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Ana Milán (52 años), actriz española: «El humor es incluso más poderoso que el amor, porque nos salva de todo y tiene que ver con relativizar»

Ana Milán es una de las actrices más queridas de su generación

La artista tiene una serie en Atresmedia basada en su vida y en sus divertidas anécdotas

Según dice, el humor es todavía más importante que el amor

Hay personas que convierten el sentido del humor en una seña de identidad. No necesariamente porque estén siempre dispuestas a hacer reír a quienes tienen alrededor, sino porque han aprendido a utilizarlo como una forma de enfrentarse a las circunstancias. Ana Milán pertenece a ese grupo.

A sus 52 años, la actriz ha construido una carrera ligada a la interpretación, la televisión y la comunicación, pero también ha demostrado en numerosas ocasiones que su relación con el humor trasciende su profesión. Para ella, reír no consiste únicamente en buscar un momento de diversión. También puede ser una manera de tomar distancia, relativizar aquello que ocurre y evitar que los problemas terminen ocupando todo el espacio.

Es precisamente sobre esa capacidad sobre la que la actriz ha realizado una reflexión que resume buena parte de su filosofía personal. «El humor nos salva de todo, es más poderoso que el amor porque tiene que ver con relativizar, con no victimizarse», afirma.

Una forma distinta de mirar los problemas

Cuando Ana Milán habla de relativizar, no plantea que las dificultades deban ignorarse ni que cualquier situación pueda resolverse con una carcajada. Su planteamiento apunta más bien a cambiar la perspectiva desde la que se afronta aquello que sucede.

Ana Milán en televisión. (Foto: Antena 3)

Hay momentos en los que un problema puede parecer absoluto. Una decepción, un error, una situación incómoda o una circunstancia inesperada pueden llegar a ocupar toda nuestra atención. En esos instantes resulta difícil observar lo ocurrido con cierta distancia. Sin embargo, el paso del tiempo demuestra en muchas ocasiones que la percepción también cambia.

Lo que en un momento determinado parecía imposible de superar puede terminar convertido en una anécdota que se recuerda con una sonrisa. Los hechos no necesariamente han cambiado. Lo que se ha transformado es la manera de interpretarlos.

La importancia del humor

La reflexión de Ana Milán forma parte de una entrevista en la que profundizaba precisamente en esa manera de entender la vida. Sus palabras fueron recogidas por Mujer Hoy, durante una entrevista que en COOL hemos rescatado porque es realmente interesante.

«El humor es incluso más poderoso que el amor, porque nos salva de todo y tiene que ver con relativizar», señalaba. Y añadía una afirmación todavía más rotunda: «El humor es un don absoluto».

La elección de estas palabras no parece casual. Para Ana, tener sentido del humor no equivale simplemente a ser una persona divertida. Existe una dimensión más profunda relacionada con la capacidad de no quedar atrapado en la gravedad de cada circunstancia.

Eso también afecta a la manera en la que cada persona contempla sus propios errores. Reírse de uno mismo puede ayudar a asumir que equivocarse forma parte de la experiencia humana. Una equivocación deja entonces de interpretarse necesariamente como una prueba de incapacidad y puede convertirse en una experiencia de la que extraer alguna enseñanza.

Convivir con las imperfecciones

En una sociedad en la que existe una presión constante por alcanzar determinados estándares, la capacidad de aceptar las propias imperfecciones adquiere especial importancia. El humor puede convertirse en una vía para rebajar esa exigencia, siempre que no se utilice para ocultar aquello que realmente necesita ser afrontado.

Reírse de uno mismo permite, en determinados momentos, recordar que nadie tiene un control absoluto sobre su vida. Todos cometemos errores, tenemos días malos y atravesamos situaciones que no salen como habíamos previsto.

La diferencia puede estar en la manera de reaccionar ante ellas. Tomarse demasiado en serio cada tropiezo puede aumentar la frustración y convertir un episodio concreto en algo mucho más grande. El humor, por el contrario, puede introducir una pausa y permitir contemplar lo sucedido desde otra perspectiva.

Eso no significa que una broma pueda solucionar una pérdida, una dificultad económica o cualquier otra circunstancia dolorosa. El humor no elimina los problemas, pero puede proporcionar un pequeño descanso emocional y ayudar a recordar que una situación complicada no constituye necesariamente la totalidad de una vida.

Más allá de las carcajadas

La reflexión de Ana Milán adquiere así un sentido que trasciende su condición de actriz. Su defensa del humor puede entenderse como una invitación a no convertir cada contratiempo en una tragedia.

La capacidad de relativizar no consiste en restar importancia a aquello que duele, sino en evitar que ese dolor termine definiéndolo todo. Hay problemas que necesitan tiempo, conversaciones, decisiones o incluso ayuda externa. Ninguno desaparece por el simple hecho de reírse.

En ese punto se encuentra buena parte del sentido de las palabras de la actriz. El humor abre una pequeña distancia allí donde todo parece demasiado intenso. Permite observar los errores sin convertirlos en condenas, aceptar determinadas imperfecciones y recuperar cierta ligereza cuando las circunstancias lo permiten.

Una idea que la actriz ha convertido en parte de su discurso y que resume una manera de entender la vida basada, sobre todo, en la perspectiva. Porque hay situaciones que no pueden cambiarse, pero sí puede cambiar, con el tiempo y la distancia, la forma en la que decidimos mirarlas.