En 1966, Marlon Brando compró una isla perdida en la Polinesia sin imaginar que acabaría convirtiéndose en un refugio para las tortugas verdes
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A principios de los 60, mientras Marlon Brando buscaba escenarios para el rodaje de la película «Rebelión a bordo», descubrió Tatiaroa, un remoto atolón de la Polinesia Francesa ubicado unos 42 kilómetros al norte de Tahití. El actor quedó completamente fascinado por la isla y, en 1966, compró los derechos sobre el territorio. Casi seis décadas, se ha transformado en uno de los enclaves de conservación marina más importantes del mundo. Los biólogos contabilizaron más de 15.614 crías de tortuga verde. Asimismo, identificaron 113 hembras que habían anidado en torno a 161 nidos repartidos entre los diferentes islotes de coral protegidos por el atolón.
Uno de los grandes objetivos de esta labor científica es la protección de las especies autóctonas, entre las que destaca la tortuga verde. Los expertos inspeccionan las playas, identifican y marcan los ejemplares adultos para poder estudiar sus patrones de anidación a lo largo de los años y protegen los nidos frente a posibles inundaciones y a la presencia de depredadores. Las hembras de tortuga verde suelen volver, décadas después, a las mismas playas en las que nacieron, guiadas por las corrientes del océano, y los resultados del último estudio fueron muy positivos: se contabilizaron más de 430 desplazamientos de tortugas por las playas del atolón, se localizaron 113 hembras que llegaron hasta la costa para poner sus huevos y se calcula que alrededor de 15.614 crías lograron llegar al mar.
La isla de la Polinesia Francesa que compró Marlon Brando
Marlon Brando quedó cautivado por Tatiaroa y, años después, llegó a un acuerdo para adquirir durante 99 años los derechos sobre el territorio con los descendientes del dentista estadounidense Johnston Walter Williams. En su autobiografía, «Canciones que mi madre me enseñó», publicada en 1994, el actor recordó que llegó al atolón a bordo de una embarcación pesquera local y lo describió como «más hermoso de lo que jamás hubiera imaginado».
En lugar de aprovechar la belleza del enclave para convertirlo en un destino turístico de lujo, Marlon Brando decidió protegerlo del desarrollo urbanístico. Sólo ordenó construir una pequeña aldea en el islote Motu Onetahi, donde pudieran alojarse su familia y a los científicos que acudían al atolón. Después de su fallecimiento, en 2004, su patrimonio colaboró con Pacific Beachcomber para mantener vivo el proyecto. De esta iniciativa surgió la Sociedad Tetiaroa, una organización centrada en la investigación científica, la conservación de la cultura indígena y la protección del medioambiente en los ecosistemas de las islas tropicales.
Tortuga verde
Uno de los objetivos fundamentales de este proyecto científico es la conservación de la tortuga verde. Los resultados obtenidos en el último estudio permiten hacerse una idea de la magnitud de la labor desarrollada por los investigadores: se contabilizaron más de 430 desplazamientos de tortugas en las playas del atolón, 113 hembras llegaron a la costa para desovar, los equipos de campo controlaron 161 nidos y 15.614 crías lograron llegar al agua.
La protección de estos animales comienza durante la noche, cuando las tortugas se acercan a la costa. Los equipos realizan labores de vigilancia por las playas, identifican y marcan a los ejemplares adultos y adoptan medidas para proteger los nidos de posibles inundaciones y de los depredadores. Para la recuperación del entorno natural, también ha sido necesario combatir la presencia de especies invasoras. Los programas desarrollados junto con Island Conservation permitieron eliminar ratas del Pacífico de algunos islotes, entre ellos Reiono y Rimatuu. Estos roedores suponían un peligro tanto para las aves marinas como para los nidos de las tortugas.
La investigación abarca además otros aspectos del ecosistema, como el estado de los arrecifes de coral, la acidificación de los océanos y la evolución de las especies vegetales autóctonas. Al mismo tiempo, equipos relacionados con el Instituto Louis Malardé han estudiado métodos para controlar las poblaciones de mosquitos sin recurrir a pesticidas químicos.
La conservación del atolón cuenta también con el apoyo económico de The Brando, el complejo ecológico de lujo situado en Motu Onetahi. Parte de los ingresos obtenidos por el establecimiento se destinan a financiar embarcaciones, laboratorios y material científico. Además, el complejo dispone de un sistema de refrigeración que aprovecha agua fría del océano que se extrae a unos 930 metros de profundidad.
Hotel The Brando
«Si el paraíso existiera, seguramente se parecería a este lugar…Marlon Brando lo supo muchos años atrás cuando se enamoró y adquirió, como refugio personal, la espectacular Tetiaroa, una isla privada hoy convertida, en parte, en un idílico resort de lujo eco sostenible».
Con un gran respeto por la cultura local y un firme compromiso con la protección del entorno, el resort ofrece las comodidades y servicios propios de un alojamiento de lujo sin renunciar a la sostenibilidad. The Brando cuenta con 35 villas privadas de entre una y tres habitaciones, situadas junto a la playa de las Tortugas o frente a la bahía de las Sirenas. Todas ellas presentan una decoración inspirada en las tradiciones polinesias, con espacios de líneas sencillas, paredes de madera y techos cubiertos con hojas de pandano.