C permite que la grasa se derrita por completo mientras las proteínas se cocinan sin carbonizarse. Esta transferencia de calor constante evita los puntos fríos y mejora notablemente la uniformidad del resultado final.
Para un buen resultado, lo ideal es colocar las lonchas sin superponerlas, preferentemente sobre una rejilla o papel de hornear, y precalentar el horno unos minutos antes. Una vez fuera, dejar reposar el bacon un par de minutos ayuda a que conserve su textura crujiente sin ablandarse.
En definitiva, abandonar la sartén y apostar por el horno no solo evita que la grasa se carbonice, sino que mejora de forma notable el sabor, el aroma y la textura del bacon. Un pequeño cambio en la cocina que marca una gran diferencia en el resultado final.
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