La millonaria (y secreta) colección de 40.000 botellas de Stalin que guarda vinos de los zares rusos será subastada
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Oculta durante décadas tras gruesas puertas de metal, entre pasillos cubiertos de polvo y botellas que han sobrevivido a guerras, revoluciones y cambios de régimen, una de las colecciones de vino más extraordinarias del mundo acaba de salir a la luz. En Tiflis, capital de Georgia, las autoridades han abierto por primera vez una histórica bodega que alberga cerca de 40.000 botellas vinculadas a Iósif Stalin, muchas de ellas procedentes de algunas de las mejores casas vinícolas de Francia y otras con más de dos siglos de antigüedad. Lo que podría parecer el argumento de una novela histórica se ha convertido en una realidad que mezcla patrimonio, política, coleccionismo y cultura del vino. Ahora, parte de este tesoro enológico será subastado con un objetivo inesperado: financiar una escuela dedicada a la formación de futuras generaciones de expertos en vino.
Una bodega sellada durante décadas
La noticia ha despertado el interés de coleccionistas y expertos de todo el mundo. El gobierno georgiano ha decidido abrir al público una bodega histórica situada en Tiflis que permanecía prácticamente inaccesible. En su interior se conservan alrededor de 40.000 botellas de vinos franceses y georgianos, algunas fechadas a comienzos del siglo XIX. Las imágenes difundidas muestran un espacio casi detenido en el tiempo, donde las telarañas cuelgan de los techos y el polvo cubre etiquetas envejecidas por el paso de los años.
La colección pertenece actualmente al estado georgiano, pero durante décadas estuvo asociada a una de las figuras más controvertidas del siglo XX: Iósif Stalin. Nacido precisamente en Georgia, el líder soviético fue un apasionado del vino y amplió con el paso de los años una colección que ya tenía un origen extraordinario.
De los zares rusos a Stalin
Una parte importante de estas botellas no fue adquirida directamente por Stalin. Su historia comienza mucho antes, en la corte imperial rusa. Entre los ejemplares conservados se encuentran vinos procedentes de prestigiosos châteaux de Burdeos que pertenecieron a los zares Alejandro III y Nicolás II, miembros de la dinastía Romanov.
Tras la Revolución Rusa de 1917, las propiedades de la familia imperial fueron confiscadas por el nuevo poder soviético. Entre los bienes requisados figuraba también esta exclusiva colección vinícola. Con el tiempo, Stalin se convirtió en su custodio y fue incorporando algunas de sus variedades georgianas favoritas, creando así una colección única en la que conviven los grandes vinos franceses con algunas de las referencias históricas más importantes del Cáucaso.
Botellas con valor histórico y económico
Aunque todavía no se ha hecho pública una valoración completa del conjunto, los expertos consideran que algunas de estas piezas podrían alcanzar cifras muy elevadas en el mercado internacional. La combinación de antigüedad, procedencia y contexto histórico convierte a determinadas botellas en auténticos objetos de colección.
El atractivo no reside únicamente en la calidad del vino. En muchos casos, el interés principal está en la historia que acompaña a cada botella. Son piezas que han permanecido almacenadas durante generaciones y que han sobrevivido a acontecimientos que transformaron el mapa político de Europa.
No sorprende, por tanto, que algunos visitantes hayan comparado la apertura de la bodega con un descubrimiento arqueológico. El coleccionista estadounidense Victor Chen, uno de los invitados que pudo acceder al recinto, describió la experiencia como si se tratara de abrir una cueva desconocida llena de posibles tesoros históricos.
Una escuela financiada con vino
Quizá el aspecto más llamativo de toda esta historia sea el destino de los fondos obtenidos. El gobierno georgiano ha anunciado que parte de las botellas será subastada para financiar la creación de una escuela especializada en educación vinícola. El proyecto pretende formar a futuros profesionales del sector y reforzar aún más la posición de Georgia dentro de la industria internacional del vino.
La iniciativa simboliza también una transformación curiosa del legado histórico. Un patrimonio asociado durante décadas a Stalin y a la élite imperial rusa acabará sirviendo para impulsar la formación y el desarrollo de una nueva generación de enólogos, sumilleres e investigadores.
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