Lhardy café, el nuevo punto de encuentro de la ‘jet set’ en el barrio de Salamanca con casi dos siglos de historia

Madrid recupera uno de sus grandes nombres gastronómicos en una nueva dirección. Este septiembre, Lhardy Café ocupa el número 8 de la calle Velázquez, en los bajos del Hotel Wellington, llevando al barrio de Salamanca el espíritu de una casa que forma parte de la historia de la capital desde hace casi dos siglos.
El proyecto está impulsado por Grupo Pescaderías Coruñesas y la familia García Azpíroz, propietarios de Lhardy desde 2021. La nueva apertura no pretende ser una réplica del restaurante de la Carrera de San Jerónimo, sino una propuesta con personalidad propia: un café contemporáneo, abierto durante todo el día y pensado como punto de encuentro.
El espacio se distribuye en dos plantas y una terraza exterior. En la planta baja, una gran barra marca el ambiente y permite disfrutar de una experiencia más informal. En la superior, el ritmo se vuelve más pausado y gastronómico, pensado para sentarse a comer o cenar.
El interiorismo, firmado por Auna, recupera parte de la memoria de la casa. En la decoración aparecen piezas antiguas de plata, cobre y cerámica pertenecientes al patrimonio de Lhardy, junto a espejos, lámparas y apliques procedentes del Palacio de la Trinidad. El resultado combina historia y contemporaneidad sin convertir el nuevo local en una reproducción del establecimiento original.

Una carta con los grandes clásicos
La cocina es uno de los principales vínculos entre el nuevo café y el Lhardy histórico. Entre los imprescindibles aparece el consomé Lhardy, servido en el tradicional samovar, una de las imágenes más reconocibles de la casa.
La carta incorpora también croquetas y callos, dos recetas profundamente asociadas a la tradición gastronómica de Lhardy. A ellas se suman platos procedentes del universo culinario de Grupo Pescaderías Coruñesas, como el lenguado Evaristo a la plancha con vinagreta y el solomillo de buey al whisky Desde 1911.
Y hay un nombre que resulta casi obligatorio cuando se habla de Lhardy: el soufflé Lhardy, uno de los grandes postres de la casa y una referencia para los aficionados a la cocina clásica madrileña.
El nuevo concepto concede además un papel destacado al café de especialidad, la panadería y la bollería, elementos que permiten que el establecimiento tenga vida desde primera hora. Lhardy Café permanece abierto todos los días de 9:00 a 24:00 horas, con una propuesta que abarca desayuno, comida, merienda, aperitivo y cena.

El Lhardy de Galdós
Para entender la importancia de esta nueva apertura hay que viajar hasta 1839, cuando Emilio Huguenin, de origen suizo y formado profesionalmente en Francia, abrió el primer Lhardy en la Carrera de San Jerónimo.
La llegada de Lhardy supuso una pequeña revolución en la vida social y gastronómica madrileña. Huguenin introdujo costumbres de inspiración europea y convirtió su establecimiento en mucho más que un lugar donde comer. Lhardy se convirtió en punto de reunión de políticos, aristócratas, artistas, periodistas y escritores.
Entre sus visitantes y cronistas estuvo Benito Pérez Galdós, que incorporó el establecimiento a su particular retrato literario de Madrid. En sus obras, Lhardy aparece vinculado a ese Madrid del siglo XIX que estaba cambiando, donde los cafés y restaurantes comenzaban a convertirse en escenarios fundamentales de la vida pública.
Casi dos siglos después, el nombre vuelve a instalarse en otro punto de Madrid. Lhardy Café no sustituye al histórico restaurante de San Jerónimo, sino que abre una nueva vía para su legado: un espacio más informal, contemporáneo y flexible, pero conectado con la memoria gastronómica de una de las casas más emblemáticas de la capital.