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Triste pérdida

Muere la condesa de Latores, hija de Sabino Fernández Campo, histórico jefe de la Casa del Rey

Su padre fue jefe de la Casa del Rey entre 1990 y 1993 y una figura decisiva en la Zarzuela

El título de conde de Latores fue concedido en 1992 a Sabino Fernández Campo como reconocimiento a su trayectoria al servicio de la Corona

La aristocracia española pierde a una de sus figuras más discretas (tanto que no hemos localizado ninguna foto suya en agencias) pero estrechamente vinculadas a la historia reciente de la Casa del Rey. María Elena Fernández Fernández-Vega, II condesa de Latores y grande de España, ha fallecido en Madrid, según ha confirmado el entorno familiar. Hija del militar Sabino Fernández Campo, su vida estuvo inevitablemente ligada a uno de los nombres clave de la Transición española. Su padre fue jefe de la Casa del Rey entre 1990 y 1993 y una figura decisiva en la Zarzuela durante los años más delicados del proceso democrático, especialmente durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero en 1981, cuando su papel de apoyo al rey Juan Carlos I fue determinante para la estabilidad institucional.

El título de conde de Latores fue concedido en 1992 precisamente a Sabino Fernández Campo como reconocimiento a su trayectoria al servicio de la Corona. A su fallecimiento en 2009, el título pasó a su hija mayor, María Elena, que lo ostentó desde 2010.

Aunque pertenecía a una de las familias más conocidas del ámbito institucional, la condesa llevó siempre una vida especialmente reservada, alejada del foco mediático. Estaba además vinculada a la saga médica Fernández-Vega, una de las dinastías de referencia en la oftalmología española.

Sabino Fernández Campo con la Reina Sofía. (Foto: Europa Press)

Un legado silencioso

Más allá de los cargos y los títulos, la condesa de Latores representa ese legado silencioso de quienes han formado parte del entorno institucional de la monarquía sin buscar protagonismo. Su vida transcurrió en un segundo plano, pero con un apellido que sigue asociado a uno de los capítulos más importantes de la historia reciente de España.

Entre las historias que han trascendido del entorno de Sabino Fernández Campo, siempre se recuerda la frase que se le atribuye durante el 23-F («ni está ni se le espera»), pronunciada en un momento clave para desactivar la incertidumbre sobre el coronel Armada en Zarzuela. La condesa de Latores, heredera de ese apellido, deja ahora un vacío en una estirpe muy vinculada a la historia institucional española.