Alerta geológica

Los vulcanólogos no quitan ojo: el magma sigue acumulándose en Islandia y ya hay 27,5 millones de metros cúbicos bajo tierra

Islandia
Central eléctrica de Svartsengi. Foto: Hyppolyte de Saint-Rambert en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
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La incesante acumulación de magma en la región suroeste de Islandia mantiene en vilo a los especialistas en geofísica de todo el planeta. Y esta consternación es porque desafortunadamente, la situación empeora día a día por el constante aumento del volumen de roca fundida en el depósito subterráneo de la zona de Svartsengi.

En este marco, los últimos análisis revelan cifras históricas muy superiores a los registros de los meses anteriores. La posibilidad de una nueva erupción inminente obliga a mantener actualizados los planes de evacuación para garantizar la seguridad de los ciudadanos y proteger instalaciones estratégicas.

El magma sigue llenando los depósitos subterráneos en el sur de Islandia

Según se ha señalado en un artículo del portal de Radiodifusión Nacional de Islandia, la Oficina Meteorológica local (‘IMO’ por sus siglas en inglés) confirmó que la elevación del suelo, por la acumulación de magma, prosigue a un ritmo constante y preocupante.

Los cálculos más recientes indican que cerca de 27,5 millones de metros cúbicos de magma se han almacenado bajo tierra desde el pasado mes de julio. ¿Bastante, no? Pues sí, se trata de una cantidad sin precedentes. Y esto eleva el nivel de peligro en toda la región.

El área afectada abarca la fisura de Sundhnúkur y las proximidades de la localidad costera de Grindavík, emplazamiento de miles de habitantes sumidos en un estado de incertidumbre permanente.

Por otra parte, a pesar de este volumen descomunal, la actividad sísmica se mantiene en niveles bajos. Esta calma aparente no significa la desaparición del riesgo, sino la silenciosa suma de energía en el sistema interior antes de fracturar de nuevo la corteza terrestre.

Las autoridades mantienen inalterada la evaluación de riesgos, de total vigencia hasta el 30 de junio, salvo cambios drásticos. Los equipos de emergencia vigilan la zona de manera ininterrumpida mediante el uso de sensores de alta precisión y complejas redes de satélites.

¿Existe riesgo real de una nueva erupción inminente en Islandia?

Por el continuo incremento de la presión interna del sistema a causa de la entrada de roca fundida, el escenario más probable apunta a la propagación de un dique magmático. Este canal subterráneo partiría desde Svartsengi hacia la hilera de cráteres de Sundhnúkur.

Si esta propagación alcanza la superficie, provocará sin duda una nueva erupción fisural. Los expertos advierten de que el tiempo de aviso a la población será mínimo, con márgenes previstos de entre unos escasos veinte minutos y poco más de cuatro horas en el mejor de los casos.

El volumen actual acumulado supera con creces el registro documentado en las fechas previas a los episodios eruptivos anteriores. Esta diferencia sugiere que un posible escape de material alcanzará una magnitud superior a todo lo conocido hasta ahora en esta fase de actividad.

La falta de grandes terremotos recientes tiene una explicación geológica muy clara en la teoría tectónica: la corteza ya se encuentra muy fracturada por los eventos previos. El material incandescente encuentra poca resistencia para abrirse paso hacia las capas superiores, y así evita las fuertes sacudidas sísmicas.

Una fase geológica de larga duración para el magma en Islandia

Los científicos recuerdan que un ritmo lento de aporte profundo no indica el final de este ciclo geológico en Islandia. Como ejemplo práctico citan la secuencia de los Fuegos de Krafla, un proceso que entre los años 1975 y 1984 sumó largos periodos de calma seguidos de erupciones muy violentas.

En aquel episodio histórico, la velocidad de entrada del fluido subterráneo disminuyó de forma significativa durante casi tres años completos. Sin embargo, en el mes de agosto de 1984 tuvo lugar la mayor erupción de toda esa serie de eventos, para sorpresa de quienes daban la crisis por concluida.

Para poder afirmar el final de esta etapa de vulcanismo, los sensores deben descartar deformaciones en el terreno durante un mínimo de seis meses consecutivos. Hasta alcanzar esa estabilidad tan ansiada, el nivel de alerta oficial permanecerá anclado de forma constante en el color naranja del semáforo.

Para afinar al máximo sus cálculos predictivos, los equipos de geofísica monitorizan tres variables fundamentales de forma ininterrumpida sobre el terreno, detalladas abajo:

  • Las deformaciones topográficas captadas a través de la interferometría de radar y satélites.
  • La actividad microsísmica superficial que marca las fracturas previas en la corteza terrestre.
  • El ritmo continuado de aporte de fluidos a altas temperaturas hacia el depósito de Svartsengi.

Este seguimiento minucioso arroja desplazamientos verticales superiores a los dos centímetros por mes en las zonas de mayor tensión topográfica. Los vulcanólogos calculan subidas del volumen retenido por encima de los 30 millones de metros cúbicos antes del final del verano.

El impacto en Grindavík: ¿Qué peligros se corren y cómo se protegerán en el futuro?

La localidad costera de Grindavík persiste como uno de los núcleos urbanos más expuestos ante la compleja evolución de esta emergencia geológica.

Las administraciones locales han construido enormes barreras de tierra para desviar cualquier flujo de roca fundida lejos de las casas residenciales y las infraestructuras clave.

El sistema volcánico de la península demuestra de sobra su enorme capacidad para sostener este tipo de episodios eruptivos de forma intermitente durante décadas. Los datos topográficos señalan la tasa de llenado profundo más lenta, pero a su vez el mayor volumen de retención documentado entre dos erupciones.

Esta flagrante contradicción incrementa el margen de incertidumbre en relación a los acontecimientos a corto plazo en el área de Svartsengi.

A pesar de los múltiples avances informáticos, la ciencia matemática todavía fracasa en la fijación de una fecha exacta para el próximo gran colapso de las fallas superficiales.

Las mediciones apuntan a la conocida fisura de Sundhnúkur como la vía natural de liberación de presión con mayores probabilidades estadísticas. Los equipos de Protección Civil insisten en el cumplimiento estricto de las normas de evacuación, diseñadas para salvar el mayor número de vidas en tiempos récord.

Los registros históricos de la región establecen la asombrosa capacidad de las fisuras nórdicas para expulsar hasta 50 metros cúbicos de lava por segundo durante los picos de violencia máxima.

Si todo el volumen subterráneo actual encontrara una vía rápida de escape a la superficie, los modelos estiman un impacto geológico brutal. En este escenario catastrófico, la zona cero quedaría por completo sepultada bajo una costra de basalto de seis metros de grosor tras un periodo de tan solo siete días de actividad ininterrumpida.

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