Los cuatro consejos de Arnold Schwarzenegger para mantener hábitos que realmente duren
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Mantener un hábito durante unos días suele ser sencillo. Lo complicado llega cuando pasan las semanas, aparecen los imprevistos, disminuye la motivación inicial y la rutina empieza a competir con el cansancio, las obligaciones y las excusas. Da igual que se trate de hacer ejercicio, comer mejor, leer cada noche o aprender una nueva habilidad: la mayoría de las personas abandonan mucho antes de obtener resultados. Por eso resulta tan interesante escuchar a alguien que ha construido toda su vida sobre la base de la constancia. Arnold Schwarzenegger, una de las figuras más influyentes del deporte y el bienestar, ha compartido recientemente cuatro claves que, según diversos estudios y su propia experiencia, facilitan enormemente la creación de hábitos sostenibles a largo plazo. La buena noticia es que ninguna de ellas tiene que ver con la fuerza de voluntad extrema ni con sacrificios imposibles.
El problema no es la pereza, sino el sistema
Existe una creencia muy extendida que culpa a la falta de disciplina de todos los intentos fallidos. Cuando alguien deja de ir al gimnasio, abandona una dieta o renuncia a una rutina de lectura, suele pensar que simplemente no tiene suficiente voluntad. Sin embargo, Schwarzenegger plantea una idea diferente: los hábitos no suelen fracasar porque las personas sean perezosas, sino porque el método elegido es demasiado difícil de repetir día tras día.
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia completamente la perspectiva. Si el problema es la persona, la solución pasa por esforzarse más. Si el problema es el sistema, entonces basta con diseñar una estrategia mejor.
Esa filosofía ha acompañado al exgobernador de California durante décadas. Desde sus años como culturista profesional hasta su carrera como actor y empresario, ha defendido la importancia de crear procesos que faciliten la repetición constante de las acciones correctas.

Elige hábitos que hayas decidido tú
El primero de sus consejos parece evidente, pero es más importante de lo que parece. Schwarzenegger recomienda que los hábitos nazcan de una decisión personal y no de una imposición externa.
La psicología lleva años demostrando que las personas responden mejor cuando sienten que tienen el control sobre sus decisiones. No es lo mismo salir a correr porque alguien insiste en que deberías hacerlo que hacerlo porque realmente deseas mejorar tu salud o sentirte más fuerte.
Cuando un hábito está alineado con los intereses y objetivos personales, resulta mucho más fácil mantenerlo en el tiempo. La motivación deja de depender de la presión social y pasa a estar vinculada a una razón propia.
Por eso, antes de iniciar cualquier cambio, conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿realmente quiero incorporar este hábito o estoy intentando cumplir las expectativas de otros?

Las mañanas juegan a tu favor
El segundo consejo de Schwarzenegger tiene que ver con el momento del día en que realizamos una actividad. Su recomendación es clara: si es posible, conviene practicar el hábito por la mañana.
La explicación es bastante lógica. A primera hora solemos tener menos interrupciones, menos compromisos y una mayor capacidad para tomar decisiones. Conforme avanza el día, el trabajo, los mensajes, los problemas cotidianos y el cansancio mental empiezan a acumularse.
Es lo que muchos expertos denominan «fatiga de decisión». Cada elección que hacemos consume una pequeña parte de nuestra energía mental. Cuando llega la tarde, esa reserva suele estar bastante más agotada.
Por eso muchas personas que planean entrenar después del trabajo terminan posponiéndolo. No porque no quieran hacerlo, sino porque el contexto se vuelve más complicado.
Incorporar el hábito durante las primeras horas del día elimina gran parte de esas barreras. Además, genera una sensación de logro que puede influir positivamente en el resto de la jornada.

La importancia de repetir siempre en el mismo contexto
Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta de Schwarzenegger es su insistencia en mantener condiciones similares cada día.
Cuando hablamos de hábitos, solemos centrarnos en la acción en sí misma, pero olvidamos que el entorno tiene una enorme influencia sobre nuestro comportamiento. El cerebro aprende mediante asociaciones. Si realizamos una actividad repetidamente en el mismo lugar, a la misma hora y utilizando herramientas similares, termina identificando ese contexto con la conducta deseada.
Es la razón por la que resulta más sencillo leer cada noche en el mismo sillón o entrenar siempre en la misma franja horaria. Con el tiempo, el entorno actúa como un disparador automático.
Los investigadores especializados en formación de hábitos han observado que la repetición constante dentro de un contexto estable acelera considerablemente el proceso de automatización.
Dicho de otra forma: cuanto menos tengas que pensar cuándo, dónde y cómo realizar una actividad, más probable será que la hagas.

Empezar pequeño sigue siendo la estrategia más inteligente
Quizá el consejo más valioso sea también el más sencillo. Schwarzenegger insiste en que los hábitos deben comenzar siendo pequeños.
Es un error habitual querer cambiar toda la vida de golpe. Después de un momento de inspiración, muchas personas deciden entrenar seis días a la semana, eliminar todos los alimentos poco saludables, leer una hora diaria y levantarse a las cinco de la mañana.
El problema es que ese nivel de exigencia rara vez resulta sostenible.
Los hábitos sencillos tienen una ventaja fundamental: son fáciles de repetir. Y la repetición es precisamente lo que construye la constancia. Como ha señalado Schwarzenegger en otras ocasiones, un entrenamiento espectacular no transforma una vida, pero cientos de entrenamientos normales sí lo hacen.
Caminar diez minutos al día puede parecer insignificante, igual que leer cinco páginas o dedicar unos minutos a la meditación. Sin embargo, esas pequeñas acciones tienen muchas más posibilidades de mantenerse en el tiempo que los cambios radicales.
Además, cada repetición exitosa refuerza la identidad de la persona que queremos ser. No se trata de correr una maratón el primer día, sino de convertirse en alguien que corre de forma habitual.