1.800 metros de largo y 80.000 pasajeros: así es la primera ciudad flotante del mundo, una megaestructura que desconcierta a los científicos
The Floating Ship es el proyecto de ciudad flotante que se lleva preparando desde los 90
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Freedom Ship así es como se llama la ciudad flotante que lleva cerca de 30 desarrollándose aunque parece que es ahora cuando comienza a ser un proyecto con una mejor base y con ello que de nuevo se esté hablando de ella. Se trata de una propuesta surgida en la década de los noventa que ahora ha vuelto a ponerse en circulación con nuevos diseños, para la que sus impulsores buscan financiación y con ello poder levantar la estructura en la que miles de personas podrían residir mientras recorre los océanos.
Desde hace algunos años se habla de unos 1.800 metros de longitud, pero la documentación más reciente matiza y específica que la cifra es de aproximadamente 1,6 kilómetros. También tendría unos 240 metros de ancho, 30 cubiertas y un tonelaje bruto cercano a los 2,3 millones. Sería, por tanto, mucho mayor que cualquier crucero construido hasta la fecha. Los responsables calculan que podrían reunirse 80.000 personas a bordo. La cifra se repartiría entre 50.000 residentes, 10.000 turistas o visitantes y una plantilla de 20.000 trabajadores. El objetivo es que funcione como una ciudad con servicios propios mientras navega alrededor del mundo. Sin embargo, todavía no se ha anunciado el comienzo de las obras ni se ha confirmado el capital necesario para llevarlas a cabo.
La primera ciudad flotante del mundo
Quienes impulsan el proyecto no hablan del Freedom Ship como un crucero al uso. No tendría un recorrido compuesto por escalas breves, sino que navegaría de manera permanente y tardaría entre dos años y dos años y medio en dar la vuelta al planeta. Mientras tanto, sus residentes continuarían con sus trabajos, llevarían a sus hijos al colegio y recibirían atención médica dentro del propio complejo de modo que sí, la megaestructura se ha pensado como una ciudad flotante, la primera del mundo.
Moverse de un extremo a otro además tampoco sería sencillo a pie. Para salvar las grandes distancias, el diseño incorpora un tranvía que comunicaría las distintas zonas. A su alrededor se distribuirían viviendas, hoteles, oficinas, parques y paseos peatonales. Toda una ciudad sobre el mar, para la qu de hecho, sus responsables afirman que han evitado plantearlo como un bloque cerrado y han introducido espacios abiertos para que el conjunto resulte más parecido a una población que al interior de un barco.
Eso sí, debido a su tamaño no podría entrar en los puertos, de manera que permanecería mar adentro incluso cuando se aproximara a una ciudad. Los desplazamientos hasta la costa se realizarían en ferris y otras embarcaciones, mientras que ocho helipuertos servirían para determinados traslados. Este sistema permitiría renovar suministros, mover mercancías y facilitar la entrada y salida de residentes y visitantes. Dentro se instalarían colegios, centros universitarios, bancos, consultas médicas y un hospital de investigación. Los planos reservan espacio además para tiendas, restaurantes, museos y una sala de conciertos. Entre las instalaciones más llamativas figuran un estadio para 15.000 espectadores, un parque acuático, un acuario y varias discotecas.
La empresa no pretende encargarse directamente de todos esos establecimientos. Roger Gooch, responsable de Freedom Cruise Line International, ha explicado que comerciantes y emprendedores podrían comprar o alquilar locales, igual que hacen en tierra. La intención es generar actividad económica propia y no limitar los ingresos de la ciudad a la venta de viviendas o a las estancias de los turistas.
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El proyecto que lleva tres décadas sin construirse
La idea fue presentada a finales de los años noventa por el ingeniero estadounidense Norman Nixon. Desde entonces, el Freedom Ship ha reaparecido en varias ocasiones acompañado de nuevos diseños y anuncios sobre su posible construcción, pero nunca ha conseguido reunir el capital necesario. Nixon murió en 2012 sin ver iniciadas las obras y la propuesta volvió a quedar paralizada. Freedom Cruise Line International intenta ahora reactivar el plan bajo la dirección de Roger Gooch.
La empresa ha incorporado además a su equipo nuevos responsables de diseño, arquitectura naval y gestión del proyecto. Gooch sostiene que existe suficiente demanda para construir más de una unidad, pero admite que la captación de capital sigue siendo el punto decisivo. El coste estimado ronda los 12.000 millones de libras, más de 16.000 millones de dólares. Se trata de una inversión muy superior a la requerida por los mayores cruceros en servicio. Por el momento, sus responsables no han anunciado que cuenten con la financiación completa, por lo que las nuevas imágenes continúan mostrando una aspiración y no una construcción en marcha.
Si se consiguiera el dinero, el casco se fabricaría por secciones en Indonesia y posteriormente sería ensamblado en el mar. La compañía calcula que las obras durarían entre tres y cuatro años e incluso plantea que algunos residentes pudieran instalarse antes de que la estructura estuviera terminada. El mantenimiento se efectuaría de manera continua y sin retirar la ciudad del agua.
Energía nuclear y dudas sobre su viabilidad
La posibilidad de utilizar energía nuclear es uno de los puntos más polémicos del proyecto. Sus responsables consideran que permitiría abastecer una ciudad de 80.000 personas y reducir las emisiones derivadas de los combustibles marítimos tradicionales. La energía tendría que cubrir la propulsión, la climatización, la producción de agua potable, el transporte interno y el funcionamiento de todos los servicios. La propuesta también contempla sistemas para colaborar en la limpieza de los océanos durante sus desplazamientos. No obstante, todavía quedan por resolver cuestiones relacionadas con la seguridad, la gestión de residuos, los permisos y la regulación aplicable a una embarcación nuclear habitada por decenas de miles de civiles.
La escala del Freedom Ship plantea además desafíos de ingeniería sin precedentes. Nunca se ha construido un buque de estas dimensiones y tampoco existe un marco claro para gestionar una ciudad flotante instalada durante largos periodos en aguas internacionales. La fiscalidad, la atención sanitaria, la seguridad, la responsabilidad jurídica y las condiciones laborales necesitarían normas específicas. Estas incógnitas explican el escepticismo que rodea al proyecto. Como recoge The Next Web, «el Freedom Ship lleva décadas cerca de comenzar sus obras sin haber logrado abandonar el papel». Sin embargo, sus promotores confían en convertirlo sacar adelante el proyecto para lograr así una nueva forma de vivir en el océano.
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