Marius Borg estalla en lágrimas en su juicio y exculpa a la princesa Mette-Marit: «Estaba fregando»
Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit, enfrenta un juicio en Oslo por 38 cargos
Durante su declaración, rompió a llorar y culpó a la prensa del acoso constante que ha sufrido desde la infancia
El proceso se celebra a puerta cerrada para proteger a las víctimas y se espera que dure siete semanas
Marius Borg Høiby, hijo de la princesa heredera de Noruega, Mette-Marit, ha vuelto a acaparar la atención mediática este miércoles durante la segunda jornada de su juicio en Oslo, un proceso judicial que se prevé largo y complejo, con una duración estimada de siete semanas y un total de 38 cargos en su contra. A sus 29 años, Borg se enfrenta a acusaciones graves que incluyen cuatro cargos de violación, agresiones con agravantes, amenazas, tráfico de drogas y conducta imprudente, además de otros delitos menores como conducir a exceso de velocidad. Durante su comparecencia ante el Tribunal de Distrito de Oslo, el joven noruego rompió a llorar y se mostró visiblemente afectado, atribuyendo gran parte de su situación actual al acoso constante de los medios desde su infancia.
«Me resulta increíblemente difícil hablar delante de tanta gente; he estado rodeado de prensa desde que tenía tres años. Me han acosado y atormentado», afirmó entre lágrimas Marius Borg, quien quiso dejar claro que su relación con los periodistas ha marcado su vida desde la infancia. Como hijo de la princesa Mette-Marit y hijastro del príncipe heredero Haakon Magnus, Borg ha vivido bajo la atención pública desde su nacimiento, un hecho que, según su testimonio, lo ha llevado a desarrollar una «necesidad extrema de afirmación». Esa búsqueda de validación, explicó, se tradujo en excesos de todo tipo: «Mucho sexo, mucho alcohol. Muchas fiestas, algunas drogas», declaró, destacando que su vida ha sido completamente diferente a la del ciudadano medio noruego y que pocos podrían identificarse con ella.
A lo largo de su intervención, Marius Borg se mostró enfático en defender a su madre. Frente a las especulaciones sobre si Mette-Marit había manipulado la tarjeta SIM de su teléfono móvil tras su detención, el hijo de la princesa heredera negó categóricamente que ella hubiera estado implicada: «Sé que mucha gente ha especulado sobre si mamá sacó la tarjeta SIM. Eso definitivamente no ha sucedido. Mi madre estaba fregando los platos», aclaró. Con estas palabras, Borg buscaba desvincular a su madre de cualquier responsabilidad en los hechos que se le imputan, resaltando además la normalidad de su relación familiar dentro del palacio y con el príncipe Haakon.
En cuanto a los cargos relacionados con la violencia sexual, Marius Borg negó que los vídeos y fotos encontrados en su teléfono móvil mostraran agresión o violación, asegurando que se trataba de material privado almacenado únicamente para su propio disfrute. Admitió, no obstante, haber tenido una vida marcada por fiestas y consumo de alcohol y drogas, y reconoció que algunas imágenes se encontraban en carpetas cifradas para evitar que otros pudieran acceder a ellas. La Fiscalía sostiene que los hechos se produjeron en contextos de relaciones sexuales consentidas inicialmente, pero que algunas víctimas no podían defenderse debido a su estado de embriaguez, y que algunas imágenes se realizaron sin consentimiento.
El juicio, que se celebra a puerta cerrada para proteger la identidad de las víctimas, ha revelado detalles de la vida privada de Borg y de su entorno familiar, incluyendo la presión mediática y social que ha sufrido desde niño. En su declaración, también hizo alusión a episodios concretos, como las fiestas en Skaugum, la residencia oficial de los príncipes herederos, donde supuestamente ocurrieron algunos de los hechos investigados. A pesar de las acusaciones, Borg insistió en que muchas de las situaciones relatadas por las presuntas víctimas se interpretan de forma distinta a su versión de los hechos.
Marius Borg se encuentra actualmente en prisión preventiva, tras una nueva detención por violencia contra una ex pareja, y se enfrenta a penas que podrían oscilar entre diez y dieciséis años de prisión en caso de ser declarado culpable de los delitos más graves. Mientras tanto, su madre, Mette-Marit, afronta una crisis de imagen pública sin precedentes, en un contexto mediático que ha estado vinculado en el pasado a escándalos internacionales y que ahora se ve empañado por el juicio de su hijo mayor. Entre lágrimas y declaraciones contundentes, Marius Borg ha dejado claro que la presión de ser «el hijo de mamá» ha marcado toda su vida, convirtiendo su testimonio en uno de los episodios más mediáticos y polémicos de la monarquía noruega en décadas.
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