Jordi Cruz revela el truco para que el arroz blanco quede perfecto: «Lo ideal es hacer dos o tres lavados como mínimo»
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Hay recetas que, precisamente por ser tan sencillas, son capaces de convertirse en un auténtico examen de cocina. El arroz blanco es una de ellas: parece imposible equivocarse con un puñado de arroz, agua y sal, pero basta pasarse con el líquido, calcular mal el fuego o levantar la tapa antes de tiempo para terminar con un resultado demasiado blando, pegajoso o, directamente, lejos de ese grano suelto que buscamos. Jordi Cruz propone olvidarse de las medidas a ojo y seguir una fórmula concreta para conseguirlo. Su método utiliza arroz redondo, 600 mililitros de agua, 5 gramos de sal y 19 minutos exactos de cocción y reposo. El secreto está en respetar cada paso y, sobre todo, en no tener prisa.
El arroz blanco también tiene sus trucos
Puede parecer una de las elaboraciones más básicas de la cocina, pero conseguir un arroz blanco suelto y en su punto requiere prestar atención a varios detalles. El tipo de arroz, la cantidad de agua, la intensidad del fuego y hasta el momento exacto en el que se apaga la cocina pueden cambiar por completo el resultado.
En un vídeo compartido en Instagram, Jordi Cruz explica su método para preparar un arroz de grano redondo que después pueda utilizarse como guarnición, para salteados o como acompañamiento de prácticamente cualquier receta. Y lo hace con una premisa sencilla: menos improvisación y más precisión.
El primer paso: lavar bien el arroz
Antes de encender el fuego, hay un gesto que el chef considera fundamental: lavar el arroz. Para su receta utiliza 500 gramos de arroz redondo y recomienda realizar dos o tres lavados como mínimo, cambiando el agua hasta conseguir que salga lo más limpia posible.
«Vamos a lavar el arroz. Iremos cambiando el agua hasta que salga lo más limpia posible. Lo ideal es hacer dos o tres lavados como mínimo», explica Jordi Cruz.
Este paso ayuda a retirar parte del almidón superficial de los granos, algo que puede favorecer que se peguen entre sí durante la cocción. Cuando el agua está prácticamente limpia, se escurre bien el arroz y ya está listo para pasar a la cazuela.
600 mililitros de agua y 5 gramos de sal
Aquí llega la parte que convierte esta receta en una fórmula fácil de recordar. Una vez lavado y escurrido el arroz, Jordi Cruz lo coloca en una cazuela y añade 600 mililitros de agua y 5 gramos de sal.
La cantidad de sal tampoco queda al azar. «A mí me gusta que el agua tenga un poquito de sazón», explica el chef mientras incorpora los 5 gramos y los reparte bien.
Después, la cazuela se tapa y comienza la cocción. Y es precisamente aquí donde los minutos adquieren todo el protagonismo.
Cuatro minutos a fuego fuerte
Con la cazuela tapada, el arroz comienza a cocinarse a fuego máximo durante cuatro minutos. No se trata de mantenerlo mucho tiempo a esta intensidad, sino de conseguir que el agua alcance el hervor.
«Lo dejamos cuatro minutos. En esos cuatro minutos lo que va a pasar es que va a empezar a hervir», señala Jordi Cruz.
Una vez transcurridos esos cuatro minutos, llega el momento de cambiar completamente la intensidad del fuego.
Diez minutos al mínimo y sin levantar la tapa
Cuando comienza el hervor, se baja el fuego al mínimo y se mantiene la cazuela tapada durante diez minutos más. Es una de las partes más importantes del método: el arroz continúa cocinándose de manera progresiva y absorbiendo el agua sin necesidad de removerlo ni vigilarlo constantemente.
La tapa, además, debe permanecer en su sitio. Abrirla para comprobar cómo va puede alterar la temperatura y dejar escapar el vapor que participa en la cocción.
Después de esos diez minutos, llega el momento de apagar el fuego. Pero todavía no hay que destapar.
Los últimos cinco minutos son de reposo
La cuenta es sencilla: cuatro minutos a fuego fuerte, diez al mínimo y cinco de reposo. 19 minutos en total.
Con el fuego apagado, Jordi Cruz deja la cazuela tapada durante cinco minutos más. «A los cinco minutos ya podéis destapar el arroz», explica. Es entonces cuando aparece el resultado: un arroz cocido, suelto y listo para llevar directamente al plato.
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