Guirao da un toque de atención a los ciudadanos: «Al Museo del Prado hay que ir»
El ministro de Cultura y Deportes, José Guirao, ha calificado este lunes de "escalofriante" que el 37% de los madrileños reconozca no haber visitado nunca el Prado, aunque también considera "esclarecedor" este dato para actuar en consecuencia.
El ministro José Guirao ha participado en el Museo de Almería en el acto de descubrimiento de ‘El bufón Calabacillas’, uno de los retratos más conocidos de Velázquez, cedido por el Museo del Prado dentro de las actividades de conmemoración de su bicentenario, que se exhibirá desde hoy y hasta el próximo 5 de mayo en la pinacoteca andaluza.
Durante el acto, ha hecho una «llamada de atención» a la ciudadanía, insistiendo en que al «Museo del Prado hay que ir» y no quedarse únicamente con lo que se lee en los medios de comunicación o lo que se aprende de él cuando se estudia.
«Es el mejor museo de pintura del mundo, no el más grande, pero sí el mejor, con las mejores colecciones de pinturas históricas del planeta. No hay una sola obra que no sea maestra o fundamental para conocer la pintura universal», ha dicho durante una intervención en el Museo de Almería.
Por ello, ha abogado por seguir desarrollando iniciativas como ‘De gira por España’, que ha permitido que el cuadro de Velázquez se exponga en Almería, «no solo con depósitos y depósitos permanentes en muchos museos, sino con programas y exposiciones que permitan acercar el Prado a los españoles y recuperarlo como espacio central de la conciencia cultural».
Por su parte, el director del Museo del Prado, Miguel Falomir, ha destacado el «ambicioso» y «variopinto» programa del bicentenario de la pinacoteca nacional, «un nacional que lleva por vocación». «Tiene más de 2.400 obras depositadas a lo largo y ancho del territorio, 401 en Andalucía».
Según recoge la ficha técnica del Museo del Prado, ‘El bufón Calabacillas’ (1635-1639) es un óleo sobre lienzo que retrata a Juan Calabazas que sirvió primero como bufón del cardenal infante don Fernando de Austria y en 1632 pasó al servicio del rey, para morir siete años más tarde.
Es uno de los varios retratos de bufones de Velázquez que basan su eficacia comunicativa en la presencia imponente del personaje en un primerísimo primer plano, su ubicación en un lugar indeterminado, su extraña y casi descoyuntada postura y su expresión insólita.
En esta obra destaca el tratamiento técnico, sobre todo de la cabeza, realizada a base de un eficaz difuminado.
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